Hace unos años, en el aeropuerto de Orly, me tropecé (literalmente) con una señora por mirar a otra. Me tropecé porque iba fijándome en sus zapatos y no me di cuenta de que la otra venía de frente hacia mi. Pedí perdón, me levanté y seguí a mi Dorothy de chapines ‘verdes’.
Eran unos Pumps color verde oscuro de corte Gucci, acompañados de un impecable Sybila verde y un abrigo rojo colgado del mismo brazo donde colgaba un bolso Kelly de Hermes, también verde. Era tan elegante que sentí vergüenza incluso al seguirla con la mirada. La mujer caminaba con toda soltura por el aeropuerto hacia la aduana, con su melena morena sobre los hombros, con tanto estilo que las cabezas giraban para mirarla, a su paso. Verde – me dije.
Llamé a mi madre y le describí a la mujer por si la conocía. María Mier de la Torre– dijo ella enseguida. Mexicana y heredera de la fortuna de su abuelo y dueña absoluta de las fábricas de tejidos y de azúcar de su familia. Rica desde la cuna y preparada, por decisión de su abuelo, en París y en USA. Separada de Pierre Dubois y madre de Carlota Dubois (modelo fetiche de Lacroix; My GOSH!). Con aquel curriculum no era de extrañar que tuviera aquella planta. Así que, aproveché la sala VIP del aeropuerto para hablar con ella.
Cuando me presenté y le dije quién era mi madre se levantó y me dio un abrazo.
- Hace años que no la veo, curioso pues compartimos amistades en NY y aquí en París. ¿dónde está ahora? – preguntó María.
- En un clínica en Suiza, con dos amigas, haciéndose tratamientos de belleza – dije yo levantando la ceja.
- Es tan elegante tu madre, Peter. Durante años, mi familia tuvo empresas en Texas y la veía mucho. Recuerdo que una noche, antes de irme a dormir, le dije a mi madre que quería parecerme a ella.
- Espero que no… – dije yo en un susurro y ella rió.
María y yo volamos juntos a Londres. Ella iba a ver a su hija en la LondonFashionWeek y yo a una reunión en la agencia, así que, para celebrar el encuentro, cuando nos bajamos del avión, nos fuimos a cenar en su restaurante favorito, el Nahm.
- Verde- le dije a Camila nada más entrar en su despacho.
- ¿Quién?
- ¿Cómo quién? ¿Qué?
- ¿De qué hablas, Peter?
- Del color Verde. El verde oscuro es el nuevo color.
- Peter el verde oscuro significa negación de la vida y de la alegría.
- ¿Ahora eres filosofa? – pregunté anonadado.
- Casi nadie usa el verde por eso mismo.
- Sybila sí.
- Sybila. Tú y tu obsesión por esa mujer.
- Lleva usándolo muchos años… - dije casi en estado de éxtasis recordando un vestido que llevo Marisa Paredes en una entrega de premios hace años.
- Nadie querrá, no lo comprarán Peter – dijo y se sentó.
Entonces saqué mi BlackBerry del bolsillo y le mostré las fotos que le había hecho a María, a escondidas.
- Llamaré a todo el mundo – dijo Camila poniéndose de pie.
Hace una semana Carlota, la hija de María estaba en la portada de la edición inglesa del Vogue.
- ¿Qué haces? – preguntó mi madre.
- Leyendo el Vogue. ¿Me llamas por eso?
- ¿A que se parece a su madre? – preguntó. – Tan racial, tan guapa.
- ¿Te has fijado que va de verde? Y de Lacroix, nada menos – dije yo emocionado.
- Tiene tanto de la familia Mier, es clavada a su abuela. ¿Sabes que cuando iba a Texas vestía como Frida Khalo?
- ¿Hablas en serio? –pregunté sorprendido.
- En Mexico sólo existía Chanel para ella pero en USA reivindicaba sus raíces como nadie. Su foto aún cuelga del salón principal del hotel Renaissance, en Austin, y curiosamente en la foto va de verde.
- ¡Viva Mexico! – grité.
- Se rumorea que María es lesbiana.
- Ninguna lesbiana es tan elegante; mira Linsey Lohan.
- La Garbo era lesbiana- dijo mi madre muy seria.
- Sí. Por eso en todas las fotos parece un travesti.
- Whatever!
- ¿Has pensado en la invitación de Camila para Navidad?
- ¿A ti te apetece?
- Nunca me apetece ir a casa de Camila, pero puede estar bien; Gwitney Paltrow a confirmado que irá.
- Siempre que no lleve al hippie de su marido… - dijo mi madre y yo me reí (es cierto que junto a su mujer Chris Martin parece un hippie).
- Entonces ¿le digo que sí?
- Si, pero después tú y yo nos vamos a Punta del Este a tomar el sol.
- ¿Punta del Este, mamá?
- Sí. Quiero que conozcas a tu próximo padre – dijo y colgó.