So Chic!

13 noviembre, 2009

SoChic! Diario de la Ciudad Condal 16

Hace unos años, en el aeropuerto de Orly, me tropecé (literalmente) con una señora por mirar a otra. Me tropecé porque iba fijándome en sus zapatos y no me di cuenta de que la otra venía de frente hacia mi. Pedí perdón, me levanté y seguí a mi Dorothy de chapines ‘verdes’.

Eran unos Pumps color verde oscuro de corte Gucci, acompañados de un impecable Sybila verde y un abrigo rojo colgado del mismo brazo donde colgaba un bolso Kelly de Hermes, también verde. Era tan elegante que sentí vergüenza incluso al seguirla con la mirada. La mujer caminaba con toda soltura por el aeropuerto hacia la aduana, con su melena morena sobre los hombros, con tanto estilo que las cabezas giraban para mirarla, a su paso. Verde – me dije.

Llamé a mi madre y le describí a la mujer por si la conocía. María Mier de la Torre– dijo ella enseguida. Mexicana y heredera de la fortuna de su abuelo y dueña absoluta de las fábricas de tejidos y de azúcar de su familia. Rica desde la cuna y preparada, por decisión de su abuelo, en París y en USA. Separada de Pierre Dubois y madre de Carlota Dubois (modelo fetiche de Lacroix; My GOSH!). Con aquel curriculum no era de extrañar que tuviera aquella planta. Así que, aproveché la sala VIP del aeropuerto para hablar con ella.

Cuando me presenté y le dije quién era mi madre se levantó y me dio un abrazo.

- Hace años que no la veo, curioso pues compartimos amistades en NY y aquí en París. ¿dónde está ahora? – preguntó María.

- En un clínica en Suiza, con dos amigas, haciéndose tratamientos de belleza – dije yo levantando la ceja.

- Es tan elegante tu madre, Peter. Durante años, mi familia tuvo empresas en Texas y la veía mucho. Recuerdo que una noche, antes de irme a dormir, le dije a mi madre que quería parecerme a ella.

- Espero que no… – dije yo en un susurro y ella rió.

María y yo volamos juntos a Londres. Ella iba a ver a su hija en la LondonFashionWeek y yo a una reunión en la agencia, así que, para celebrar el encuentro, cuando nos bajamos del avión, nos fuimos a cenar en su restaurante favorito, el Nahm.

- Verde- le dije a Camila nada más entrar en su despacho.

- ¿Quién?

- ¿Cómo quién? ¿Qué?

- ¿De qué hablas, Peter?

- Del color Verde. El verde oscuro es el nuevo color.

- Peter el verde oscuro significa negación de la vida y de la alegría.

- ¿Ahora eres filosofa? – pregunté anonadado.

- Casi nadie usa el verde por eso mismo.

- Sybila sí.

- Sybila. Tú y tu obsesión por esa mujer.

- Lleva usándolo muchos años… - dije casi en estado de éxtasis recordando un vestido que llevo Marisa Paredes en una entrega de premios hace años.

- Nadie querrá, no lo comprarán Peter – dijo y se sentó.

Entonces saqué mi BlackBerry del bolsillo y le mostré las fotos que le había hecho a María, a escondidas.

- Llamaré a todo el mundo – dijo Camila poniéndose de pie.

Hace una semana Carlota, la hija de María estaba en la portada de la edición inglesa del Vogue.

- ¿Qué haces? – preguntó mi madre.

- Leyendo el Vogue. ¿Me llamas por eso?

- ¿A que se parece a su madre? – preguntó. – Tan racial, tan guapa.

- ¿Te has fijado que va de verde? Y de Lacroix, nada menos – dije yo emocionado.

- Tiene tanto de la familia Mier, es clavada a su abuela. ¿Sabes que cuando iba a Texas vestía como Frida Khalo?

- ¿Hablas en serio? –pregunté sorprendido.

- En Mexico sólo existía Chanel para ella pero en USA reivindicaba sus raíces como nadie. Su foto aún cuelga del salón principal del hotel Renaissance, en Austin, y curiosamente en la foto va de verde.

- ¡Viva Mexico! – grité.

- Se rumorea que María es lesbiana.

- Ninguna lesbiana es tan elegante; mira Linsey Lohan.

- La Garbo era lesbiana- dijo mi madre muy seria.

- Sí. Por eso en todas las fotos parece un travesti.

- Whatever!

- ¿Has pensado en la invitación de Camila para Navidad?

- ¿A ti te apetece?

- Nunca me apetece ir a casa de Camila, pero puede estar bien; Gwitney Paltrow a confirmado que irá.

- Siempre que no lleve al hippie de su marido… - dijo mi madre y yo me reí (es cierto que junto a su mujer Chris Martin parece un hippie).

- Entonces ¿le digo que sí?

- Si, pero después tú y yo nos vamos a Punta del Este a tomar el sol.

- ¿Punta del Este, mamá?

- Sí. Quiero que conozcas a tu próximo padre – dijo y colgó.

12 noviembre, 2009

SoChic! Diario de la Ciudad Condal 15

El marido de Camila le ha confesado que tiene una amante con la que desea continuar manteniendo una relación sin abandonar el matrimonio.

- Es una chica muy inteligente – dice mi madre. – Hará lo correcto.

- No sé… está bastante afectada; y eso que ella no pierde oportunidad de meter a otro en casa si su marido acepta.

- Este tipo de matrimonios están más unidos que los convencionales.

- ¿Tu crees? – pregunté.

- ¡Claro! Hacen la diferencia entre amor y sexo casi de forma natural, se aman sin recelo y gozan sin obstáculos. ¿No harías tú lo mismo?

- Me quedo con la formula original 1+1=2; aunque me empeñe en continuar soltero.

- No sé a quién has salido… -dijo mi madre pensativa.

- Desde luego, a ti no.

Se acerca la Navidad. Las revistas dejan de buscar material, los diseñadores se van de vacaciones en sus yates a lugares calurosos y la moda se aparca hasta febrero, así que no hay trabajo. Las agencias cesan su producción, pero sus oficinas continúan recibiendo trabajadores cada día. Y se aburren.

- Por eso estás así. Todo se pasará cuando empieces a asistir las fiestas de Navidad y vuelvas a estar ocupada, ya sabes: necesitas una agenda apretada.

- No sé qué decirte… - dijo Camila. – Creo que me molesta porque es la primera mujer entre nosotros; hasta ahora sólo ha habido hombres.

- A ti lo que te jode es que él se fije en otra, te da igual si se lo hace con ella o no.

- Me hago vieja, Peter – dijo ella de forma dramática.

- Like everybody else, sweety!

- Eso no me ayuda.

- ¿Cuanto hace que no vas de compras? –pregunté.

- Años. Ya sabes que me quedo la ropa que pasa por la agencia, que para algo soy la dueña- contestó con decisión.

- Pues hazlo hoy.

- ¿¡Qué!?

- ¡Sí! Que te subas en unos de tus bonitos Gucci y te vayas a Old Bond Street y derroches opulencia comprándote de todo. Irse de compras anima mucho – dije y ella permaneció callada. Seguro que se giró sobre sus tacones y miró a través de la ventana la cúpula del Royal Academy of Art. – Después llamas a tu marido y os vais a cenar a Petrus – propuse, pero ella no contestó.

Recuerdo los años de aprendiz en NY, donde además de enamorarme de la moda conocí mis necesidades. Tener una madre como la mía ayudó a abrir fronteras aunque, y al contrario que la mayoría con los que compartí de todo, siempre me decanté por el uno a uno; sin que necesariamente fuera siempre el mismo.

- El amor libre – dijo mi madre con voz de documental. – Recuerdo los setenta en Chicago. Allí no había hippies, así que Richard no comprendía muy bien de lo que hablaba. Por eso me lo llevé a NY, para que lo descubriera.

- ¿Fue entonces cuando te dejó? – pregunté.

- No. Fue cuando conocí a Pietro D’angelo y regresé a Europa.

- Y ¿cuál es la moraleja?

- Bueno, yo me convertí en Baronesa y Richard fundó ‘Penthouse’ – contestó ella feliz.

- ¿Tanto se liberó?

- La mañana que le comuniqué que me iba a Europa lo dejé en el salón del apartamento que habíamos alquilado entre dos artistas de circo rusas y un mulato de metro noventa que habíamos conocido la noche anterior en Studio 54 – dijo.

Mi madre siempre ha ido con la verdad por delante. Todos sus ex maridos lloraron su partida pero ninguno pudo reprocharle nada pues jamás les mintió. Se entregaba a ellos como si fuera la primera vez hasta que encontraba al siguiente y se repetía la secuencia. Pasó de un hombre a otro durante veinte años sin periodos de descanso para estar sola y jamás hubo rencillas, todos respetaron su decisión a pesar de lo desamparados que se quedaban.

- El otro día encontré tu foto con Warhol.

- Ah, ¿la tenías tú? – preguntó emocionada.

- Debiste dejarla en alguna de mis casas. La tengo guardada, no te preocupes.

- Fue una maravillosa época de descubrimientos. Lástima que los mejores sucumbieron al exceso; el sida acabó con la mayoría…

- Nunca me has hablado de eso – repliqué.

- Hay cosas de las que es mejor no hablar.

Termino el día leyendo en la cama, bajo el comfort de mi edredón, preguntándome si realmente el deseo de compartir tu vida con alguien elimina todos tus miedos.

Puede que en algunos momentos me sienta solo, que mi forma de vida resulte desarraigada o que parezca que no le doy importancia a las personas, pero lo cierto es que, salvo algunas excepciones, de los dos miembros de todas las parejas que conozco tan sólo uno de ellos es del todo feliz.

11 noviembre, 2009

SoChic! Diario de la Ciudad Condal 14

Mi amiga Barbra me pide ayuda vía email. Se trata de hacer el stylish de una sesión de fotos que le han ofrecido para Vogue Italia, y está desbordada. La llamo a la mañana siguiente.

- Ay, Peter, qué bien que hayas llamado, estoy desesperada – dijo ella tras escuchar mi voz.

- Bueno, cuéntame en qué puedo ayudarte.

- Ya me estás ayudando – dijo y comenzó a llorar.

Barbra llevaba unos meses recuperándose de un cáncer en Maldivas, en casa de su hermano Philip. Le extirparon un tumor del pecho y otro de la nariz. Estando allí la llamaron de NY para un trabajo. Fue lo que necesitaba para retomar su carrera y continuar trabajando. Fue entonces cuando se armó de valor y le mostró a Todd Rimstein, dueño de la mejor galería de fotografía de NY, sus trabajo durante los meses que estuvo en el hospital, y que de inmediato quiso presentar las fotografías en su galería.

- Así que ¿ahora te da miedo hacer lo que siempre has hecho? – pregunté.

- Llámame frívola pero no me veo capaz de hacerle fotos a modelos anoréxicas con vestidos de Balmain, al menos no en este momento.

- Y ¿qué quieres que haga yo?

- Quiero que me ayudes. Eres el único capaz de hacer algo interesante sin ser frívolo. Quiero hacer algo como lo que hicimos aquí en NY en los noventa.

- Pero yo hace años que no hago un stylish, Barbra, estoy muy desconectado.

- Busca a quién tú quieras, Peter. Lo haremos como tú quieras. Pagarán lo que sea así que elige peluquero, maquillador, localizaciones; tienes carta blanca para hacer lo que te de la gana…

- Wait! Wait! Wait! – dije desconcertado.

- Peter, estoy realmente desesperada.

- Ya veo… - dije y me quedé unos segundos en silencio.

- ¿Qué dices? – preguntó Katrina.

- Dame unos días para ver qué se me ocurre. ¿Cuánto tiempo tenemos?

- Tres semanas – dijo esperando mi respuesta. – Sé que es un poco justo pero…

- Tranquila, estoy acostumbrado a los plazos cortos, trabajo con Camila ¿recuerdas? – dije y ella rió. – Haré unas cuantas llamadas y te digo algo mañana por la noche.

- Gracias, Peter. Sabía que podía contar contigo.

- Envíame el material que tengas por email.

- Ya lo he hecho- dijo ella feliz, desde el otro lado.

De repente la adrenalina volvía a correr por mis venas. Me preparé un té y me senté en el sofá, con una manta, mi portátil y el teléfono, dispuesto a trabajar.

Tras ver el material que me envió Barbra pensé en quién podría servirnos para las fotos.

- Are you Crazy? – gritó Katerina. – Peter, tengo cuarenta años.

- Sí – dije yo. – Y la talla 38. Además ya le he dicho a Barbra que estas interesada y se ha emocionado mucho.

- Pero ¿cómo has podido hacer eso? – preguntó indignada.

- Ya me conoces – dije y ella guardó silencio. – Come on, Sweetheart! Es una amiga que pide ayuda. ¿Cuándo hemos dejado nosotros de ayudarnos?

- Está bien – dijo cansada. – Pero tendremos que hacerlo en París, no puedo moverme de aquí en un par de semanas.

- Perfecto. Busca dos días en tu agenda y dímelo. Llamaré a Barbra ahora mismo – dije emocionado. – Y una cosa más.

- ¿Qué?

- Gracias.

Paolo Patrignami es el mejor maquillador de Europa, le pese a quién le pese (además de ser un Adonis). La última vez que lo vi fue sobre la cama en su casa de Venecia, después de pasar la noche juntos (hace nueve años).

- Pensé que te habías muerto – dijo .

- Yo también lo pensé la semana pasada, pero luego se me pasó el efecto del Popper.

- ¡Bastardo! – dijo entre risas con su acento Napolitano.

- ¿Estarás libre la semana que viene?

- ¿Quieres reconciliarte? – preguntó Paolo.

- Quiero ofrecerte trabajo – contesté.

- Dispara.

Miguel pastrana es el único marica- hetero que conozco. Tiene tanta pluma que cuando está con su mujer no sabes cual de los dos es ella (o él).

- Yo no podré, lo siento – dijo y sentí que todo se iba a la mierda – mi mujer sale de cuentas esta semana y no quisiera perderme el parto.

- ¿Cuantos lleváis ya, Miguel? ¿Cinco?

- Este será el sexto; y la primera niña – dijo tan feliz que por un momento hasta yo desee ser padre.

- Así que ni de coña ¿no? – insistí.

- No. Pero puedo enviarte a Mauro, mi mano derecha.

- Es algo muy grande, ¿puedo confiar en ti?

- ¿Crees que me atrevería a dejar mi reputación en mal lugar? – preguntó y no tuve más remedio que tragarme mis dudas.

Después de organizar el equipo llamé a Jason para comunicarle que necesitaría mi casa para meterlos a todos, pero Jason estaba en Jamaica así que no habría ningún problema. Me puse en contacto con Adriana, directora ejecutiva de Vogue Italia para que enviara el material a mi dirección en París. Adriana se quedó encantada con que fuera Katerina la modelo para las fotos.

- Hace años que no tenemos a una modelo negra en la portada – dijo ella emocionada.

- ¿Portada? – pregunté yo.

- Sí. Le encargamos a Barbra la portada de Diciembre y el reportaje interior por que ahora se cumplen veinte años de su primer trabajo con nosotros; será ‘como un gran regalo de Navidad’.

- Ahora comprendo muchas cosas – dije yo pensativo.

- ¿Qué tal el regreso? – preguntó Camila.

- Ya sabes lo bien que me lo suelo pasar en los trenes…

- ¿Y Paolo?

- Bueno… ojalá todos mis ex amantes despechados tuvieron sus pectorales.

- Debo decir que están todos como locos con las fotos, Katerina sigue estando espectacular – dijo ella muerta de envidia.

- Yo creo que esta mejor, incluso. Además es toda una profesional, estuvimos dos días sin parar, veinte cambios y veinte localizaciones.

- ¿Qué haréis con tantas fotos? Vogue sólo publicará seis.

- La condición de Katerina fue que se subastaran las fotos para recaudar fondos para un nuevo hospital en Etiopía. Todd Rimstein se ha comprometido a tenerlas expuestas en su galería durante tres meses y Vogue donará un dos por ciento de las ventas de ese número para la fundación de Katerina.

- Vaya. Pareces Mandela – dijo Camila y sentí que en el fondo estaba emocionada.

- Digamos que será un ‘gran regalo de Navidad’- dije repitiendo las palabras de Adriana.

- Por cierto: ¿qué harás este año? Doy una fiesta en mi casa.

- Pues no lo sé, todavía. Ya sabes que siempre la paso con mi madre…

- Anímate y que venga ella también – dijo Camila sonando apagada.

- No es mala idea – dije sabiendo que la invitación era de corazón. - ¿Estás bien? – pregunté.

- Digamos que he tenido semanas mejores – contestó triste. – Enhorabuena por el trabajo, Peter – y colgó.

