24 noviembre, 2010

SoChic! Diario de la Ciudad Condal 28


-       La gente famosa sufre más que la anónima; es una evidencia – dijo Natasha, secando sutilmente sus labios con la servilleta, y yo asentí. Llevo toda la vida relacionado con gente ‘muy conocida’, y la presión mediática hace que o abandonen muy pronto o se vuelvan locos (¿os suena Britney Spears?). – Parece que no comprenden que las emociones se multiplican al controlar, constantemente, tus emociones en público. No son ni fríos ni secos, son auténticos controladores – terminó y sonrió.
La estricta educación inglesa de Natasha se percibe en cada suculenta palabra de su vocabulario. No suena demasiado culta, pero sabe exactamente cómo decir lo que quiere con una dulzura embriagadora.
-       El que lo supera consigue mantenerse el tiempo que quiera y decidir si se mantiene en un discreto segundo plano o llenando las portadas de las revistas. Como comprenderás, siendo la nieta de quien soy, ya sabrás por qué preferí convertirme en una fantasma.
-       En un fantasma muy elegante – dije y ella sonrió.
-       Personas como tu madre, Peter, son las que hacen que esto sea un ejemplo de que cualquiera puede conseguir lo que se propone en la vida, de la forma que sea, sin ser la hija o ni la nieta de nadie… - terminó en un suspiro.
-       Bueno, la forma de mi madre no ha sido muy ortodoxa, la verdad.
-       ¿Por qué no? – preguntó tranquilamente, con la mirada fija en mi. – Las mujeres somos conscientes del poder sexual que causamos en los hombres. Una cosa es follar y otra volver loco a un hombre – dijo y yo no pude evitar reírme. – Tu madre ha sido la mujer de la alta sociedad americana más deseada en treinta años consecutivos.
-       Eso es verdad…
-        Envidiada por esposas, criticada por inseguras y admirada por jovencitas como yo.
-       ¿Estás de broma? – dije sin querer hacer mucho caso a la posibilidad que el destino me ofrecía saber que la nieta de Vuitton era fan de mi madre.
-       Ser amiga de tu madre se puede comparar a la sensación que tuve cuando conocí al amor de mi vida – dijo y rió.
Durante la operación de mi madre Natasha no dejó de contarme historias de su familia, supongo que para hacerme olvidar la angustia de pensar que no volvería a ver a mi madre radiante mientras las chicas de Dior le hacían la mujer más feliz de la tierra. Se lo agradecí.
La operación duró unas escasas, e interminables, tres horas. El cirujano habló con nosotros después de la intervención y , tras darnos la buena noticia de que todo había salido mejor de lo esperado y que el tumor era más pequeño de lo que creían, tuvo que recogerme del suelo para reanimarme después de desmayarme a sus pies. Evidentemente, además preocuparse de mi madre, Natasha tuvo que hacer lo propio conmigo. Me sentí acogido por ella, y su mundo me ayudó a desviar la atención.
Días previos a ser hospitalizada, mi madre (como no) había programado la fiesta más ‘Chic’ del verano en Miami y, claro, nos fuimos de compras.
Mathew y yo, escoltados por mi madre y Natasha, nos fuimos a Gucci. Michelle, viejo amigo de la familia (y un invitado más a la fiesta de mi madre) nos arregló dos trajes de verano gris perla, y nos regaló unas camisas de esmoquin ‘monísimas’ de la nueva colección. Natasha nos llevó a su boutique y nos regaló zapatos y gemelos de la firma. Chanel nos brindó un almuerzo ligero, mientras mi madre elegía vestido, y al caer la tarde, Miss O’Hara Crawford, dueña de medio Miami, nos abrió las puertas de su casa, y a Mathew y a mi, la oportunidad de conocer a su sobrino Paul; modelo, gay y poseedor de un descomunal miembro, de considerable prestigio. Y es que si algo tiene Miami es que todo, incluido el sexo, es siempre oversized!
La aportación de Mathew a la fiesta (aparte de su incuestionable hermosura) fue una banda de jazz de New Orleans, con seis componentes: un bajo, un pianista, un batería, un guitarra, una cantante y un Dj que se encargaba de ‘revisar’ los clásicos (SoCool!). La lista de invitados pasó cuatro filtros antes de ser aceptada por mi madre y los directores de los cinco mejores hoteles de la ciudad frotaron las manos cuando la lista se hizo pública y se desveló el nombre de sus próximos exclusivos clientes. Camila me llamó estresada.
-       Peter, ¡tengo que ir a esa fiesta! – dijo gritando.
-       Holy shit! Camila. Me has dejado sordo.
-       Peter, no se habla de otra cosa. Stella McCartney ha confirmado que irá.
-       Ya lo sabía – le dije con calma. – La he sentado junto a Madonna; como se llevan tan bien….
-       ¿Qué?  ¿¡Irá Madonna!?
-       Camilla si no dejas de gritar, colgaré. Quisiera oír la música el día de la fiesta…
-       Cogeré un avión esta noche, ¡un jet! Lo pagaré. Pero déjame ir, Peter.
-       No puedo hacer nada en la lista de invitados. Sólo estarán los que mi madre quiere que estén, los cercanos, supongo.
-       Si claro. Ahora me dirás que Madona es intima de tu madre.
-       ¡Uy! Te sorprenderías de lo amigas que son.
-       Tengo la impresión que cada vez te conozco menos… - se sinceró Camila.
-       Como comprenderás estaré algo alejado del trabajo en los próximos meses – dije y Camila se olvidó de la fiesta y volvió a ser la amiga de siempre.
-       Te llamaré el día que la operan. Cuídate mucho. Un abrazo – dijo, colgó y en ese momento sentí que el mundo se me venía abajo.