Al regreso de París, Barcelona me recibe con unos cuantos grados más en el termómetro y siento que al fin esta ciudad se alía conmigo. Los inviernos de NY, París o Londres obligan a no olvidarte de lo insignificante que eres sin un buen abrigo de lana y una bufanda de Burberry. Así que tras dejar la maleta en casa me fui andando hasta el Moll de la Fuste y me senté frente al mar, a leer bajo el sol, previo paso por un Starbucks.

05 noviembre, 2009

SoChic! Diario de la Ciudad Condal 13

Nada como unos fornidos brazos sobre ti para tener un buen despertar (es casi mejor que el sonido de la puerta cuando el ligue decide marcharse tras una hora insinuándoselo). Marty, oficial de la marina americana de vacaciones en Europa. Nos sentaron en mesas contiguas en el mismo restaurante y terminamos en la misma: la mía. Nos fuimos de copas y después a casa (creo que ya va siendo hora de que me pongan una placa en la fachada).

- Mamá, no conoces a su padre.

- Claro que sí, su padre es el tercer Marty – dijo ella orgullosa de saber ese dato. – Tu Marty es el cuarto Marty Stwart, lo sé porque me acosté con su padre, con su abuelo y con su bisabuelo; por ese orden.

- To much Information!

- Ay, me alegro de que os conocierais. Seguro que lo pasaste bien, hay ciertos encantos que se heredan… – dijo y colgué, aterrorizado.

¿Me esto pareciendo a mi madre o sólo me lo parece?

- Aparte de que sepa o no el historial de tu madre, creo que sí, que os parecéis mucho – apuntó Camila con retintín.

- Pues no te creas que me hace mucha gracia…

- ¿Por qué no? C’mon Tu madre es adorable, Peter, además de ser una de las mujeres más elegantes que conozco.

- Hoy en día la elegancia ya no es un grado.

- No, pero sí serlo durante tantos años.

- Anyway. No me hace nada feliz saber que continúo siendo parte de la vida recreativa de la coarte de los Stwart dije y Camila estalló en carcajadas.

- Eso no lo había pensado – comentó entre risas.

Continuar siendo el soltero (‘Del Culo’) de oro conlleva este tipo de desavenencias genéticas con la más promiscua de las madres del mundo (sin contar a Elizabeth Taylor, claro). Lo cierto es que los Stwart saben como pasarlo bien, y sobre todo con quién. Después de unos días de reflexión decidí llamar a Marty para volver a vernos antes de que regresara a Dallas. Preparé una cena en casa y abrí varias de las botellas de un Amarone que me regalaron los D&G la navidad pasada.

Le dije quién era mi madre y enseguida calló en la cuenta de lo que había ocurrido. Me miró desconcertado durante unos segundos para luego proponerme celebrar el encuentro en la habitación.

- Tiene la misma clase que sus predecesores. ¿Volveréis a veros? – preguntó mi madre.

- No, a no ser que me vaya a Afganistán unos meses con él.

- Es un buen partido, y mirándolo bien las referencias son inmejorables

- Mamá, no creo que me gustase sentarme a la mesa con ellos sabiendo que compartimos el historial sexual de la familia.

- Tú y esa absurda obsesión tuya por la soltería, Peter. ¿Qué mas da que lo sepan? ¿Cuántas personas en el mundo viven por contar sus intimidades en las revistas?

- Mamá, que no somos los Beckan.

- Afortunadamente – gritó ella.

De momento continuaré ofreciendo bienestar en casa a aquellos hombres que así lo deseen, con o sin abolengo generacional, intentando que algún día se reconozca mi labor como embajador de la buena voluntad.

30 octubre, 2009

SoChic! Diario de la Ciudad Condal 12

Ayer me fui de prospección a las tiendas. Es una manía que tengo la de comprobar la ropa de temporada y ver que sienta bien. Salí de casa temprano con la intención de tomar un gran desayuno en el Dolso. Mi vecina me paró junto a los buzones para explicarme la necesidad de participar en las reuniones de vecinos y enterarme de lo que ocurre en la escalera. Yo la miré sin expresión y le dije que lo único que me interesa de la escalera es el maromo del segundo piso, que me avisen el día que deje a su mujer. Me despedí y me fui.

Desayuné una magdalena de almendras, una tortilla de espinacas y café, revisé los mails y leí las portadas de los periódicos; lo justo para no olvidarme de que el mundo sigue existiendo. Mientras pagaba me tracé una recorrido mental por las tiendas que visitaría. Apunté en mi moleskine lo que debía encontrar y me eché a andar. Un día precioso, veinte grados, cielo despejado, no mucha gente por la calle. Parecía que los astros se aliaban conmigo una vez más.

Mis destinos eran Blanco, TopShop, Zara, Bershka, Massimo Dutti, H&M y Mango. Y mi propósito encontrar LBD (LittleBLackDress) y medias con dibujos diminutos; mis dos aportaciones. Pero los astros me trajeron algo más.

Estaba en Mango ojeando la ropa de hombre, después de revisar lo que iba buscando, cuando descubrí que alguien me miraba; tengo un sexto sentido para eso (soy tan marica). La mirada provenía de un morenazo que llevaba una cazadora negra, de corte motero. Sonrió cuando levanté la cabeza, pero yo estaba demasiado en lo mío como para hacerle caso y no le presté atención. Compré un fular de algodón negro y fui. En Bershka el morenazo volvía a sonreírme y de nuevo en TopShop. Aprovechado la coyuntura decidí mirar los tejanos en TopMan (estos ingleses siempre consiguen hacer cosas muy interesantes a precio de Libra, claro). Cogí un par de modelos y me fui al probador. Cuando terminé y abrí la cortina frente a mi estaba el muchacho, en el probador de enfrente, mirando si el pantalón que llevaba puesto le marcaba el culo (lo sé por que no pude mirar a otro sitio). Volvió a sonreír al verme y esta vez correspondí.

La persecución continuó después en Zara. Otro probador. Más ropa. Él dejó la puerta entre abierta y comenzó a mostrar encantos. Se quedó en calzoncillos y con un gesto de cabeza me consultó si se los quitaba o no. Me reí por el descaro y salí de allí.

Ya llevaba un pañuelo, dos tejanos, una camiseta y la calentura iba en aumento. En la entrada del H&M de edificio de Gas Natural se acercó y me dijo si quería continuar. Yo le dije que quería sus calzoncillos y él soltó una carcajada. Se fue directo a la planta de abajo pero yo continué con mi trabajo. Encontré lo que buscaba en varias versiones y me sentí feliz. Me di una vuelta por la planta de hombre pero ni rastro del moreno, así que, algo desilusionado, me marché. Massimo Dutti, me aburre, pero siempre acierta en su forma de hacer las cosas. Me compré un jersey azul de cashmere y me fui a Blanco. Más de lo mismo (pero ¿quién puede comprar ahí?). Dejé la tienda mareado por el olor de los bolsos de plástico que se me había metido en la nariz y el moreno me sorprendió en la puerta, con sus calzoncillos en la mano.

- ¿Seguro que saliste a trabajar? – preguntó Camila con su magnánima responsabilidad.

- Claro, pero siempre hay que dejarse sorprender, Camila.

- A mi ya no me sorprende ni Galiano, Peter.

- Por que eres una aburrida.

- Porque el trabajo es lo primero – dijo ella nerviosa. – La diferencia entre nosotros, Peter, es que yo esto me lo tomo en serio.

- ¡Uy! Te dejo que no tienes muy buen día, Honey!

Después de unas horas en su hotel (y no me refiero a la habitación, no; el hotel es suyo) volví a casa lleno de felicidad y terminé el día leyendo hasta que me dormí. Por la mañana tenía un mensaje suyo invitándome a ir de compras. Acepté, aunque prefería otra sesión de suite en su hotel.

27 octubre, 2009

SoChic! Diario de la Ciudad Condal 11

Después de una semana intensa terminando informes para la agencia y viendo las tres temporadas de PushingDaysies, decidí salir el domingo por la noche. Ya sé que no es la ciudad idónea para ello pero hacía calor (mucho) y estaba cachondo (mucho).

Primero me senté en la terraza del Plata, nada interesante pero es una pasarela con las novedades en la ciudad. Me animé a conversar con los Belgas (48 y 52 años) de la mesa de al lado, que se dedicaban a viajar por no tener otra cosa que hacer. El mayor, Jordi, de madre catalana y padre Frances es el dueño de una fábrica de chocolate y Steven, el otro, es su marido. Vienen a Barcelona varias veces al año por que les resulta cómoda y tranquila. Después de varios Vodka Tonic, me los llevé a cenar al Wushu (la mejor comida asiática en Barcelona, con diferencia) en el Born y de allí volvimos al barrio.

Fue entonces cuando comenzamos una conversación sobre las regresiones; por lo visto una de sus prácticas favoritas. Steven dijo que había tenido ochenta y tres vidas anteriores y que cada vez que llegaba a una distinta, mediante la regresión, solucionaba algún trauma de su vida presente.

- Lo más difícil es hacer la primera, pues tienes que meterte de nuevo en el vientre materno – dijo Jordi.

- ¡Uy! Prefiero quedarme con las ganas antes de volver al interior de mi madre – dije muy serio y ellos se rieron. – No es una broma – reivindiqué y ellos volvieron a reír.

- ¿No te gustaría saber quién fuiste antes de este vida? – preguntó Steven y no supe que contestar.

Lo cierto que es no sé qué pensar. Si realmente es cierto que se puede llegar a ese estado ¿realmente queremos saber quienes fuimos?

- A mi me ayudó mucho – dijo mi madre. – Descubrí que había sido, qué sorpresa, fíjate: prostituta en Egipto y cortesana quemada en la hoguera por la inquisición Española.

- Y ¿de qué te sorprendes?

- ¡Peter, que soy tu madre! – dijo gritando mientras yo no podía parar de reír. – A mi me sirvió para comprender por qué las cosas me han ido así en esta vida. Deberías probarlo.

- ¿Con tus antecedentes? No gracias.

- Oh, Baby! Estás muy solo…

- Por decisión propia – reivindiqué.

- Eso es lo de menos, Peter. A mi me preocupa que no tengas un buen hombre que te cuide y te haga compañía.

- Fin de la conversación, Mamá.

- ¿No te gustaría saber qué ocurre? – dijo y me quedé en silencio.

En mi profesión las parejas duran lo que dura una colección en las tiendas y además tampoco he tenido un gran referente en mi madre, que se ha tirado a la mitad de los hombres ricos de las últimas dos décadas. Jordi y Steven son un caso excepcional al igual que otras miles de parejas que se respetan y se quieren para toda la vida. Pero no es una obligación. Ya no hay diferencia entre estar soltero y casado. Las parejas abiertas, los matrimonios de tres… La infidelidad pronto desaparecerá, puesto que el intercambio de sexo se ha convertido en otra forma más de hacer amigos.

Mi opción de estar solo está basada en la decisión de disfrutar de ciertos privilegios que no tendría en una relación. No creo que nadie pueda vivir conmigo más de una semana sin que surja la necesidad de matarme. Mi madre es especialista en la materia así que, y a pesar de su deseo, yo no puedo ser más que una extensión de lo que ella hace.

- Al menos sé que eres feliz – dijo ella.

- Feliz, no – dije Yo. – Lo siguiente.

22 octubre, 2009

SoChic! Diario de la Ciudad Condal 10

- Pero ¡COMO QUE ME CALME! – gritó Camila desde el otro lado de la línea y tuve que apartarme el teléfono de la oreja.

- ¿Por qué te pones así? Tampoco es para tanto…

- Peter, ¿cómo que no es para tanto? Tengo tu culo en la pantalla de mi ordenador – dijo ella muy nerviosa.

Jason se tuvo que marchar de forma repentina tras una llamada de su madre (supongo que después de que la llamase la mía). Así que tras aquella maravillosa noche en el sofá volví a estar solo.

Aprovechando unos rayos de sol, salí a la terraza a colgar algo de ropa a secar y mi vecino, con la ayuda de un espejo, me hizo señales desde su balcón. Cuando se me aclaró la vista, después de los fogonazos del ‘espejito’, me fijé bien y descubrí que la realidad había superado la fantasía y que aquel chulazo de la ventana era el que me grababa en vídeo.

La primero que pensé tras ver el primer vídeo que había grabado este muchacho, aparte de alegrarme por el recuerdo visual de un polvo memorable, fue quién sería el solitario-viejo-aburrido que había hecho aquello. Cuando recibí la carta donde me felicitaba por los belgas y me proponía hacer uno juntos me sentí feliz por la oferta pero en ningún momento pensé en que tal cosa ocurriría. Pero viéndolo en la ventana con aquel físico, supe que no me importaría hacer un vídeo o diez, con él. Así que mediante señas le dije que se viniera a casa.

El muchacho vino a casa, con su cámara, claro. Nos sentamos en el sofá donde tanto le gustaba grabarme, y viendo que me lo tomaba todo tan bien, sin previo aviso dejó su cámara conectada sobre la mesa y se quitó la camiseta. Me contuve. Soy un profesional al respecto y sé que siempre que te precipitas en saciar el deseo de otro este acaba feliz y tú ni te corres. Por eso mantuve la calma y le dejé hacer; y vaya si hizo.

- Peter te han reconocido. Lo ha visto tanta gente que ya es imposible ocultarlo – dijo Camila y yo fui feliz pues por fin Todd, el último hetero de la agencia, por fin me veía desnudo después de tantos años insinuándole mis ganas.

- Y ¿qué quieres que haga yo?

- Que lo quites, Peter. Que lo quites.

- Pues no puedo porque no lo subí yo.

El trato con mi vecino fue que lo dejaría sólo un día y aunque a mi me pareció poco tiempo, comprendí que también salía él en el vídeo y no quería tener su cara mucho tiempo en la red (claro, pero luego cuelga la de otros sin ninguna impunidad).

Tras la conversación con Camila. Encendí mi ordenador y revisé los emails (la mayoría felicitaciones por lo acontecido) y por supuesto, el Facebook. Y allí estaba, tal y como lo predije, la invitación de amistad de Cameron McConnick: el hombre que más veces en mi vida me ha dicho que no.

(Lo conseguí)

21 octubre, 2009

SoChic! Diario de la Ciudad Condal 9

Mi ex amante de la juventud Jason me llamó para venirse unos días a casa conmigo. No nos habíamos visto desde el incidente en mi casa el año pasado que dejó una cicatriz permanente en mi frente. Me pareció buena idea tener a un amante conocido en casa, después de que mi vecino me propusiera grabar un vídeo en la intimidad; tantas emociones bien valían un merecido premio.

- Pero ¿tú no decías que lo suyo contigo era una perversión?

- Lo suyo es una perversión con todo el mundo, mamá, no sólo conmigo.

- Qué raro que Collete no me haya llamado – dijo pensativa.

- ¿Quizás por que Jason no le ha dicho nada a su madre porque no tiene interés en que esta se entere?

Mi madre no actúa con maldad. En estos niveles de la alta sociedad el chisme alimenta más que un BlodyMary. Les encanta saberlo todo de todos porque tampoco tienen otra cosa que hacer.

- Anyway. Ten cuidado con él. Hace años que su madre cree que sufre algún tipo de alteración mental.

- Con una madre como Collete lo raro sería que no la tuviera.

- ¡Peter! – gritó mi madre indignada.

- ¿Qué? – grité yo entre risas. –

- Encima no te rías.

- Me río por que no comprendo que con una madre como tú yo aún no sufra ningún trastorno.

Jason llegó el viernes a medio día. Dejó su maleta y me obligó a ir al mercado. Regresamos cargados de bolsas y cocinó un Strudel de Espinaca (buenísimo) mientras yo descorchaba botellas de vino y le contaba las últimas tendencias de la temporada. Después de comer nos quedamos dormidos sobre el sofá; desnudos, eso sí, para no perder las buenas costumbres.

Me desperté casi a las nueve de la noche. Estaba solo en el sofá y escuché el agua correr en la ducha. En mi cabeza volvió la imagen borrosa de su cuerpo desnudo frente a mis fotos y me levanté para cerciorarme. Afortunadamente no hacía lo mismo, pero me invitó a compartir el espacio y no me pude resistir; si le conocierais tampoco os resistiríais. La idea original era la de salir de fiesta y emborracharnos, sin embargo tras la ducha regresamos al sofá, nos acurrucamos el uno junto al otro y vimos un par de películas, hasta que, de nuevo, nos quedamos dormidos.

- Me parece increíble Peter- dijo Camila con escepticismo.

- ¿Qué querías que hiciera?

- Pues no enrollarte con él y pasar un fin de semana con un amigo.

- Existe algo entre nosotros que a mi me produce mucha calma. No lo pienso y me dejo llevar.

- Dejarse llevar no te lleva a ninguna parte auque la gente piense lo contrario.

- ¿Por eso tú no dejas de enrollarte con tu ex incluso después de once años de casada?

- No es lo mismo, Peter – dijo ella en tono reconciliador.

- ¿Por qué no es lo mismo? ¿Por que tu marido de vez en cuando se os une? – dije y ella colgó.

La gente tiene la capacidad de hablar de tu vida como si la de ellos fuera un ejemplo de virtud. Y no es que la mía sea ejemplo de algo, lo que ocurre es que jamás he querido ‘dar ejemplo’, esa es la diferencia. La mayoría de personas se creen con derecho a decirte lo que está bien o mal o incluso a enfadarse contigo si actúas de un modo distinto del que ellos esperan. A la gente le da igual lo que hagas aunque comentan cualquier aspecto de tu vida de forma concluyente.

A mi nunca me ha interesado la vida de los demás y por ello me han tachado de ególatra, individualista e incluso de narcisista; curiosamente todas sinónimo de la anterior. Aristóteles dijo “El ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona”. No me creo Aristóteles ni mucho menos, pero a él tampoco le interesaba la vida de los demás (como a la mayoría de la gente sensata).

16 octubre, 2009

SoChic! Diario de la Ciudad Condal 8

He descubierto un nuevo punto sensible en mi cuerpo y estoy MEGA emocionado. En realidad me lo han descubierto dos belgas altísimos, guapísimos, con los miembros más bonitos que haya visto hasta el momento (y soy de los que podría escribir la enciclopedia del pene).

Nos conocimos en La Chapelle después de una noche triunfal en Punto rodeado de pelos, barrigas, cerveza y gente con ganas de reírse mucho. Son amigos sin compromiso de liarse con el mismo si les gusta a ambos; y esa noche me tocó a mi. Procuré que no se emborracharan mucho más de lo que ya estaban y me los llevé a casa. Ya hace frío para usar la terraza, para desgracia de mi vecino, pero en el salón tengo un sofá de tres metros que suple perfectamente la necesidad (y además dejé las cortinas descorridas por si mi vecino se levantaba en medio de la noche con ganas de utilizar su cámara).

Son graffiteros y tienen 27 y 30 años. Han venido a la ciudad invitados por el ayuntamiento para pintar una pared en el barrio del Carmel (no sabía que el ayuntamiento de Barcelona promoviera el graffiti; fascinado me hayo).

Se lo conté a Camila.

- ¿Te has tirado a los “B2Self”? – dijo gritando y entonces me di cuenta de la importancia del asunto. – Peter, la gente está loca con estos tíos, han revolucionado el graffiti. No sabía que Barcelona fuera tan Undreground.

- Te sorprenderías – dije yo, harto del underground de esta ciudad y de cualquier parte del mundo.

- Tienes que sacarle una foto al mural y enviármela para publicarla.

- No way! – dije estirándome en el sofá.

- Yes way!- dijo ella con ese acento del sur de Londres de su marido (que me revienta).

- Sweety Yo le saco fotos a la gente no a las paredes.

- You have no idea… La gente debe saber qué te codeas con esta gente, Peter. Son la élite.

- Si Ives Sant Laurent levantara la cabeza… - suspiré hastiado antes de colgar.

La élite es mi madre y toda la gente con la que se codea.

No tengo ningún tipo de escrúpulos en liarme con la élite, lo que ocurre es que me da rabia que ahora que son conocidos tengan que dejar de ser quienes son para mercantilizar con su arte (eso sólo le salió bien a Calvin Klein).

Últimamente Camila me abre el apetito. Me vestí y me fui al Dolço a desayunar. La camarera me sirvió el café tal y como a mi me gusta y una de esas espectaculares magdalenas de chocolate, que consiguen hacerte creer que el sexo es tan sólo una ilusión. Al volver a casa descubría que alguien había dejado un sobre en mi buzón. Lo abrí en la escalera. Tenía un cd y una nota que decía: “Hermosos ejemplares los rubios. Si te gusta como ha quedado el vídeo podríamos hacer uno nosotros”.

14 octubre, 2009

SoChic! Diario de la Ciudad Condal 7

Ayer almorcé con Ania Díaz. Hacía tiempo que no nos veíamos; siempre por mi culpa. Así que me envió uno de esos email que no puedes eludir y quedamos a mediodía. Como siempre, entre risas me contó sus últimas aventuras amorosas, y una escapada a Londres, donde compró todas las lentejuelas que pudo.

- Hasta las niñas de once años llevan lentejuelas y brillos – dijo – es maravilloso - decía mientras yo pensaba que jamás volvería el brillo a nuestras vidas como en los últimos noventa. Recuerdo aquella obsesión de los diseñadores por el plateado brillante con nostalgia, pero sin deseos de que volviese.

Decidimos vernos más a menudo, cuando nos despedíamos en la puerta de su trabajo, y lo cierto es que ella es de las pocas compañías que agradezco en esta ciudad. Andaba perdido por Poble Nou en busca del metro, cuando escuché mi nombre con voz temblorosa. Me di la vuelta, sin dar crédito a lo que veía.

- ¿Estás seguro que ya no te gusta? – preguntó Camila con sarcasmo.

- Todos mis amantes me gustan, pero con él me porté como un cabrón.

- Siempre te portas como un cabrón, Peter.

- Bueno, pero con él me dolió de verdad.

- Y ¿cómo está? – preguntó curiosa.

- ¡Felizmente casado!

Jonathan era un chico de clase media que estudiaba en NY con una beca. Robaba el Vogue de la consulta de un medico en el edificio en el que vivía, se colaba en los estrenos que podía con un pase de prensa falso para ver de cerca los vestidos de las actrices y su hobby favorito era cambiarle el estilismo a los maniquís de las tiendas que visitaba. Un día lo pillaron en Macy’s. En la oficina le dijeron que llevaban meses espiándole y le preguntaron por qué lo hacía. Jonathan simplemente dijo: “les falta estilo”. Resultó que el dueño del almacén estaba interesado en lo que hacía y lo contrató como Visual. De allí paso directo a Calvin Klein y dos años más tarde trabajaba para D&G, Vulgari y Versace.

Nosotros nos conocimos un año antes de que me ofrecieran trabajar en Europa y desde que dejé NY nos vimos tan sólo una vez en París, donde trabajaba para Prada. Nos liamos, claro está. Pasó unos días en mi casa después de los desfiles y nunca más volvimos a vernos, hasta ayer.

- Están haciendo las fotos de la próxima campaña de Stella McCartney.

- Oh, baby! ¿y estás triste? - preguntó mi madre.

- Reconozco que desearía estar casado con Gerome Moreau, pero no me produce tristeza.

- Os habéis acostado ¿verdad?

- ¡Mamá! – grité.

- ¿Qué tiene de malo? Yo me he liado con todos mis ex maridos después de divorciarnos.

- Pero, a diferencia de tus ex maridos, Jonathan está enamorado de su marido.

- Bullshit! – dijo mi madre indignada.

Jonathan y Gerome se conocieron en París trabajando juntos para una campaña de Ives Sant Laurent y se casaron al año siguiente en Amsterdam, y ya han pasado siete años. Ahora recuerdo que alguien, en su momento, me lo comentó pero como voy siempre a lo mío seguro que ni me paré a escuchar.

Hace tiempo que sé que lo que hacemos es lo que nos condiciona, y no cómo lo hacemos. No importa cuanto deseas algo en la vida, ni cuanto te esfuerzas para obtenerlo. La diferencia sólo está en si terminas consiguiéndolo o no.

13 octubre, 2009

SoChic! Diario de la Ciudad Condal 6

Casto. Esa es la palabra con la que me describe mi jefa y yo la mando a la mierda.

He pasado el puente entre trabajos pendientes y los números de octubre de Vanity Fair, Vogue, Esquired, GQ y Cosmopolitan (este último sólo para reírme; no sé como se atreven a seguir publicando cada mes). Descubro que varios de mis apuntes aparecen en las colecciones de varios diseñadores esta temporada y, como el primer día, siento que algo va bien. Como ya no hago pasarelas estoy en el ‘esta temporada se lleva’ sin saber qué se llevará en la siguiente.

- Quizás por que no tienes claro que tu trabajo, precisamente, es dar las pautas de lo que se llevará en las próximas temporadas- dice Camila.

- Y el no saberlo me da libertad.

- D&G han sacado las chaquetas con los colores que tú vaticinaste, ¿lo has visto?

- Si, por encima. Me he fijado más en que modelos cada vez llevan menos ropa, y es de agradecer.

- No cambiarás, Peter- dijo ella con altivez.

- Tú tampoco- dije yo riendo.

- Por cierto ¿qué tal con tu camarero?

Lo cierto era que muy bien. Cena en mi terraza con velas y jazz clásico de los cincuenta, un par de botellas de vino y otro vídeo mío (esta vez en compañía) que mi vecino cuelga en Internet. Me sentí que volvía a ser el mismo y, esto a Camila, que cada tres meses renueva vestuario, le ofendió en demasía.

- ¿Qué hay de malo en querer mantenerse fiel a uno mismo?

- ¿No crees que ya va siendo hora de enamorarte y sentar cabeza?- dijo ella, y estoy convencido que en ese momento miró la foto de su marido que tiene sobre la mesa.

- No, no lo creo. Y aunque te parezca vacío por dentro, sweety, creo en el amor y en el romanticismo. Lo que ocurre es que, por el momento, nadie ha merecido tanto la pena.

11 octubre, 2009

SoChic! Diario de la Ciudad Condal 5

Decido cenar en un restaurante ‘asqueroso’ por tercera vez, con unos nuevos amigos, para poder estar cerca del camarero. Es lo más delicado que he visto en mucho tiempo, y aunque normalmente no me van estos tíos tiene esa belleza clásica que no pasa desapercibida. Al parecer el muchacho no es de Barcelona pero lleva años viviendo aquí. Es amable hasta cansar, responde con soltura a todas las bromas y cuando sonríe sientes como se te moja el esfínter. Le he insinuado varias veces la posibilidad de quedar y él sonríe mientras dice que no queda con clientes. Terminamos de cenar y nos vamos a la calle, no sin antes decirle al camarero dónde vamos a estar. Como ya había cenado antes de quedar en el restaurante me dediqué a beber y a beber. Menos mal que los que iban conmigo eran también profesionales pues la ingesta de alcohol fue considerable (quizás por eso el camarero no se vino con nosotros). Fuimos cantando canciones de Lady Gaga hasta un bar en la calle Casanova donde el músculo y la camiseta de tirantes son imprescindibles. Después de un par de mojitos y de varios errores genéticos con ganas de sexo rápido, me marché a casa cuando cerró el bar. Mis amigos se marcharon a Metro pero ya eran las tres de la mañana y quería ir a desayunar a Mauri. Llegué a casa, encendí la televisión y me quedé dormido en el sofá. Me desperté temprano y completamente vestido y me di cuenta de que me hago mayor; y no lo digo por la edad si no por que es la primera vez en veinte años que duermo vestido. Llegué a Mauri y me senté al lado de la ventana por donde entraba el sol. Pedí café con leche y zumo de naranja, un sándwich de lomo rebozado y un delicioso sándwich de rosbif con mostaza. Abrí mi MacBook para terminar mi informe semanal y una voz me preguntó si podía sentarse conmigo. El camarero resultó llamarse Damián, ser de Valladolid y estudiar cine. Pasamos tres horas hablando de moda, de películas y de Barcelona. Luego se marchó a comer a casa de unos amigos. Me invitó a ir pero rechacé la invitación alegando que tenía trabajo pendiente. Realmente estaba acojonado. Primero duermo vestido y luego descubro que me apetece liarme con chico encantador al que aún no he tenido la satisfacción de verle ningún músculo; demasiadas emociones en dos días.

08 octubre, 2009

SoChic! Diario de la Ciudad Condal 4

Días de felicidad. Mi amiga Katerina vino a Barcelona. Ella es la única rusa mulata que he conocido. Su padre, intrépido aventurero, guiado por los libros de los grandes descubridores del África de los años cincuenta, se marchó a Zimbagüe y se enamoró perdidamente de Kemala. Se la llevó a Rusia donde se casaron. La mezcla de ambas razas dio a la pareja (y al mundo) tres criaturas de espectacular belleza de los cuales Katerina es la única hija. Mide más de metro ochenta, su piel es de color bronce y sus ojos azul turquesa. Está acostumbrada a llamar la atención desde niña y mientras estudiaba medicina en la Sorbonne su belleza no pasó desapercibida para las agencias de modelo. Antes de terminar la carrera ya desfilaba en Paris, donde nos conocimos cuando yo trabajaba allí. Nos encontramos en el Majestic, donde se alojó, y estuvimos hablando en la terraza hasta que los mojitos nos prohibieron articular palabra. Me contó que se separó de su marido, Pierre, modelo como ella, tras la muerte de su madre porque la había dejado sola en esos momentos que tanto lo necesitaba y que ahora mantenía relación con un productor inglés que le había conseguido un par de contratos exclusivos con unas cuantas grandes marcas; y que estaba en Barcelona para hacer las fotos para la próxima campaña de una de ellas. Recordamos los años locos en Paris, las fiestas, los hombres y la moda. El comienzo de los años noventa trajo a la moda a docenas de mujeres espectaculares que prefirieron mantenerse a la sombra de Claudia, Naomi, Linda y Cristy por temor a ser eclipsadas por la belleza de estas pero que, con su trabajo, le devolvieron a la Haute Coture francesa al lugar que le corresponde. Pero Katerina dejó las pasarelas tan sólo cinco años después de ser la reina indiscutible sobre ella, para terminar su carrera. La fotografía le proporcionaba tiempo para estudiar y dinero para construir un hospital para niños enfermos de sida en Kenia. Nelson Madela la convirtió en hija predilecta de África y la ONU en embajadora de la buena voluntad. No para de trabajar y continúa siendo la encantadora mujer que fue siempre. A mi me emociona la sencillez con la que cambia su conversación sobre de las mejoras en las cinco hospitales que tiene repartidos por África y de la amistad que mantiene con Annie Lennox, acérrima luchadora contra el sida en África hacia la última fiesta con Galiano en Londres. La moda frivoliza con la importancia de felicidad física de las cosas pero también reflexiona sobre la necesidad de solidaridad del que tiene. No siempre la moda se convierte en enemiga del mundo real y gracias a ella los países se unen cada día más gracias a la expansión de las marcas. “Parece una frivolidad pero la moda - como dice ella - ha unido a los jóvenes de todo el planeta en Internet. Que un joven de NY vista igual que uno de Berlín hace que de algún modo se unan, porque ya tiene algo en común. Frivolizar con la moda a hecho que los extraños, los hippies, los pijos, los Chic, los FahionVictims, las damas… se reconozcan en cualquier lugar y eso une a las personas” Después de tantos años metido en la moda como estoy aún me pregunto si todo esto vale para algo más que para envidiar los armarios de los ricos del mundo. Para mi la moda es un estilo de vida. A Katerina le proporciona dinero para ayudar a niños. Y para algunos miles de millones de personas en la moda encuentran felicidad.

05 octubre, 2009

SoChic! Diario de la Ciudad Condal 3

Me ha pasado. Había oído hablar de ello pero jamás pensé que me ocurriese a mi, y este fin de semana ocurrió. Fue a eso de las ocho de la mañana, en la segunda hora. Normalmente no es hasta la tercera hora cuando caigo rendido por el sueño pero el Domingo fue distinto. En pleno apogeo aquello se desinfló. Como una gominola quedó entre sus manos. Y mi cara de estupor debió ser lo suficientemente explícita pues Aaron sacó sus músculos de mi cama y se marchó.

Mi madre me consuela de la mejor forma que puede.

- Don’t worry, baby- me dijo. - A tu padre le pasaba lo mismo, es genético- y yo le colgué el teléfono.

¿Por qué no tenía el mapa genético de ella que se ha pasado la vida tumbada boca arriba y en cambio sufro la disfunción eréctil de mi padre; que además era un cretino (claro que esto último no me importa serlo)?

La naturaleza me envía una señal. Lo sé. El problema es que no sé qué significa. Varios de mis amigos me han hablado de esto pero son mayores, jamás pensé que con 39 esto pudiera ocurrirme a mi (pero si estoy en la plenitud de la vida). En la vida de un hombre activamente sexual, como es mi caso, la década que comprende entre los 35 y los 45 se convierte en la década del goce extremo y a MI me quedan AÚN SEIS AÑOS ¡¡¡¡¡ES INJUSTO!!!!!