Por suerte, estaba solo y pude desahogarme en la ducha bajo el agua caliente. Me metí en la cama desnudo y debí dormirme enseguida porque los besos de Mathew me devolvieron a la realidad cuando subió a dormir y entonces pude hablar, por primera vez, de lo mal que me sentía con alguien. Y menos mal. La mañana siguiente, Natasha dispuso que desayunaríamos en la piscina, para dejarle la cocina libre al servicio para la preparación de la fiesta. Mathew se marchó muy temprano a trabajar unas horas y yo me vestí de Prada para ir a desayunar.

-       Mamá ¿se puede saber qué haces?
-       Lo que cualquier madre haría si tuviera todo el dinero que tengo yo – dijo y sonrió con picardía.
-       Tengo mas dinero del que podría gastar, no quiero más. ¿Por qué no se los das a la fundación de Ophra?
-       Y ¿por qué habría de hacer eso teniendo un hijo?
-       ¿Por qué tu hijo no se morirá de hambre ni aunque viviera tres vidas seguidas?
-       Tres vidas seguidas son muchas vidas – dijo ella sonriendo, ante la atenta mirada de Natasha que no sabía si reír, llorar o aplaudir la ‘Sit com’ que presenciaba. – Ya hago mucha beneficencia, Peter; tengo corazón.
-       Si. En Dior lo celebran cada vez que te ven entrar por la puerta.
-       ¡Peter! – gritó mi madre avergonzada y Natasha tuvo que parar de beber antes de escupirle el café a alguien a la cara. – No me discutas. – continuó mi madre muy seria. – Pondré todas mis propiedades a tu nombre y haremos efectivo el testamento.
-       Dime que heredaré todos tus Balenciaga, por favor.
-       Peter, deja de frivolizar ¿quieres? – dijo mi madre ofendida, en un tono de voz poco usual hacia mi.
-       No frivolizo, intento quitarle hierro al asunto – dije, y llené de nuevo mi vaso con zumo de naranja. – Nada más.
-       Pues por un momento podrías tomarte la vida un poco en serio y dejar de hacer broma de todo lo que digo.
-       ¿Tomarme la vida en serio? – dije indignado.
-       Os veo luego, chicos – dijo Natasha y se levantó. Ni la miré.
-       Esto es muy serio, Peter, como para que bromees constantemente. Tengo cáncer y no sé si me voy a morir. Sólo pretendo dejarte lo mejor que tengo y que no te sientas mal si no salgo de esto, y tú parece que no sabes como me siento.
-       Y ¿Tú?
-       Yo ¿qué?
-       ¿Sabes tú como me siento yo? ¿Has pensado, siquiera, que la que puede morirse es Mi madre? – dije y ella se quedó callada. – Me hablas de frivolizar, Mamá, cuando parece que lo único que te importa es dejarme  ‘mas’ dinero del que ya tengo. ¿Te has preguntado si no es frívolo buscarme un novio para traerme a Miami y decirme que tienes cáncer, como has hecho, en vez de llamarme por teléfono y decírmelo, como haría cualquier madre normal?
-       Lo hice para que no sufrieras, Hijo – dijo ella en voz baja.
-       Y ¿por qué no piensas que yo estoy haciendo lo mismo ahora contigo, en vez llorar por las esquinas pensando que a lo mejor te pierdo para siempre – terminé sin evitar las lágrimas. – No has contado conmigo para algo tan importante como una enfermedad como esta, Mamá. Y, además, de tu poco ético procedimiento, tengo que tragarme una fiesta, docenas de personas a nuestro alrededor y que el pobre Mathew no reciba ni una caricia porque yo no tengo la cabeza para eso en este momento – dije apesadumbrado, entre lágrimas.
-       Lo siento – dijo mi madre cogiendo mi mano.
-       Pues no lo sientas y disfruta de esta forma tan maravillosa de evadir los problemas que es la frivolidad, porque créeme que, si se diera el caso, prefiero que te mueras viéndome feliz y bromeando.
-       Y yo también prefiero verte sonreír, Peter – me dijo ella con un brillo en los ojos que nunca antes había visto y me abrazó.