Aaron, tras dormir el exceso de éxtasis del sábado por la noche, se disculpó con una llamada de teléfono. Insistió en hacerme compañía y terminar lo que no pudimos por la mañana, pero yo me había pasado el día entero sentado mirándome la entrepierna y preguntándome qué había ocurrido, y no me apetecía volver a sufrir miedo escénico; y mucho menos con el mismo; what a shame!

Esta tarde tengo visita con un urólogo ex amante de mi madre, con el que mantengo buena relación (sobre todo con su hijo). Supongo que fue mi estado emocional lo que le convenció para atenderme esta misma tarde; bueno eso y mis lágrimas.

Ahora, sentado en el ave, pienso que quién mejor que su hijo para comprobar si lo mío tiene remedio o no, después de la consulta. La pena me anula y no me deja pensar con claridad, pero creo que me quedaré unos días en Madrid para comprobarlo. Total si no funciono al menos puedo irme de compras, que siempre anima mucho.

02 octubre, 2009

SoChic! Diario de la Ciudad Condal 2

El sol se resiste a dejarnos este otoño. Las mañanas frías, las noches agradables y calor durante el día. Llevo muchos años en esto como para creerme ahora que la inestabilidad atmosférica es la causante de que la gente sea tan hortera, como defiende mi último amante; un catalanito de 20 años orgulloso de todos sus músculos. Jamás me he pronunciado al respecto. Mi prestigio reside en mi confidencialidad y en mi capacidad para no juzgar el atuendo de nadie en público. He cenado junto a las mejores modelos en sus peores tiempos y paseado con estrellas de cine pretendiendo ir de incógnito y nunca ha dicho nada. Eso sí, en la intimidad de mi casa, todas ellas han recibido una lección de estilismo entre carcajadas y más de una arcada.
Una nueva publicación gratuita me pide que me encargue de la sección de moda. Al principio, Joan tan sólo me lo comentó, pues no estoy dispuesto a terminar un polvo para mantener una conversación. Cuando dejamos el ring, sentados en mi terraza tomando un BlodyMary, me expone la idea y a mi me hace gracia porque él cree que en esta ciudad hay moda en la calle. Me vi tentado de hacerle una rápida comparativa con ciudades como Londres, Paris, Nueva York, Tokio o Milán donde la moda es un estilo de vida promovida por gobierno y diseñadores, donde la gente realmente se expresa mediante la moda; pero qué le vas a contar a alguien que en la portada de su revista pone a gente anónima semidesnuda (la mayoría de veces fea). ¿Qué pretendes? ¿Promover la moda tarzán? Le envié un borrador de lo que sería la primera entrega de mi sección, donde hablo de la multiculturalidad de la moda en Barcelona “debido a la visita de turistas de todo el mundo que dejan su impronta con diferentes estilos creando una mezcla particular dando vida a un sello reconocible fuera de la ciudad”. La semana que viene sale a la calle el primer número de la revista, dedicado enteramente a la “ModaCondal”, término que me inventé yo. Es lo que tiene ser el mejor.

01 octubre, 2009

SoChic! Diario de la Ciudad Condal 1

Querido diario,

Me afecta el clima como me afecta la fealdad; mi madre se ha preocupado bien de eso. ¿Por qué en las tiendas de Barcelona la gente va vestida como una mamarracha? Es como si fueras el médico y en vez de palos de madera y bata blanca tuviera tenedores y un delantal de flores; pero parece que no se dan cuenta. Vas a comprarte un vaquero de temporada y te vas de la tienda sin nada y con ganas de vomitar. A esto me enfrento cada día... Nada me alimenta.

Pero me encanta pasear, de hecho me pagan para que lo haga. Me he comprado una nueva cámara de fotos con un zoom de lo más obsceno (qué manera de enfocar). La estrené en la Barceloneta, unos de los últimos días de sol y luego decoré una pared de mi despacho con las fotos de los chulazos, ¿qué le voy a hacer si soy admirador férreo de la belleza masculina? Y ahora me dedico a sentarme en alguna esquina de las calles más transitadas y hago fotos de la gente que deambula de un lado a otro, buscando inspiración. Camila me habla de Marc Jacobs y de las fiestas a las que acudió en la Fashion Week de NY, y a mi me dan ganas de tragarme el teléfono para que no me llame más (lo mas excitante que hice la semana pasada en Barcelona fue masturbarme en la terraza de mi casa mientras mi vecino me grababa con el móvil; lo sé por que luego vi el vídeo colgado en una página en Internet).

Espero que el día de hoy sea más entretenido que ayer. Me iré a comprar al mercado y cocinaré algo a ver si dejo de sentir ganas de tirarme a la calle desde la terraza, en fin..,

16 enero, 2009

CAPITULO SIETE. New Year, New Shit

Mi madre decidió que París sería la ciudad. Cada año pasamos la Navidad en una ciudad distinta y a mi no me desagradó la idea de ir a París por que adoro la ciudad y sus restaurantes. Claro que ella, como acostumbra, ya había decidido por ella, por mi, y por Maritza, la mujer del embajador de Brasil en Francia. Una mujer con el extraño hobby de organizar una gran fiesta de Noche Buena en su casa.
  • - Lleva años organizando esa cena. Ahora todos los que acuden pasan una selección previa exhaustiva - contaba mi madre, exagerando como siempre.- Empezó a organizarla porque, como vivía lejos de Brasil se sentía muy sola. A su marido le pareció una buena idea y decidió invitar a cenar al resto de mujeres de embajadores y cónsules en su situación; hay invitados que llevan acudiendo veinte años. ¿No es emocionante?- preguntó.
  • - Si, sobre todo si hago cálculo mental sobre la edad media de los invitados…
  • - Bull shit! Lo pasarás muy bien, ya verás. Cada año reúne a un grupo muy variopinto: cónsules, EmBaJaDoRes, PRESIDENTES y grandes empresarios de toda Sudamérica- me dijo emocionada.
  • - Mamá, no quiero ser aguafiestas pero celebrar la Navidad en el geriátrico de “Cocoon” no es precisamente mi definición de “pasarlo bien”.
  • - ¡Peter! Be polite! – dijo ella casi gritando.
  • - Ok, ok…- dije triste.
  • - Oh Sweety… Tan sólo te pido dos semanas al año. ¿Lo harás por tu madre?- preguntó y me sentí mal- Dime que sí, My Cheese Cake!
  • - Sí, sí…- dije pretendiendo sonar real pero pesando en que prefería pasar la noche rodeado de hombres guapos. Aún con todo, la idea de quedarme un par de semanas en mi piso de París, con John, me produjo la alegría suficiente para sentirme bien; bueno eso y la oportunidad de pasar la Noche Vieja en París.
Estaba de buen humor y feliz. La semana antes de irme a París había tenido un renacer en muchos sentidos. Recuperé mis ganas de salir a la calle, de trabajar , de arreglarme y de relacionarme. La noche en el Hotel Pulitzer con Ania, y sus amigos, terminó con expulsión incluida de la sala Bikini; y no me echaban de una discoteca desde que con 18 años intenté robarle un sujetador de Victoria’s Secret, cubierto de cristal de Swarovski, a una bailarina erótica arrancándoselo directamente del cuerpo. Esta vez la única diferencia fue que lo que quería llevarme a casa era directamente “El Cuerpo”.
  • - Todo eso no puede ser de él ¡Por el amor de Dios!- decía Ania en pleno éxtasis visual mientras examinábamos su paquete, ya medio borrachos.
  • - Voy a ver- dijo Jessica que, tras dejar con decisión su copa sobre la barra, se encaminó entre la gente hacia el espacio en la barra donde él bailaba.
  • - No quiero ni imaginarme lo que puede ser “eso” que tiene entre las piernas cuando lo libere de la minúscula prisión de lycra.
  • - Seguro que la lleva estrangulada- sentenció Jessica a su vuelta.- Pero es toda suya, seguro- terminó, feliz, tras cerciorarse de la autenticidad de su rabo.
  • - Voy a ver…- dijo Ania y yo le seguí.
El chico en cuestión pareció crecerse cuando nos tuvo a los tres mirándole con cara de tontos, desde abajo, regalándonos movimientos de cadera y un espontáneo top-less arrancándose la camiseta que llevaba; no me ponía tan cachondo viendo a un hombre bailar desde que conocí a Tony Ward (MY GOSH!!). Lo único que recuerdo del final de la noche fue cómo un miembro de la seguridad me invitó a abandonar la sala, en repetidas ocasiones, mientras yo me aferraba a la pierna de aquel hercúleo GoGó argentino, intentando escribir mi número de teléfono en ella, después de que él rechazara varios de los billetes de 50 euros que intenté meterle en el minúsculo bañador negro que lucía, pero terminé llegando a casa borracho y con el calentón. La resaca me tuvo todo el día siguiente entero en la cama, y menos mal, por que así pude descansar y estar en condiciones de preparar el viaje y la estancia. Llamé a John para avisarle de mi llegada (y de la de mi madre) y de entrada se mostró muy confundido cuando le dije que pasaría unos días con él; y no me extraña por que llevaba una semana en Hawai posando para el nuevo catálogo de Quick Silver. De allí se iría a Cancún para otro sesión, así que la casa estaría absolutamente a mi disposición. Quedamos en que nos veríamos en Barcelona pues vendría al Bread & Butter, en Enero, y se quedaría en mi casa. Aún con todo, mis deseos de pasármelo bien eran tan grandes que llegué a pensar, incluso, que el embajador de Brasil tendría un hijo y que estaría en la cena y, como a la mayoría de estos por un par de euros se dejan hacer de todo, me creé la esperanza de que no tenía que ser tan malo. Pero la primera impresión es la que cuenta y fue con esa con la que debí quedarme porque tuve las peores fiestas en mucho tiempo. Camilla me llamó justo el día que se incorporó al trabajo (después de su semana interna en una clínica “Super Exclusive” donde le quitan y le ponen lo que quiera como si fuera una Barbie), para hablar trabajo con toda normalidad, como si hubiésemos hablado la noche anterior, hasta que comenzó a relatarme lo bien que lo pasó la noche de Navidad con su amiga Kate en casa de Alexander.
  • - Honey, I’ts over! No me interesa.
  • - No sé por qué te cae tan mal Alexander, Peter. Es un hombre encantador, además de un genio; espera a ver la próxima colección- dijo ella extasiada.
  • - No dudo de su genialidad, Camilla- dije, mientras pensaba “tampoco es para tanto”- es ÉL en general, en todo su conjunto, con todo lo que le rodea.
  • - Seguro que ocurrió algo entre vosotros y no me lo quieres contar, por eso estás así- dijo ella con voz de Bruja mala del Oeste.
  • - Antes me lío con cualquiera de mis hermanastros- dije, y mientras lo decía pensé lo triste que sería tenerlos y no tirármelos.- Pero pregúntale a él si no me crees y te quedas más tranquila.
  • - Ni loca, no tengo tanta confianza…- dijo y se quedó en silencio.- Es uno de esos misterios de tu vida que algún día lograré descubrir.
  • - ¿Misterios?- pregunté sorprendido.
  • - Olvídalo. ¿Cómo te encuentras?- preguntó cambiando de tema
  • - ¿Ahora mismo? Cachondo.
  • - Que raro…- dijo ella, como pensando en voz alta.
  • - Honestly. Hacía tiempo que no me despertaba cachondo y después de las Navidades que ha pasado ya comenzaba a pensar que había perdido la libido.
  • - El problema es que ese tipo de vida que llevas te resulta cómoda y divertida- dijo con desprecio.
  • - Cómoda y divertida me resulta una camiseta de h&m. Mi vida me resulta E S P E C T A C U L A R, Camilla, cariño.
  • - ¿Qué te pasó en Navidad?
  • - Que nos intoxicamos con la cena de noche buena. Yo estuve mal del estómago, pero no tan mal, hasta año nuevo. Mi madre tuvo menos suerte y hubo que ingresarla.
  • - ¿Bromeas?
  • - Ojalá- dije realmente deprimido. –Así que después de pasar encerrado en casa todas las fiestas, el día cinco me la traje a Barcelona, en contra de mi voluntad como buen hijo, para pasar aquí la noche de Reyes.
  • - Excuse me?- preguntó Camilla sorprendida por la revelación.
Y como es tan del Modeling y del StarSystem , ella seguro que en su cabeza adornada con bisutería de Agata y peinada por Tony&Guy, me visualizó rodeado de la realeza española e, incluso, mundial. Y aunque en varias ocasiones (y gracias al AMPLIO abanico de amistades de mi madre) me he visto, más que rodeado, comiendo, cenando e incluso escondido tras algún matorral en medio del campo con alguno de ellos. Y la Noche de Reyes, a la que me referí, es la única tradición española que mi madre quiso mantener; aparte de hablarnos siempre en este idioma, claro…
  • - Y ¿no regaláis nada en Navidad?- preguntó con asombro ella, que fuera de su mentalidad anglosajona el mundo deja de existir.
  • - A los amigos si, pero entre nosotros no. Siempre lo hemos hecho el día 6 de Enero- dije emocionado por sentirme diferente.- Lo mas fuerte de todo es que las rebajas en España empiezan el día 7 de enero.
  • - Sales?- dijo ella en el tono más plano en el que su garganta puede producir sonido- Ah, ¿eso donde la gente casi se mata por comprar una chaqueta de mala calidad imitación Dolce&Gabanna por 10 libras en Zara?
  • - Algo parecido- respondí yo, sin seguirle el juego.
Mis primeras rebajas en Londres (hace ya nueve años) fueron las mejores de mi vida. Ese año, y ya que era mi primer año trabajando en Londres, mi madre y yo pasamos allí la Navidad y decidimos comprar nuestros regalos de Reyes en las rebajas. Hacía mucho frío y Londres no es como NY que puedes alquilarte un coche y un chofer para irte de compras porque no hay espacio para aparcar delante de las tiendas, y a mi madre no le quedó más remedio que andar. Anduvo tanto que al final abdicó de sus Gucci y se compró unas deportivas (Hilfiger, claro). Cuando llegó la noche, tras todo el día andando y comiendo Fish & Chips, se derrumbó sobre la cama y se quedó dormida sin ni siquiera desmaquillarse. Nunca antes había visto a mi madre perder el control sobre si misma en presencia de alguien más; incluso de su propio hijo.
  • - However, Peter. Necesito que cubras Bread & Butter Barcelona la próxima edición.
  • - There’s No Way!
  • - Te lo pido como favor personal. Iría yo misma…
  • - Pues ven- dije rápidamente sin que terminara la frase.
  • - … pero no puedo…. Por que…. tengo que preparar la NY Fashion Week, el 13 de Febrero- dijo y de pronto sentí una rabia contenida durante años en mi interior.
  • - ¿Te vas a NY y me pides a mi que cubra BBB? Te estás cachondeando ¿verdad?- grité pero ella no dijo nada.- ¿Por qué no envías a alguna de las becarias anoréxicas que tienes besándote el culo cada día? Hace años que no me dedico a eso, No me gusta, NO lo hago y NO HAY DISCUSIÓN.
  • - El problema Peter es que ya tienes la acreditación hecha, rumbo a tu casa.
  • - BITCH!- dije y colgué el teléfono.
Decidí calmarme. “Necesito descargar tensión”- me dije en voz alta. Llamé a mi gimnasio y casi exigí una clase con mi PT, pero el muchacho estaba en paradero desconocido por vacaciones y no tuve más remedio que aceptar una sesión con el Entrenador suplente que estaba en ese momento. Mientras preparaba la mochila y cogía ropa limpia para después de la ducha pensé en el tiempo que hacía que no visitaba un evento como el BBB y sonreí recordando los buenos momentos que había pasado con las amistades que hice durante aquellos años. Entonces, sin saber por qué, me alegré de la posibilidad de reunirme de nuevo con alguno de ellos y antes de irme envié el mismo email a todos los que, por un motivo u otro, aún manteníamos contacto, esperando que alguno de ellos respondiera a mi encubierta llamada de socorro. Luego salí a la calle y de nuevo hacía frío; me desilusioné. Mi vida se estaba convirtiendo en la “Cómoda y Divertida” vida de Peter, como bien había dicho Camilla. Llegué al Gym triste y hasta con ganas de llorar y desahogarme. Entré cabizbajo en el vestuario y dejé la mochila en la taquilla para subir a la sala de máquinas dispuesto a eliminar de mi cuerpo todo la tristeza y la rabia que tenía acumulada. Y cual no sería mi sorpresa cuando al llegar y presentarme al entrenador, este, mientras me guiaba a las cintas, cogiéndome por el brazo, me dijo que llevaba semanas preguntándose quién era yo porque al final, y a causa del sudor, mi número de teléfono no duró toda la noche tatuado en su pierna, una de las noches que había bailado en Bikini.

19 diciembre, 2008

CAPITULO SEIS. By the Face(book)

Los últimos acontecimientos me dejaron más que intranquilo, agotado. Mi madre, tras varias llamadas para disculparse por su metedura de pata, me tranquilizó comunicándome que no vendría a Barcelona para cuidarme; y yo no termino de comprender por qué sufro tanto con esa amenaza pues, en los 17 años que esto viene ocurriendo, jamás la ha cumplido. Y ella, claro está, siempre tiene alguna excusa tremendamente creíble para no venir.
  • - No creo que pueda ir a verte, Peter. Tengo que hacerme no se que en los dientes, que me ha dicho el médico. Lo siento. Y aunque pudiera no iría.
  • - Te lo agradezco- dije aliviado.
  • - Y mucho menos ahora que Collete piensa que Jason la ha jodido.
  • - ¡No la ha jodido! – dije enfadado, mientras pensaba “Me ha jodido a mi”.
  • - ¿Ah no?- preguntó incrédula.
  • - No.
  • - Entonces tendrás que contármelo todo.
  • - De eso nada, mamá. Me niego a contarte mi vida, No way!
  • - Estás muy solo, hijo. En Londres al menos tenías gente con la que pelearte, pero en esa ciudad… - dijo y guardó silencio. – Si quieres, aún puedo llamar a Jason para que termine su trabajo.
  • - Se acabó- dije y le colgué.
Nunca he tenido muchos amigos, es cierto. Fue una decisión que tomé en el colegio cuando descubrí que jamás estarían a la altura de mis posibilidades. Y en NY me preocupé más por aprender de los mejores que por cultivarme una vida social, hasta que conocí a Jason y comencé a relacionarme con gente adulta que , al igual que yo, ya tenían una personalidad marcada por el hastío del mundo en general; reconozcámoslo: Soy un Estirado, pero ¡qué felicidad! Tampoco me han gustado nunca esas personas que dicen tener cientos de amigos a los que además adoran. Y debo continuar siendo un bicho raro por que parece que esto es lo normal en las relaciones interpersonales de cientos de usuarios adictos a Facebook; dónde yo solamente tengo diez. Camilla me llama para interesarse por mi salud justo cuando salía de la ducha (y tres días después de saber que estaba enfermo). Así que conecté el manos libres de mi blackberry, para entregarme a mi ritual de cremas diario mientras hablabamos. Pero pronto empieza a irse por las ramas hablando de fiestas, modelos y diseñadores cocainómanos, y yo me veo obligado a cambiar de conversación.
  • - Ya he visto lo bien relacionada que estás en tu Facebook, no necesitas relatarme la vida de tus novecientos amigos- dije mientras hacia que mis dedos extendieran alrededor de mis ojos unas gotitas de Future Perfect de Estee Lauder.
  • - Business- dice ella visiblemente ofendida.- Just Bussiness!
  • - What ever, Honey…
  • - Facebook es el futuro Peter. Claro que para ti , que vas siempre tres años por delante del mundo, esto debe parecerte una nimiedad- dijo con ese acento de pija londinense , que odio, imitando a su intimísima amiga Kate.
  • - Camila, gracias a Internet puedo trabajar sin verle la cara a todos los drogodependientes con los que te relaciones, desde cualquier lugar del mundo. Más que futuro Internet means Freedon! Pero no me creo que las novecientas personas que aparecen en tu Facetbook sean tus amigos.
  • - Peter, que tu vida social se limite a lubricante, condones y Popper no significa que yo no pueda tener novecientos amigos.
  • - Tienes razón- dije mientras veía como el serum de Kiehl’s dejaba mi cara perfectamente satinada.- Pero A M I G A se escribe con letras mayúsculas y tú, sin tus Marc Jacobs de 15centímetros, eres demasiado bajita – dije, y pude escuchar como tiraba su lámpara Loop LED al suelo antes de que colgara (de hecho siempre he mantenido la creencia de que la compró sólo para darse le placer de tirarla).
Nada como decirle a una mujer como Camilla que no es nadie sin sus tacones para sentirte como la madrastra de Blancanieves y asegurarte una victoria. Aunque ser TAN mala no evite que piense que tanto ella como mi madre tengan razón y que mi vida en Barcelona se limita a eso (y a dejarme la visa en la tienda de Kiehl’s, claro). Tras unos días de cuarentena en los que ordené mis mails, la biblioteca del itunes y mi agenda de trabajo, me propuse llenar mi vida de eso: VIDA. Así que decidí echarle un ojo a mi Facebook para comenzar a relacionarme. Para mi sorpresa, la señorita Díaz me había enviado un mensaje donde me invita a tomar una copa en el Hotel Pulizter, el miércoles por la tarde, con alguno de sus amigos después de su trabajo. Era perfecto. Además para el Miércoles tenía pensada mi primera salida de casa, así que acepté la invitación y le di mi nombre para que lo incluyera en el mailing. El miércoles llegó frío pero yo me sentía como nuevo. Y para celebrarlo elegí el riguroso negro de Prada, de pies a cabeza, pero con el toque azul de un abrigo de SantaEulalia que compré a mi llegada a Barcelona en su tienda de Paseo de Gracia. Sabía que era demasiado para Barcelona pero es lo único que echo de menos de Londres: vestirme bien. Llegué al hotel y Ania vino enseguida en mi busca, tras verme llegar.
  • - ¡Qué guapo estás, Peter! Cómo se nota que no eres de aquí- dijo riendo.- Será un placer pasar la noche cogida de tu brazo.
  • - Gracias- dije encantado. –Pero accederé a que cojas mi brazo sólo si me das una copa, que llevo una semana encerrado en casa.
  • - Ningún problema- dijo. -Vamos a la barra a darte carburante y luego te presentaré al resto.
Mientras el camarero nos servía dos VodkaTonic Ania me habló de la buena impresión que había causado en la tele mientras yo hacía prospección por la sala en busca de hombres guapos y ¡vaya si me sentía mejor! por que me hubiera organizado una Private Party con una docena de ellos.
  • - Aparte de las chicas, Marga, Silvia y Jessica, que son las únicas mujeres divertidas de la tele, he venido con Luis que es técnico, con Sergio que es cámara, con Miquel que trabaja en producción y con Jamie, que, aunque es maquillador, lleva vestuario- dijo en un tono divertido- Su madre es Inglesa, de York creo, de ahí su nombre.
  • - Y ¿a quién de estos te tiras?- pregunté y ella, sin sorprenderse mucho por la pregunta, soltó una pequeña carcajada.
  • - No me tiro a ninguno, pero a veces juego al Abecedario con Miquel.
  • - ¿¡Perdona!?- pregunté asombrado mientras ella reía prometiéndome que algún día me lo explicaría.
En el grupo todos me recibieron con expectación, al fin y al cabo había sido el culpable del aumento de audiencia y del sueldo de Eloisa. Me sentí bien. Sentirte admirado es la mejor medicina para solucionar problemas anímicos, sobre todo después de unas semanas encerrado en casa. Y entre tanto bienestar me dejé llevar por la conversación mientras bebía pero sin poder evitar tener una extraña sensación. Había algo que no encajaba. Y tras dos VodkaTonic más lo descubrí: eran gente normal. A mi alrededor no había modelos anoréxicas y estiradas con grandes dosis de maquillaje perfectamente distribuido por toda su cara, ni nuevos diseñadores ávidos de consejos o de alguna raya de coca. Tampoco grandes diseñadores franqueados por los “gorilas” de sus divas (mujeres de futbolistas y cantantes con pocas dotes líricas) o de rayas de coca, ni siquiera viejas glorias del rock empeñados en vestir como chicos de veinte a pesar de superar los cincuenta. Todo eso a lo que la gente Normal denomina “Glamour”. Por todo eso un día decidí convertirme en CoolHunter y así alejarme de toda esa sordidez para rodearme de Gente Normal. A parte de trabajar solo, que es una bendición, claro...
  • - Acostumbrado a estar rodeado de gente famosa estar en Barcelona debe ser muy aburrido para ti, ¿verdad Peter?
  • - Pues no te creas. Esto es lo mas divertido que he hecho en años, I promise!- y mi anglicismo pareció hacerles mucha gracia.
  • - ¡Anda ya! seguro que te has visto rodeado de Super famosas, como la Victoria Beckham- dijo Marga, y yo asentí. Y entonces se produjo la típica conversación en la que se seducen nombres y actitudes con mi consiguiente afirmación.
  • - ¿También conoces a Sting y a Elton John, George Michael? ¿A Madonna?- preguntó Miquel entusiasmado.
  • - Sí. He estado cenando más de una vez con Madonna- dije serio- Pero lo único que les hace diferentes, además de su profesión, es que seguramente su ropa cuesta cuatro millones más que la tuya, pero nada más...
  • - ¿Me estás diciendo que estar sentado en la misma mesa que Madonna no es una algo extraornidario?
  • - Sí: te digo que no lo es- contesté intentando parecer lo más sincero posible, pero no me creyeron.
Nadie te cree. Y es una lástima que el mundo de la moda esté sobre valorado. Es cierto que he tenido la oportunidad de haber presenciado grandes momentos de la historia como aquel día en el que Paris Hilton, bajo los efectos de los vapores de su propio perfume, tildó de Puta a Madonna, en presencia de la misma, que no supo qué cara poner, y yo en un ataque de risa espasmódica, escupí todo el champán de mi boca sobre el escote de Eva Herzigova; sentada frente a mi. Es cierto que aquello no tuvo precio, pero no lo cambio por una tarde de copas en el SoHo con un amigo, o una fiesta de cumpleaños junto al Lago del Victoria’s Park en Londres en una tarde soleada de verano, o la boda de una de tus mejores amigas o cualquiera de los momentos que pasé con Jason mientras estuve enfermo la semana pasada, en casa. Las personas tendemos a idealizar las cosas por como nos las cuentan. Les parece más importante lo que se diga de ellos que lo que hacen. No he conocido a nadie hasta el momento que no se cambiase por mi cuando hablamos de mi trabajo. Y esto me hace reflexionar sobre si lo que quiero y lo que hago tienen alguna relación. Por eso no me preocupa que mi madre, Camilla o cualquiera piense que es cierto que estoy solo y que no tengo a nadie, por que a mi no me importa Puede parecer que me he convertido en un ermitaño cansado de buscar compañía agradable o que me he convertido en un solitario por esa manía mía de trabajar solo. Pero estoy tranquilo pues sé que estoy donde quiero por que así lo deseo. Para muchas personas es más importante ser admiradas que amadas y a mi la admiración jamás me ha parecido que sea la cura de nada. La ciudad de Barcelona tiene ese encanto de ciudad europea que, a pesar de su grandiosidad, es pequeña y pocas cosas pasan desapercibidas. Todo el mundo conoce a alguien que tú conoces, y comienzo a cogerle el punto eso. Si en NY aprendí a sobrevivir bajo cualquier circunstancia, tal vez, en Barcelona, aprenda a relacionarme con las personas. Londres o París tampoco son ciudades para vivir entre la gente pero en Barcelona ese parece ser el secreto.
  • - ¿Te vendrás luego con nosotros a Bikini?- me preguntó Ania.
  • - Sweety! Yo esta noche soy todo vuestro- contesté con picardía y ella sonrió
  • - Y en Navidad. ¿Qué harás en Navidad?
  • - Lamentablemente, en Navidad soy todo de mi Madre.

20 noviembre, 2008

CAPITULO CINCO. The love I lost (Segunda parte Fin)

  • - ¿Te encuentras bien?- me preguntó una voz en la distancia. Yo no sabía que estaba pasando. Abrí los ojos y vi la cara de Jason. No entendí nada, además me dolía mucho la cabeza.
  • - Te has dado un buen golpe- dijo.- Te voy a llevar a la cama, ¿de acuerdo?- dijo y fue entonces cuando descubrí que estaba en mi cama y que Jason no era parte de un sueño.
Jason y yo nos conocimos en NY en el año 94. Mi madre fue a visitarme no sin antes enterarse de quién sería interesante conocer y descubriendo, de ese modo, al Magnate de las finanzas Mr. Harold Steing; multimillonario y entonces marido de Collete, madre de Jason. Para mi madre no ha existido nunca millonario o fortuna que se le resista, pero con Harold ocurrió algo distinto. Según cuenta Harold, después del polvo del Siglo con mi madre, se dio cuenta de que su vida era perfecta junto a la Calmada y MUCHO menos Sexual Collete, con la que había compartido su vida desde que la conoció en el instituto cuando él tenía dieciocho y ella dieciséis. Collete, lejos de montar un escándalo (como buena Dama Suñera) se interesó por mi madre y organizó una cita con ella en The Club Lounge en el Ritz- Carlton (de lo más pedante, sí). Ella pensó (como le confesaría más tarde a mi madre) que si la dejaban entrar allí no sería una cualquiera. Pero Collete no contaba con la Proyección personal de mi madre en todos sus años de CARRERA y en el Ritz, más que ser conocida, era admirada. Así que, además de permitirle la entrada, la invitaron a honrarles con su presencia en la recepción que al día siguiente daría el Presidente Clinton. Después de aquello Collete y mi madre se hicieron inseparables. Crearon una amistad beneficiosa para ambas en la que mi madre le daba clases de sexología (con las que Harold se divertía mucho) y Collete, por su parte, le presentaba a millonarios ansiosos por disfrutar las habilidades orales de mi madre (que por aquel entonces aún no llevaba los dientes fijos). A Jason y a mi nos pasó algo parecido. Tras conocernos en su casa y realizar ciertas actividades pecaminosas bajo el techo de su padre Harold, creamos un contrato espontáneo en el que Jason descargaba su Reprimida-Homosexualidad conmigo dos veces por semana y él, a cambio, me llevaba a todas las fiestas y clubes de la ciudad; SoCute! Fue de ese modo como conocí a todos los que se necesita conocer si quieres ser alguien en NY y en el mundo.
  • - No entiendo cómo has podido terminar con dos puntos de sutura en la frente, la muñeca dislocada y el culo roto; Sorry!
  • - Por que al desmayarme caí sobre la mano. No sin antes, eso si, dejarme la frente en el lavabo, Camilla. ¡Que pareces boba!- dije.
  • - Pero ¿y lo de tu esfínter?- preguntó expectante.
  • - Después de la caída, claro- respondí tranquilamente.
  • - Peter ¡pero si sangrabas!- exclamó ella con fortísimo acento Inglés al pronunciar las “B” (But you were Bleeding!!)
  • - I know! – dije sin darle mayor importancia.- Pero lo hacíamos tan bien cuando éramos jóvenes que no pude resistirme a disfrutarlo de nuevo, a pesar de la sangre y menopea que llevaba- dije felizmente.
  • - Eres incorregible, Peter- sentenció ella.
  • - Oh! Thank you- dije yo orgulloso.
Jason debía volar a París al día siguiente, no sin comprometerse a regresar para terminar sus trabajos en Barcelona. Así que llamé a John para que acogiera a Jason en mi casa los días que necesitara, lo cual me agradeció enormemente porque, al igual que mi madre, odia los hoteles (algo que sigo sin comprender de mi madre puesto que ha probado las camas de todos). Me vi obligado a quedarme en casa unos días y hacer reposo absoluto (No Social Live, No Sex, No Nothing!) para no empeorar mi estado y recuperar fuerzas. Diciembre y Enero son meses de mucha actividad (muchos viajes y muchas reuniones) y no puedo descuidar mi trabajo. Mi madre me llamó una vez. Dos. Tres. Seis. ¡Once veces!
  • - Mamá si no contesto ¿por qué insistes tanto?- le dije sin ni siquiera escuchar sus buenos días.
  • - Oh, Baby! Collete me llamó para contármelo todo ¿Estás bien?- dijo, y sonó realmente preocupada.
  • - ¿TODO?- pregunté.
  • - Bueno… Hay cosas que deduzco yo sola pero, por supuesto que no: eso no me lo ha contado Collete- dijo y yo suspiré.
  • - Ya sabes que tuvimos unos años muy intensos Jason y yo… Nos hemos reencontrado… y ahora me quedará una cicatriz en la frente que me lo recordará el resto de mi vida- dije apático.
  • - Mi cirujano te dejará la frente como nueva, Don’t worry!- dijo feliz.- Si necesitas que vaya a verte dímelo. Estoy en Suiza y no me resultará difícil encontrar avión- me dijo y reconozco que sentí deseos de tenerla cerca y abrazarla, pero no se lo dije; no me atreví.
  • - Estaré bien, no te preocupes- dije.- De todas formas he estado peor y ni siquiera te has dignado a llamar, así que…- le dije con todo el rencor del mundo.
  • - Oh, Sweety! Pero eras muy joven y fuerte, ahora te han roto el corazón- dijo y de nuevo sentí que me mareaba.
He tenido una vida tan variada que no recuerdo la cantidad de hombres que me han sudado encima mientras golpeaban mi pelvis con ahínco. Lo cierto es que no me preocupa lo que de mi se piense y se diga. Como tampoco la idea de permanecer en la historia como “El Soltero Del Culo de Oro”, pero ¿qué le voy a hacer si ocurriese? ¿Es que acaso no es cierto? Sé que hay una larga lista de hombres esperando una oportunidad conmigo pero esto no funciona así. Jamás he permanecido con el mismo tío el tiempo necesario para echarle de menos, y eso te hace inmune; o al menos eso creía yo.
  • - Mamá. No estoy enamorado de Jason- afirmé con rotundidad.
  • - Ya lo sé- dijo ella.- Pero lo estuviste y eso os marcará para siempre- me dijo ella y a mi se me paró el pulso
En 1997 Jason y yo fuimos a la inauguración del “G Lounge”, en el barrio de Chealse. La inauguración de un nuevo Club en NY es siempre una gran fiesta, sobre todo si es un Club gay y si eres (además) una de las pocas Celebrities Gay que asiste al evento. Y Jason lo era; para desgracia de su padre. Aquella noche hicimos lo de costumbre: emborrachamos y tontear. Pero Jason tonteó más de lo que habitualmente me tenía acostumbrado, para terminar desapareciendo entre la gente y ser absorbido por algún hueco de las paredes para no saber nada de él hasta tres días más tarde. El culpable fue la estrella televisiva del momento: Todd Crawford, el rubio más guapo de los Estados Unidos De América (por la revista GQ de aquel año). Desde aquel día nuestras vidas se separaron para perder el contacto definitivamente en 2001, cuando me fui a vivir a Londres. Fue el final de nuestra relación.
  • - Así que los delirios febriles te hicieron caer en los brazos de un antiguo amante…- dijo Camilla pensativa.
  • - No fue precisamente en sus brazos donde caí… Y además tampoco es un amante del pasado Éramos jóvenes y nos divertíamos juntos. Lo hacen todos los adolescentes- dije defendiéndome.
  • - Sí. Lo que pasa es que la insolencia modula tu voz cuando hablas de tus ligues y hoy tu voz no suena igual- dijo ella y colgó.
Me debían estar psicoanalizando de incógnito. Se habían puesto de acuerdo ella y mi madre para volverme loco aprovechando mi bajo estado de defensas por que todo aquello no era normal. Decidí desconectar los teléfonos, subir la calefacción al máximo y conectarme a Internet. Una buena dosis de Facebook anima a cualquiera. Así que me senté en el sofá con mi portátil y una taza de café, introduje mi contraseña y allí estaba ella, Ania Díaz; la chica de la tele había cumplido su palabra y me había enviado una solicitud para ser amigos. De pronto volví a sentirme bien. Después de los últimos días la vida continuaba y seguían ocurriendo cosas nuevas.

04 noviembre, 2008

CAPITULO CUATRO. The Love I Lost (primera parte)

  • -¡¡¿¿UN DECORADOR??!!- grité.
No podía tener mejor semana. Primero Camilla me llama para decirme (entre risas) que Marc Jacob, el cual detesto, compra dos de mis descubrimientos (Bitch). Que Victor & Rolf quieren denunciarnos y que en la última fiesta de McQueen descubrió que Agnes Deyn es mucho más bajita que ella y, además, lesbiana. A mi todo esto me importa una mierda pero ella parece pasarlo en grande mientras me lo cuenta.
  • - Mamá, necesito un médico no un decorador- protesté, pero no había remedio. Mi madre decidió que a mi piso le hacía falta una mano femenina (por muy Gay que seas tu madre siempre pensará que falta una mujer en tu vida). Le envié unas fotos del piso para que, ya que no la invitaría a venir, al menos viera donde vivía. Su venganza fue re-decorarlo en la distancia por mediación de Collette; su mejor amiga y una consumada especialista en antigüedades (SoShit!).
  • - Baby, tu piso es demasiado moderno- dijo ella.
  • - Mamá: nunca se es suficientemente moderno para ser “demasiado”- replique.
  • - Whatever! Collette hace cosas maravillosas, recuerda lo que hizo con el apartamento de Hillary (Clinton) en Manhattan- me dijo con aquel tono burlón que siempre me saca de quicio.
  • - Mamá, no me gusta lo que hace Collette. Y además, no tengo la cabeza, ni el cuerpo, ni las ganas de aguantarla- protesté.
  • - No te preocupes. Enviará a uno de sus pupilos. Ella hace años que no se mueve de NY; lo hace todo por Internet, ¿no es maravilloso?- dijo orgullosa.
  • - No. No lo es- respondí irritado mientras trataba de colocarme el termómetro en la axila, después de varios intentos fallidos en el culo: se me caía. -Me niego, Mamá, Estoy enfermo, ¿lo entiendes? E N F E R M O. Tengo fiebre, ¡¡¡¡NO ME SIENTO BIEN!!!!- grité desesperado, al borde del llanto, pero a ella pareció no importarle demasiado.
  • - Ya le hemos buscado hotel. Llegará esta tarde. Trátalo bien, Honey, y cuídate. Te llamo mañana- dijo, felizmente, y colgó.
Todo empezó el Lunes, cuando entré en el ZARA de Passeig de Gracia. El motivo eran unas corbatas de seda, más estrechas de lo normal, con incrustaciones de strass formando líneas paralelas, que le había visto a varios chicos del Eixample, sobre simples camisetas blancas de algodón; nada original lo sé, pero las corbatas eran una novedad. Así que me hice una prospección por todas las grandes tiendas de accesible poder adquisitivo para jóvenes. En Zara no encontré las corbatas pero sí a un dependiente guapísimo, que bien podría ser la imagen de la casa; aunque los jefazos tengan más interés por los caballos de sus hijas (con todo el doble sentido). El adonis resultó ser un encanto y se ofreció a ayudarme en lo que quisiera. Así que decidí probarme unos pantalones (de corte Armani) gris petróleo, con raya diplomática y dejarle entrever mis encantos en el probador. Después de cogerme el bajo y tomar medidas a la posición exacta de mi carga, me trajo varias camisas (una excusa muy vieja para tenerme medio en bolas en el probador y que practico con cierta periodicidad). J A M Á S he comprado algo antes en Zara, pero ese día lo convertí a él en el empleado del año; además de dejarle la boca destrozada y mi número de teléfono grabado en la memoria. Sabía que llamaría. Y así lo hizo: justo a las tres, cuando terminó de trabajar. Y se vino a mi pisito y no salió hasta el día siguiente para ir de nuevo a la tienda; eso sí, perfectamente ataviado con la camisa, el cinturón, la americana, el pañuelo y los calcetines que él mismo me había vendido la mañana anterior. Y así fue como ocurrió. Esa misma noche empecé a sentirme mal y por la mañana me dolía mucho la garganta y sentía frío. Mi vecina (que parece la portera porque siempre me la cruzo en el mismo lugar de la escalera) me dijo que era un virus de la gripe muy fuerte que estaba atacando a muchas personas, sobre todo niños: “Y a los maricas”- pensé yo. Fue así como llegué a la conclusión de que el adonis Zarista me había “jodido” para toda la semana.
  • - Oh, Sweetheart! Toma zumo de naranja y como carne roja; nada como un buen filete para darte energía.
  • - Mamá soy vegetariano, desde que te liaste con aquel Ganadero de Texas, ¿recuerdas? Además ¿quieres dejar de preocuparte? Estaré bien. He vivido sólo desde que me tiraste con Dieciséis años en las calles de NY- le dije antes de colgar, pero ella estaba empeñada en cambiar la decoración de mi ático, mi vida y hasta mis marcas preferidas, si la dejaba.
Las madres tienen esa manía de intentar cambiar cosas de tu vida como si fueras una muñeca con complementos. Cuanto más te empeñas en hacerles entender que tú estás bien más se empeñan ellas que te falta algo que sólo ellas saben darte, en fin... Pero esa vez ella tenía razón: esta vez estaba mal de verdad, bastante mal... Estuve durante horas tiritando en el sofá, envuelto en mantas junto a una botella de agua y un paquete de termalgín, del que sacaba una pastilla cada cuatro horas, incapaz de hacer otra cosa. Tomé más pastillas que en aquel garito de la 47th, donde el barman al servirte una copa te daba dos pastillas o una raya, lo que quisieras (bueno, eso o te hacía una paja en el baño por cinco dólares). No conseguí bajar la fiebre y estuve rato entre despierto y delirando hasta que me dormí, claro que no lo puedo asegurar... Me despertó el timbre de la puerta. Primero el de abajo, al cual fui incapaz de responder. Cuando sonó el de la puerta por segunda vez, me levanté a abrir. Fui dando tumbos, tropezando con todo lo que me encontraba, hasta que conseguí llegar a la puerta y abrir. En circunstancias normales, aquel chulazo no habría traspasado el umbral de la puerta de mi casa sin pasar el riguroso control de calidad que merecía. En cambio lo que ocurrió fue que me desmayé, cayendo al suelo sobre sus pies (un primer encuentro ideal si hubiera estado en condiciones físicas normales y si al caerme me hubiera cogido de algunas de sus protuberancias). Desperté bien arropado y sintiéndome mucho mejor, sobre mi cama. Estaba desorientado, sí, pero era evidente que tan sólo tenía unas décimas. Traté de centrarme y aclarar mis ideas para averiguar cómo había llegado a mi cama desde el sofá. Recordaba la conversación con mi madre y poco más. Sabía que alguien había llamado a la puerta, claro que también lo pude haber soñado y teniendo en cuenta la sobredosis de paracetamol, era bastante probable. Decidí darme unas horas más de sueño y, tras arroparme de nuevo, me quedé dormido. Mientras dormía tuve un sueño maravilloso. Era una modelo guapísima en plena sesión de fotospara ELLE con ropa de Vivienne Westwood. Unos vestidos espectaculares, sus maravillosos zapatos de plataforma, sus sombreros. Estaba encantado. El único problema fueron las manías del fotógrafo; “alguna nueva Celebrity que va de moderna”- pensé. Me hacía contorsionar y estirar de tal forma que los vestidos formaban grandes bolsas impidiendo que se viera mi cara. Los pies sobre los hombros, los brazos rozando el suelo con el culo en pompa. Me movía tanto que varias veces pensé que me caía del set al suelo. Una de las veces me dobló tanto el cuerpo hacia atrás que conseguí verme el ojete con tanta claridad que me asusté. Pero me daba igual. Aquello para una modelo profesional era trabajo y una de las grandes nunca se queja. El tacto de los tules y las sedas rozando mi cuerpo con aquellos tocados de organza y strass me hacían sentir bien. Era feliz. Me desperté ya de noche y ¿¿DESNUDO!? (Excuse me?) ¿Qué había pasado? Tuve horas de delirios febriles, cierto, pero no como para convertirme en estrella del striptease en mi propia casa y sin espectadores. ¿Tanto me había movido en sueños? ¿Tan reales son los sueños? (¿What do clouds Smell like?) Y fue en ese momento cuando me di cuenta. ¡El decorador! De repente lo recordé todo: el timbre, la puerta, mi desmayo… ¿Aquel chulazo había abusado de mi cuerpo y YO NO ME HABÍA ENTERADO? ¿Sería verdad y mi cabeza, más que imaginar, me ofrecía un Dejà Vu? Saqué unos calzoncillos del cajón de la mesilla (más que por taparme por estar “mono”) y bajé de la cama. La puerta estaba entreabierta. Vi luz en el baño. El resto de la casa permanecía a oscuras. Me acerqué despacio con las manos rozando las paredes manteniendo el equilibrio; seguía atontado. Cuando me acercaba pude escuchar una respiración lenta y profunda acompañada de suaves sonidos rítmicos. Abrí la puerta y allí estaba ÉL. Desnudo. Erecto. Sentado en el borde de MI bañera y con el suelo y las paredes cubiertos por decenas de fotos polaroid MÍAS desnudo sobre MI cama y en las posturas más inverosímiles (ya sabía yo que un fotógrafo de Elle no hacía aquellas cosas). Soy por naturaleza sensato y tampoco era cuestión de escandalizar ya que no era la primera vez que encontraba a un hombre desnudo en un baño; y por que después de ver a Michael Douglas con ropa interior femenina interpretando “Like a Virgin” junto a Danny De Vito en la boda de Keanu Reeves y David Geffen en 1994, no hay nada que me sorprenda. Así que hice lo que normalmente hago en estos casos, encender la luz para verlo todo con claridad. Entonces él levantó la cabeza y me vio allí de pie, bajo la luz de la puerta, como una aparición, y yo tuve que agarrarme para no caerme.
  • - ¿Jason?- dije asombrado.
  • - ¿Peter?- dijo él, no menos asombrado que yo.
  • - Hace siglos que no te veo. ¿Qué coño haces aquí? ¿ASÍ?- pregunté mientras sentía que volvía a sentirme mal.
  • - Ahora llevo la empresa de mi madre. Tu madre me habló de que te habías mudado aquí y de que necesitabas nuestra ayuda y decidí venir en persona para darte una sorpresa- respondió mientras se ponía de pie y se tapaba con una toalla- Y creo que te la he dado… - terminó diciendo mientras yo me desmayaba de nuevo; esta vez con menos Glamour incluso que la primera.

17 octubre, 2008

CAPITULO TRES. Lust for life!

¿Una entrevista en programa de la tele local de Barcelona? Seguro que piensan que llevo una vida desenfrenada, llena de fiestas, famosos, sexo, drogas y demás perversiones. Ese tipo de vida que la gente (descaradamente) denomina como So Chic! Y, aunque en su momento, (lo reconozco) era exactamente la vida que llevaba (la que me gustaba llevar, o mejor dicho la única vida posible si eras Gay, vivías en NY y trabajabas en la moda) gracias a la experiencia, los años y las cuentas bancarias de los maridos de mi madre, he conseguido pulir y disfrutar de la que ahora tengo: Simply “Lust for life”. Mucha gente confunde el lujo con comprar joyas de Vulgari o Chopard, vestir Dior y alojarse en el Ritz. Pero como dijo Coco Chanel: “El lujo es la necesidad cuando la necesidad acaba”. Hacer lo que quiero cuando quiero se ha convertido en el mayor de los lujos. Por eso me dedico a esto, por que es un lujo mirar, un lujo pasear y un lujo que me guste.
  • -Debe ser un lujo dedicarte a esto en Barcelona, ¿verdad?- me pregunta la muchacha de la recepción, mientras espero a que la señorita Díaz se digne a bajar y rescatarme de aquel hall tan espantoso.
  • -Claro- dije, intentando sonar emocionado.- Sobre todo cuando descubres que excepto los finlandeses, los alemanes y cuatro pijas modernas de la zona alta el resto viste de Zara, o lo que es “mejor” de berska- sentencié, comprobando para mi asombro que la muchacha se emocionaba acariciando su horroroso jersey marrón de cashmere barato adquirido en alguna de esas dos tiendas.
  • -Lamento el retraso- dijo la reconocible y cantarina voz de la señorita Díaz.- Hola, Peter, soy Ania: encantada- dijo y a mi no se me ocurrió nada que decir.
Aquella chica era la versión Blanca de Jennifer Hudson: blusón negro con escote amplio sobre camiseta blanca de tirantes, cintura marcada con cinturón de charol negro con hebilla gigante, leggins negros y todo esto sobre botines de tacón Fendi; vale que no era moderna, pero era auténtica.
  • -Perdona atenderte así, pero llevo una semana de locura y casi no he dormido en dos días- dijo tan tranquila. ¡Ni durmiendo catorce horas conseguiría yo aquella cara! me dije.
  • -Estás estupenda- dije y ella sonrió. Seguro que le hizo ilusión que alguien relacionado con la moda le hiciera ese comentario y no lo supo apreciar, pero ¿qué esperaba si comparada con su compañera de recepción ella era Zsa Zsa Gabor?
  • -¿Café?- preguntó.
  • -Si, por favor- respondí y nos fuimos hacia el ascensor.
Me comentó en lo que consistiría la entrevista. “ Es el programa de más audiencia de la mañana en Catalunya; y es en catalán, claro. Pero no te preocupes que la entrevista te la harán en castellano. Le hemos explicado a la presentadora quién eres y qué haces, pero es amiga del director y no ha terminado sus estudios universitarios; ya sabes a lo que me refiero, y sonrió. Así que no te asustes si empieza a preguntarte sobre marcas, firmas, diseñadores y tendencias. Si eres un poco listo sabrás llevar la entrevista por donde tú quieras y que la gente sepa a qué te dedicas en realidad. Si no lo consigues ocurrirán dos cosas: que los espectadores no sepan quién eres o que piensen que eres una marica moderna” dijo y yo no pude evitar reírme.
  • -Ahora te dejaré en maquillaje y luego te llevaremos a plató para presentarte a Eloísa, antes de entrar en directo. ¿Te han entrevistado antes?
  • -Sí, pero nunca en televisión.
  • -Tranquilo. El secreto de la naturalidad consiste en creer que estas en una cafetería hablando con la mejor amiga de tu novio. Es decir: incómodo pero entretenido.
Mientras estaba en maquillaje me llamó Camila, que, después de contarme la cantidad de rayas de coca que se había esnifado Alexander McQueen la noche anterior, mientras tomaba copas con ella y con la Moss, en la inauguración del nuevo templo de las Celebrities en Londres, se interesó por mi vida en la ciudad y por mi primer informe, del cual se sentía, según dijo: “Very Proud”; como si lo hubiera escrito ella, la muy Cerda.
  • -He estado toda la semana follando con dos alemanes que pasaban unos días de vacaciones- y ella indignada por el descaro colgó el teléfono. ¿Por qué se puede hablar de alcohol y drogas con naturalidad pero de sexo homosexual no?
Tras mes y medio en Barcelona ya era “punto de interés turístico” en la guía Gay Alemana de Barcelona, por que me he liado con la mitad de los alemanes que visitan la ciudad (lo que me puede gustar a mi un alemán, ¡por favor! ¿he dicho ALEMÁN?…) El otro día salí tan animado de la actuación de las “Shimai” en el hotel Axel que me fui a tomar unas copas. Después del primer Vodka Tonic en el bar del hotel me acerqué a La Chapelle, en la calle Muntaner. Un bar pequeñito, bastante Kitsch, y con afluencia de hombres grandes y fuertes, al menos las veces que voy yo (que parece que los huelo porque siempre que voy allí acabo liado con dos o tres; ¡qué le voy a hacer si me viene de familia!). Así que después de pedirle una copa y el número de teléfono al chulo que regenta al garito (por cuarta vez) y recibir calabazas (por cuarta vez) ya estaba intimando con Hasting, Geert , Hahn y Jürgen . Cuatro maromos de impresión a los que les parecí “So Cute” (as usual!). Hahn y Geert eran pareja desde hace quince años pero los otros dos no, y además de estar solteros venían bastante salidos tras una semana de crucero “cultural” rodeados de abuelos Franceses. Por lo que después de varios tocamientos e intimar verbalmente mientras nos emborrachábamos, cuando cerró el bar los metí en un taxi y me los llevé a casa para terminar de intimar… Resultado: una lámpara rota, sofá, alfombra y pared manchados, botella y media de Vodka y cinco condones llenos de amor en la papelera de mi baño; ¡Aysshh!... La tal Eloísa era guapa. Muy guapa, que diría Cavalli (imbécil). Pero llega a nacer un poco más tonta y tienen que llevarle las babas a parte para luego metérselas en la boca.
  • -No pensé que fueras tan guapo- dijo ella, tan ancha.- ¿Por qué no eres modelo?
  • -¿Por que no sufro anorexia?- dije sonriendo y ella pareció tener un orgasmo, hasta que me di cuenta de que tan sólo se reía.
Y fue entonces cuando su tontería aumentó hasta límites insospechados al realizar, mucho antes de lo que esperaba, la pregunta que todo el mundo espera que haga cualquier J.A.E. (Joven Absurda Equivocada):
  • -¿Crees que soy moderna?- que además adornó con el esperado (se abre la veda)- Y quiero que seas absolutamente sincero- con el que tú, automáticamente, piensas: “ ¡Te vas a cagar!”
Teniendo en cuenta que llevaba el pelo a lo Kim Bassiger en Nueve semanas y media, que el vestido, además de grande, era de algún diseñador misógino y que sus zapatos no tenían nada que ver con la temporada del año en la que estamos “I’m Sorry, Honey” pero no eres nada moderna, decidí hacer caso a los gestos desesperados de Ania que, por detrás de la cabeza de Eloísa, me rogaba que fuera E D U C A D O. Por lo que respondí con un discreto: “Podemos decir que si”. Había ganado. Aquella mentira me otorgó los minutos de más audiencia de la semana, la mejor entrevista de Eloísa hasta el momento en dos años de programa, la felicitación del director (amigo de Eloísa) y la consiguiente propuesta de trabajo como colaborador semanal del programa de la tarde; a la cual rehusé por exclusividad de contrato con mi agencia en Londres y por que una mierda voy a trabajar YO en una tele local.
  • -Si te apetece comemos juntos; es que no me gusta comer sola- me dijo Ania, y me pareció tan descaradamente sincera que no me pude negar. -Además quiero pedirte disculpas por la encerrona de mi Director.
  • -No te disculpes tú por eso- le dije sonriendo.
Me llevó a un bar de menú por doce euros cerca de allí. Cuando entré me dieron ganas de echarme a correr en busca del primer taxi, pero me advirtió que se comía muy bien y que no me dejase llevar por las apariencias; a mi, que precisamente es por lo que me pagan: por fijarme en la apariencias. Ya sentados y servidos se interesó por mi vida: estudios, familia y esas cosas. A mi no me gusta mentir así que le conté mis comienzos en Calvin Klein en NY, la experiencia de la moda in situ en aquellos años de pasarela, mi vida en Londres (la mejor ciudad del mundo para divertirse si consigues aislarte de los British) y lo de mi madre. “No te preocupes. A menor escala, y con menos dosis de Glamour, en mi familia tengo unas cuantas historias parecidas”- me dijo riendo sin parar. Cuando terminamos de comer me acompañó ha coger un taxi.
  • -Tengo tu número de teléfono y te agregaré como amigo al Facebook- dijo mientras se despedía. – Me gustaría salir una noche contigo; mis amigos te encantarían.
  • -Estaré encantado. Llámame cuando quieras- le contesté, ya dentro del coche.
Me sentía tan bien que decidí pasarme por Kiehl’s a comprarme unas cremitas y dedicar la tarde a tener “Un Día Con Las Chicas”, y así estar radiante para la cena de despedida de los chulazos alemanes. Al llegar a casa, mi vecina la del cuarto, una señora de setenta años, bastante desagradable de aspecto pero de buenos modales, excesivamente amable y sin familia, me comenta la urgencia de realizar una reunión de vecinos porque llevaba varias noches oyendo, por el patio interior del edificio, el que comunica los baños, y a altas horas de la madrugada risas, ruidos y un descontrolado uso del agua de la ducha: “Con la sequía que hay en este país”-dijo ofendida. “Eso es que tiene el sueño ligero y cualquier ruido la desvela”- le dije, y me la llevé cogida del brazo calle abajo hasta la farmacia de un niñato de veintipocos (con más rabo que la pantera rosa) que de vez en cuando me visita en casa, para comprarle (de extraperlo) unas pastillitas: “Que le proporcionarán ocho horas de sueño seguidas; si no la matan antes, claro”- le dije, mientras pensaba que no sería precisamente ella la que cortara el goteo de amantes, alcohol y desenfreno sexual en el lujo de vida que hace años decidí disfrutar.

25 septiembre, 2008

CAPITULO DOS. "Stereo-fónica"

Mi madre ha paseado su culo operado por medio mundo con la intención de quedarse pero siempre regresa a USA. Tiene más pilotos en su haber que kilómetros un cantante de Rock.
  • - Es que imagina qué podría hacer yo ahora mismo viviendo en Marbella- me decía el otro día- ¿O en Murcia?
  • - ¡Ni se te ocurra!
  • - Llevo muchos años fuera, de un lado para otro. He estado en todos los lugares del mundo en los que he querido estar, y en los que no, y donde mejor me encuentro es aquí, qué le voy a hacer.
  • - ¿Dónde has estado últimamente, Mamá?- pregunté.
  • - En tu casa, en Lóndres- contestó.
  • - ¿¡Qué!? ¿En mi casa? Mamá, mi casa está alquilada- dije enfadado.
  • - Sí. Por un chico muy bien educado: John. Estuvo muy atento y se alegró muchísimo de conocerme y de tenerme allí unos días.
  • - ¿¡Días!?- pregunté desquiciado.
  • - Tan sólo dos. Luego estuve con Mary Kate y su nuevo marido, que se han instalado en Richmond Upon Thames, en un piso precioso- dijo con voz alegre.- Además, hemos planeado hacer juntos un crucero por el caribe dentro de unos meses; será la octava ya.
  • - Mamá. Mary Kate y tú debéis estar hartas de ese viaje- dije.
  • - No, no, “Honey”. El crucero lo haré con John- dijo y entonces YO le colgué el teléfono.
Era una forma divina de empezar el día. Las buenas críticas de los conciertos que da Madonna en Sevilla y Valencia, en los periódicos, me hacen reír tanto que se me derrama el café por el suelo del bar donde desayuno, de vez en cuando, debajo de mi casa. Pido disculpas y pago, antes de se pongan a limpiarlo y me manchen el pantalón (no entiendo esa manía que tienen en este país de limpiarlo todo con lejía y cocinarlo todo con ajo (God Bless Victoria Beckam!) Mi amiga Elga (una sueca de dos metros de alto) se dedica a la crítica musical. Elga, decidió, hace años, dedicarse al Pop y a la música “moderna” (electro, electro- rock, electro- chic, electro- punk, electro- retro, electro- me lo invento) porque jamás entendió la fascinación de la gente por el jazz (Oh My God! No sé que haría si perdiera mis cd’s de Chet Baker). La culpable de que Britney Spears cayese en el foso de las bestias fue en parte de ella, cuando destrozó (sin decoro, ni compasión) el último grandes éxitos de la cantante. Elga y yo nos conocimos en Nueva York, cuando estudiábamos. A mi me llamó la atención su “Europe-style” y no me pude resistir. Tenía un horrible acento de “Flo-ur-ida” (donde su familia la envió a estudiar) y se hacía llamar Bettsy, ya que su nombre sonaba demasiado a Ruso; y en la era Gorvachov aquello era una lacra en Estados Unidos. Elga y yo comenzamos a ir a fiestas, conciertos , subastas y exposiciones hasta convertirnos en imprescindibles en el panorama neoyorquino. Luego regresamos a Europa, pero cada uno por su lado. Elga me envió un email desde Cardiff, y luego otro desde Niza, y otro desde Berlín y así desde todas las ciudades donde la Diva iba dando conciertos, y siempre con el mismo texto: “ Si quieres escuchar al Pato Donald desafinando ve a verla. ¡Qué horror de concierto, pero cómo Amo a esta mujer!”. Elga (Bettsy) decidió seguirla por todo el planeta y compró entradas para todos los conciertos de la gira. La excusa: hacer un seguimiento de la gira (conversando con fans y con los trabajadores de la Diva en el tour) que finalizaría con una entrevista a la cantante(¿?) para un gran reportaje que Vanity Fair le había comprado a Elga, con anterioridad, previo pago de MUCHO dinero. Pero en Barcelona no hay Celebrities y es maravilloso. No es que me desagraden, es que no me caen bien. Bueno no es cierto: YO, no les caigo bien a ellos. Recuerdo las veces que he tenido que compartir “Front Row” con alguno de ellos, cuando hacía pasarela. O en cócteles o en fiestas o en orgías (algún día escribiré las “Crónicas de Narnia del sexo con famosos”, puffff…). Lo peor de las celebrities es que dan por hecho tantas cosas que su conversación es , en la mayoría de las ocasiones, INSOPORTABLE. Lo mejor, es que subestiman la más importante: Que soy más rico que la mayoría de ellos y sus Glamurosas vidas para mi no lo son tanto. Llevo rodeado de lujo y dinero desde que mi madre decidió ganarse la vida de rodillas y utilizando la boca. He tenido siempre más dinero del que haya podido gastar nunca.
  • - He pensado que podríamos pasar unos días juntos en Barcelona antes de que regrese a Chicago.
  • - Mamá, estoy muy enfadado. No puedes ir a mi casa y decirle a mi inquilino que te aloje sólo porque eres mi madre- le dije realmente enfadado.
  • - Oh, Sweety. C’mon! Me aburro en los hoteles, ya lo sabes- dijo ella.
Es imposible. Sin quererlo mi madre se ha convertido en una de ellos y me saca de quicio. Ha sido considerada la mujer mejor vestida del año en nueve ocasiones (celebrándolo en Milán junto a (SOY YO) Giorgio Armani), la más operada en cuatro (y que ahora ostenta Cher), mujer más influyente en NYC en el año 1994, aunque aún no se han atrevido a darle el premio en el que todavía no tiene rival posible: La Más Puta (aunque estemos hablando de Madonna).
  • - No pareces hijo mío. No te gusta divertirte - sentencia con dramatismo Hollywoodiense.
  • - Seguro que es por que me parezco a mi padre; si recuerdas quién es, claro.
Decido pasear para calmarme; que al fin y al cabo es por lo que me pagan. Son las 10 de la mañana, es domingo y brilla el sol. A pesar de lo que pueda parecer disfruto más de las mañanas que de las noches y descubro que las mañanas en esta ciudad están llenas de luz; al menos por ahora. Cojo mi cámara de fotos, mi moleskine y mi ipod, y me voy hasta el centro de la ciudad: plaza Catalunya. Bajo hasta Consell de Cent y giro hasta Rambla Catalunya. Allí me encuentro con las pijas de siempre (reconocibles en cualquier lugar del mundo: jerseys de cashmere y perlas; una moda de los noventa que diez años después causa furor; y escozor) y con turistas del norte que, no importa el clima que tengamos, ellos siempre llevarán pantalón corto de pinzas, chubasquero y mochila (y que, depende de la zona norte de Europa de la que provengan, a veces, su look se adereza con sandalias y calcetines: “Todo Un Clásico”). Ya en Plaza Catalunya la comunidad hispana se hace notar: pelo cardado con mucha laca(o liso extremo a base de químicos y largas sesiones de secador) jeans ceñidos al cuerpo (que si son de dos tallas menos MEJOR), tops (en dos versiones distintas: con o sin BARRIGA), zapatos-imposibles de colores-imposibles en pies-imposibles con uñas de color-imposible, y mucho complemento (como si les fuera la vida en ello). Pero ellos son los mejores: jeans (dos tallas más grande), polo (con el logo de Ralph Laurent al revés: el caballo hacia la derecha), un gorra a juego con unas zapatillas deportivas donde se vea mucho la marca, o el look “Soy-del-Bronx-pero-no-hablo-inglés” (que pusieron de moda los raperos de los noventa que ahora visten los trajes de (SOY YO) Giorgio Armani, aunque continúen cargados de oro; ni que fueran gitanos). Pero estoy tan inmunizado que nada, por muy descabellado que sea, consigue provocarme el vómito como cuando empecé en este mundo (¡qué años aquellos, Aysh!). Mi observación va por encima de lo que se ve. Por eso no me preocupo de las modas; lo que se lleva y lo que no. Hasta que me obligan a ser parte de todo este Bussines.
  • - Perdona ¿quién dices que eres?- le pregunto atónito a la voz cantarina de la muchacha que me llama.
  • - Ania Díaz: directora comercial de Btv (Barcelona televisión)- contesta, amablemente por cuarta vez.
  • - Es que… ¿Cómo sabéis mi número y a lo que me dedico? ¿Vais espiando a la gente?- pregunté, sin salir de mi asombro.
  • - ¡¿Oiga!?- responde ella, que seguidamente ríe. – Te reconocí el otro día en el estreno de la peli de Woody Allen e hice un par de llamadas…
  • Me quedé en silencio. No daba crédito.
  • - Y ¿qué puedo hacer por ti?- le pregunté, estupefacto ante Mata Hari.
  • - Venir a nuestros estudios y concedernos una entrevista. Tu jefa, Camila, creo recordar que se llama, me dijo que no habría ningún problema, que eras muy amable- dijo, y se quedó unos segundos en silencio escuchando cómo mi respiración se aceleraba. - ¿Qué dices?- preguntó finalmente.
  • - La mato- dije y ella soltó una carcajada.

11 septiembre, 2008

CAPITULO UNO. "Sencillamente perfecto"

A las Ocho de la mañana mi blackberry empieza a vibrar, inesperadamente, sobre la mesa de noche, al ritmo de la maravillosa voz de Miss Jennifer Hudson cantando “Spotlight”.
  • - Camilla son las ocho de la mañana. ¿Lo sabes?- dije enojado sin ni siquiera saludar.
  • - Sí. Y las siete en Londres, ya lo sé. ¿Dónde estás? No te veo- dijo.
En ese momento me dije que no podía ser verdad, que aún dormía y que estaba soñando, pues a nadie más que a ella se le ocurriría hacer una video llamada a esa hora; ya que su cara luce a las siete de la mañana tan perfecta como a las siete de la tarde (la muy hijalagranputa).
  • - No me puedo creer que me estés video llamando, Camilla.
  • - Peter, “honey”- dijo en perfecto acento americano como buena Uruguya educada en Miami.- La tecnología es aliada nunca enemiga.
¿Aliada? Será zorra, pensé. Si se levanta una hora antes de la de rigor para dibujarse la cara antes de ir al despacho.
  • - “Honey”- le dije imitando el acento. -Con base Full Coverage de Mac, compactos de Chanel, sombras de Dior y el lipgloss nº 18 “Drama Queen” de Helena Rubinstein la tecnología se alía con cualquiera.
  • - Un hombre, por muy gay que sea, no debería estar al corriente del mejor maquillaje.
  • - ¡Qué básica eres! Camilla, cariño…
  • - Han pasado ya dos semanas, Peter, y aún no sé nada de ti- terminó y se quedó en silencio.
¿Qué estaba ocurriendo? Camilla ¿preocupada? ¿Ella? La única vez que la vi preocupada fue cuando aparecieron unas fotos en la portada del The Sun a la salida de una fiesta de McQueen donde, los paparazzis fotografiaron a Kate Moss puestísima de todo, cogida de su brazo. Pero a Camilla ni las fotos ni la cara descompuesta de Kate le preocuparon tanto como la camiseta de H&M y el chadal (de Stella McCartney, sí, pero un chandal al fin y al cabo) que lucía ella en todo aquel tinglado. “Es mi ruina”- dijo realmente afectada, tomando un blodymary para la resaca en su despacho; pero nadie le dijo que se fuera a la fiesta del mes después del Gim, para hacerse la cool (pero claro: “ Si Madonna pasea sus Chandal por las calles de Londres ¿por qué ella no?).
  • - Se puede saber ¿qué has estado haciendo?- preguntó.
  • - Habituándome a la ciudad y buscando piso; que no ha sido fácil.
  • - ¡Venga ya! Mucha gente mataría por un apartamento en el centro de Barcelona.
  • - Pues parece ser la forma de conseguir algo decente.
Al tercer día de mi llegada pregunte en la recepción del hotel para ver si me daban alguna idea de encontrar algo de un modo fácil. El muchacho (con unas mechas rubias horribles pero muy amable, eso sí) me comentó las dificultades de la ciudad para encontrar piso y que, por eso, sería mejor que me planteara la idea de buscar una habitación en un piso compartido. Me quedé estupefacto. ¿Aquel chico había insinuado que compartiera la estantería del baño con las cremas de otro? Tras varios segundos de silencio en los que me convencí de que aquel muchacho de mechas rubias (que seguro le había hecho una amiga en casa) hablaba en serio, comencé a reírme sin parar, por la osadía. Las mejillas del muchacho tornaron del blanco (ausencia-de-sol) al rojo (vengo-de-la-playa) ante las atentas miradas del resto de clientes del hotel que veían, con asombro, cómo yo me doblaba progresivamente por la risa hasta quedarme, literalmente, agarrado al mostrador de la recepción con la punta de los dedos, para no caerme al suelo.
  • - Cariño- le dije recuperando la compostura.- Ni siquiera cuado me ligo a un chulo me lo llevo a casa . Y me marché secándome las lágrimas.
Así que decidí olvidarme de buscar y poner el caso en manos de una inmobiliaria; total tenía todo el tiempo del mundo. El señor vestido de idiota que tienen en la entrada del hotel Majestic, me abrió la puerta y el calor me pegó fuerte en la cara. Nadie me había advertido de que la humedad en esta ciudad te hace sudar hasta límites insospechados (en lugares insospechados). No tengo problemas con el sudor (al menos desde que me inyecto botox en las axilas para no sudar). Pero no me hace ninguna gracia tener la cara llena de grasa y aspecto de haber corrido la maratón Olímpica allá donde vaya. Y a pesar de ser una realidad, el taxista que me llevó hasta Mauri, para desayunar, me hizo sudar tanto dentro de su vehículo que al llegar más que subido en él taxi parecía que había llegado empujándolo. –“¿Es que no conocen el aire acondicionado?”- pensé. Llegué a Mauri, me senté junto a la ventana y pedí un café con leche. Saqué mi MacBook de la mochila para revisar emails y conectarme con la web de alguna inmobiliaria. La camarera (sólo trabajan mujeres) muy amable me dio los buenos días y dejó el café sobre la mesa. Mauri es el mejor lugar de Barcelona para desayunar. La selección de bocadillos y tan bien envueltos en ese papel, los pastelitos, el café… Aunque lo mejor es toda la “Gama alta” de la Jet set Barcelonesa mostrando pieles, joyas y laca; mucha laca. Barcelona guarda todavía ese rollito de clases sociales que aún se vive en los pueblos de Inglatera, y la Rambla Catalunya es el lugar perfecto para disfrutalo. Me lo recomendó una amiga Australiana adicta al sándwich de lomo rebozado que hacen allí y reconozco que después de probarlo vengo varias veces a la semana a desayunar; aunque yo prefiero el sándwich de rosbif con mostaza. Después de varias llamadas en las que se pensaron que era uno de esos clientes a los que no les importa perder el tiempo al teléfono (¡qué valor!) una chica me dijo que en su base de datos tenía algo similar a lo que andaba buscando. Era la primera de cuatro intentos. Así que quedé con ella en la esquina de Consell De Cent con la calle Muntaner. “Una finca regia del siglo pasado, preciosa”- me dijo por teléfono, claro que supongo que la muchacha era de esas personas que aún piensan que el siglo pasado es el XIX por que el edificio se caía a pedazos. Cuando llegó, y tras disculparse por los diez minutos de retraso, me explicó que no me dejara impresionar por el aspecto exterior, ya que el interior estaba recién restaurado y el piso era de obra reciente a estrenar. Tengo dos pisos en propiedad (Nueva York y Londres ) y otro de alquiler (París), es decir: ni me inmuté. Lo más gracioso es que tenía razón. Por dentro era precioso. Habían recuperado todo el esplendor modernista del portal y el brillo del mármol de la escalera que alguien en la década de los ochenta decidió esconder por que no era moderno (Please God: make me blind!). La muchacha se dirigió hacia la escalera y aunque mi intención fue la de ir en busca del ascensor ella, sin ni siquiera girar la cabeza (¡GRANDE!) me dijo: “No te molestes. Si quieres este piso tendrás que mover el culo”. Así que movido por la curiosidad seguí a la muchacha de piernas esbeltas (y zapatos baratos) hasta el piso cuatro. No me gustó. Le había dicho que quería un ático bien iluminado, con terraza de las dimensiones que fueran (total no iba a montar una piscina ni una residencia de ancianos) y con tres habitaciones mínimo. Pero creo que se acojonan cuando les dicen que no te importa la cantidad (sobre todo si no la pagas tú, ¿qué tal?). Así que concerté un par de citas más para ese día y otras cuantas más para el día siguiente. De regreso al hotel me llamó mi amigo, John, que se enteró por el Facebook que me iba a Barcelona por una temporada y quedamos para cenar en el restaurante del hotel: el Drolma (menos mal, por que esta ciudad no se puede decir que sea la ciudad de la diversión, y mucho menos un martes por la noche). John es de esos hombres que quita el hipo. Alto (my alto), guapo (muy guapo) y grande (muy grande), perfecto para ir a cenar. Lleva en el mundo de la moda desde que tiene 8 años haciendo anuncios para televisión. Con 19 años dejó su Manchester natal para irse a Milán pero no tuvo mucha suerte (Italianos, ya se sabe) y cuando llegó a París se comió el mundo. Una amiga mía que trabajaba en su agencia me dijo que acababa de llegar y que no tenía donde hospedarse, que era un trozo de pan y que tenía mucho futuro pero que si se marchaba en ese momento, por no tener dinero, se iría todo a la mierda. Así que lo tuve en casa durante unos meses; y nos hicimos muy amigos. En aquel momento trabajaba haciendo las crónicas de las pasarelas europeas para varias revistas americanas y me lo llevaba a todas partes. Como el muchacho no pasa desapercibido, no tardaron en ofrecerle cosas, y ahora está en lo más alto. Pero tiene un gran problema: se pierde por unas bragas. Me contó que había recorrido miles de kilómetros detrás de una modelo Australiana con la que había trabajado varias veces, pero que a ella no le interesaba él lo más mínimo (claro- pensé- por que ella quiere ligarse a alguien parecido a Favio Briatore y dedicarse a tener hijos como una coneja, que es lo que hacen todas) y que estaba echo polvo y bla, bla, bla... me marea. No entiendo cómo los hombres llegan a perder tanto la cabeza por una mujer que les diga que no, perdiendo la cordura y la mitad de sus fortunas, en fin; pero le tengo tanto cariño que no me molesta que me cuente todas sus batallas (y además es tan guapo que por verle la cara le dejo que me lea la biblia, si quiere). Total. Después de dos botellas de Les Brugueres y cuatro Vodkatonic a él se lo llevó un taxi calle arriba y yo me fui a la habitación, por no quedarme más remedio… Al día siguiente las visitas a los pisos que tenía concertadas resultaron más desalentadoras de lo que esperaba (como suele pasar). Una señora (que además venía borracha de anís) incluso me intentó alquilar un piso donde el baño era del mismo tamaño que el de cualquier baño, de cualquier avión, en los que he viajado. De hecho, si te sentabas en la taza tenias que levantar el labavo con el hombro o cagar de lado, lo que dificulta gravemente la faena. Para colmo, ya en el salón, me dice: -“Y la tele es de las de color y todo, ¿eh?” – con marcadísimo acento Catalán mientras intentaba no caerse sobre un sofá de ski rojo granate que alguien se dejó allí olvidado allá por el año 1957. Luego se empeñaba en acercarse para decirme las ventajas de usar bombona de butano, con el asco que me da a mi el olor a anís (PUAG). Al final me pareció tan pintoresca, la señora, que le pedí por favor que me dejara sacarle una foto para utilizarla en mis postales de Halloween y ella quedó encantada y se dejó, ¡qué pena!
  • - Pero al final ¿has conseguido piso o no?- preguntó Camilla, casi gritando, desde el otro lado del teléfono, con esa peculiar intranquilidad típica de las “celebrities” cuando quieren saberlo todo YA.
Pero me quedé unos segundos pensando en lo fácil que resultan a veces las cosas. Tan sólo teniendo claro lo que quieres. Y en eso, con los años, me he convertido en un verdadero experto.
  • - Pues claro que sí: un ático precioso de 80 metros cuadrados y 30 de terraza en Enric Granados con la calle Valencia.
Sencillamente: perfecto.

04 septiembre, 2008

Presentación

Cuando mi jefa, en su despacho, me dijo que me enviarían un año a Barcelona más que alegrarme sentí que me mareaba.

- ¿Has estado antes allí?- me preguntó con voz dulce sobre aquellos maravillosos Gucci de 15 cm que sólo ella y Naomi Cambell saben llevar. Me quedé mirándola con expresión indiferente, como es normal ante una pregunta directa sea de la índole que sea. Pues lo único que recuerdo de aquel viaje es que esnifé tanto Popper que estuve mareado cuatro días. Pero deduje que eso a ella no le interesaba y respondí con un sencillo: - Una vez; sí. Fui un fin de semana hace un año, para un “Bread & Butter”. Estuve tres días y cuatro borracho. Recorrí todos los bares incluyendo el Strass (que es el lugar más penoso en el que he estado en mi vida superando, incluso, a un mítico bar de lesbianas negras en Brooklyn que se llamaba “The Black cave”). Viernes Metro Disco y luego de after en Balmes 88. Sábado Salvation y después Souvenir. Y como no podía ser de otro modo, el Domingo por la tarde Sauna Casanova; donde dos alemanes con la altura del Coloso de Rodas me destrozaron el culo y la dignidad (y varias neuronas. ¡Qué manera de esnifar Popper!) Y aunque Camilla y yo somos buenos amigos sé que muere por saber qué hace toda la gente que conoce (convirtiéndose en la persona más gay que la mayoría de los gays que conozco). Pero mi espíritu conservador me ata en la prudencia y me obliga a callar, consiguiendo ser más odiado, si cabe, en este mundo donde ser excesivo significa acceder directamente al Olimpo. Pero a mi el Olimpo nunca me ha atraído lo suficiente; está demasiado lejos. Siempre preferí los chicos de la calle a los de la Super Pop, la ropa de la Nancy a la de Barbie , Olé Olé a Mecano. Esto me llevó a fijarme más en la ropa que llevaban mis compañeras de clase en el Instituto que en la que aparecía en el Vogue. Mi despertar a la moda surgió en los noventa, justo después de los excesos de los ochenta: la década dorada de Gaultier y Lacroix ( y los avances tecnológicos de Estee Lauder, claro). Mi madre que es muy avispada (y de quién heredé el fanatismo por las cremas faciales) se dio cuenta enseguida de mi habilidad para combinar y detectar imitaciones de diseñadores y me envió (con el beneplácito y la cuenta corriente de su Rico- Novio- Americano) a estudiar diseño a Nueva York. Viví en la 79th con Broadway, al lado de la Iglesia Evangelista y la boca de metro de la Línea roja de Manhatan; la línea que atraviesa la isla de Norte a Sur. Esa línea de metro me marcó de por vida. Y aunque la ridícula y estirada Carrie Bradshaw y sus “inverosímiles” amigas siempre se movieran en Taxi por la ciudad, la verdadera esencia de Nueva York está bajo tierra, en el Subway: donde todas las clases sociales, TODAS, se unen en los mismos metros cuadrados. Allí, antes de terminar mis estudios, y por méritos académicos, empecé a trabajar en las oficinas de Calvin Klein, ordenando, clasificando, etiquetando colecciones y comprobando materiales. La mismísima mano derecha del propio Richard vino a la escuela a buscar un ayudante para el “Closet” de su oficina en Manhattan. Con ellos aprendí que es más importante la materia prima que la marca. Su filosofía se podría definir en: “Si lo puedes hacer en Taiwan con la mitad de tu dinero y venderlo luego a precio de oro con tu etiqueta, hazlo”; claro que habría que añadirle: “pero JAMÁS te lo pongas tú”; cinismo Calvin Klein. Claire, jamás vistió nada de la marca para la que trabajaba excepto en alguna fiesta en la que se veía obligada a asistir. Y auque esto es motivo ya no sólo de despido, sino de traición a la corona o excomulgación, Claire elevó la osadía a simbólico mito dentro del Fashion Business, todo el mundo la envidiaba por ello. De hecho el día que fue a la escuela vestía Armani de pies a cabeza; ¡Grande! Se sabía de su existencia pero era más anti star system que la propia Coco Chanel, así que vivía casi en el anonimato, de cara a las revistas. Durante los cinco años que estuve viviendo y estudiando allí mi madre se dedicó a recorrer el país. Nunca ha tenido ni residencia ni marido fijo, de hecho se casó 2 veces en Nevada y 8 en Las Vegas; donde se convirtió en Multimillonaria apostando a la ruleta con el dinero de un magnate (mafioso) italiano al que convenció, mediante práticas de sexo tántrico (donde era una verdadera experta, según tengo entendido) y alguna que otra felatio sin dentadura (que más tarde cambiaría por una fija cuando se hizo adicta a la cirugía estética, el día que se dio cuenta de que sus caderas YA no cabían la talla menos cero que siempre había usado) para que me adoptase a mi como hijo suyo y así cambiarme el nombre y el apellido. A mi de entrada me pareció demasiado, pero como ella misma me explicó: “ Si te dedicas a esto de la moda tendrás más posibilidades de triunfar llamándote Peter Ciccone, de Nueva York, que Pedro Gutiérrez, de Murcia”. Casi en la misma época en la que me cambiaron el nombre nació un término dentro del mundo de la moda para denominar a algunos de los Gurus de moda; que no so ni diseñadores ni modelos. Un “Cool hunter” es una persona con la capacidad de adivinar qué estará de moda dentro de unos años analizando lo que se lleva ahora. Algo así como el hombre del tiempo pero sin satélites en órbita. Su capacidad para analizar el “streetwear” y adelantarse a los acontecimientos, y que tanto los diseñadores como las marcas continúen siendo negocios rentables, los convierte casi en intocables. La moda surge y cambia en la calle. Las pasarelas tan sólo son los apuntes de los Coolhunters de todo el planeta. Y aunque muchos son los que dicen dedicarse a eso, sólo unos pocos pertenecemos a la ÉLITE. Y esto se paga. Mi nombre es Peter Ciccone. Soy Coolhunter y, ahora, vivo en Barcelona.

01 septiembre, 2008

So Chic

Las aventuras de un Chico Moderno en Barcelona. Lo mejor de la próxima temporada. NO TE LO PUEDES PERDER ¡¡PRÓXIMAMENTE!!