Pasamos el resto del día juntos, organizando la distribución de los invitados en las mesas y firmando las facturas, junto a Natasha. Almorzamos poco después las 12 (quizás temprano en España pero es que el desayuno en América se sirve a las 7 30 de la mañana) y luego dormimos unas horas, antes de comenzar a prepararnos para la fiesta.
 Aquella noche, la madre más orgullosa del mundo fue la anfitriona perfecta en la fiesta del año, según el Vanity Fair, y Mathew, al fin, y tras haberme sacado del cuerpo toda la angustia, supo porqué Peter Ciccone es el ‘Soltero del culo de Oro’.
-       Estabais tan guapos – dijo Camila desde su oficina. – Pero ¿por qué tu madre iba de Chanel?
-       Pues porque sabía que la mayoría vendría vestida de Dior por complacerla a ella.
-       Yo de mayor quiero ser como tu madre… - suspiró Camila para luego exclamar –  So Divine!
-       Tampoco te queda tanto, claro que no sé si te quedarían tan bien los vestidos como a ella.
-       Eso déjamelo a mi – dijo y ambos reímos.
-       ¿Qué tal está?
-       Bien. Durmiendo lo que no ha dormido nunca, pero el médico dice que es normal.
-       Y ¿tú como lo llevas?
-       Tranquilo, ya sabes… Natasha es una segunda madre excelente y está encantada conmigo, así que…
-       ¿Sabes una cosa? – preguntó de pronto. – No sé si te odio porque te admiro o te admiro porque te odio.
-       Vaya, es lo más profundo que has pensado en… ¿treinta y siete años?
-       Vete a la mierda, Peter.
-       No en serio – dije riendo. – Y además es un pensamiento sobre mi; me siento alagado.
-       Eres un frívolo, Peter Ciccone.
-       Gracias – respondí yo con una gran sonrisa en mi cara.
-       ¿Vendrás a Londres el mes que viene?
-       Iré para comer contigo y con tu jefe…
-       Nuestro jefe – se adelantó a rectificar Camila.
-       Pero regresaré a Barcelona el mismo día o el día siguiente para estar con mi madre.
-       Jamás pensé que podrías traerte a tu madre a vivir contigo a Barcelona.
-       Ni yo. Pero ¿qué iba a hacer? No quería dejarla en Miami, sola con Natasha.
-       ¿Ya se ha acostumbrado a tu casa?
-       El que no se acostumbra soy yo; para ella es como estar en un hotel y Natasha ha ido a ‘La Sagrada Familia’ diez veces en un mes – dije riendo. – Creo que el ayuntamiento ya se plantea hacerla hija predilecta de la ciudad.
-       Ya no tienes excusa para presentármela. Tengo un vuelo la semana que viene para ir a ver a tu madre a Barcelona – dijo Camila feliz.
-       Lo que no has hecho en dos años por mi lo haces por conocer a Natasha.
-       ¡Peter! – gritó. – Lo hago por tu madre.
-       Si claro… - dije yo haciendo burla.
-       Y, aunque no te lo creas, para darte un abrazo a ti también – dijo y yo me sentí muy bien. – Además, te llevaré tu regalo de Navidad adelantado.
-       ¿Qué es?
-       El Vogue con la editorial de Ultrafabulous!  con el reportaje de tu madre.
-       Te Amo, Camila – dije y ella soltó una carcajada.

20 septiembre, 2010

Peter Vs Roy (Conversaciones)


Peter
¿Por qué tengo la impresión de que quieres más a mi madre que a mi?

Roy
¿Vas a empezar por una pregunta?

Peter
Es una entrevista. En las entrevistas se hacen preguntas. Y tú has contestado con una, también.

Roy
Tienes razón.

Peter
Como siempre, pero aún no me has contestado.

Roy
Bueno. Supongo que deseo que tengas una madre como la tuya.

Peter
Mi madre es como tú quieres que sea, igual que yo.

Roy
No es del todo cierto. El personaje lo creé yo pero tú has caminado solo, has evolucionado.

Peter
Pues yo me veo donde siempre…

Roy
Ah ¿si?

Peter
Hombre trabajo en lo mismo y hago las mismas cosas que he hecho siempre; excepto drogarme. Ni siquiera fumo.

Roy
No lo has hecho nunca.

Peter
Hon! En el NY de los noventas, donde tú me colocaste, se fumaba, y mucho. Era…

Roy
¿Chic?

Peter
¿Por qué mi vida se escribe bajo el nombre de SoChic!?

Roy
Tu vida es Chic. Tú eres Chic.

Peter
¿Sabes el significado de esa palabra?

Roy
¿Te refieres al del diccionario o al de la calle?

Peter
Dime el de la calle, al fin y al cabo es donde trabajo.

Roy
El significado que tiene la gente hoy en día de la palabra chic, en este caso utilizada sobre una persona, es el de glamuroso.

Peter
Se repelen ambas palabras, Roy.

Roy
Claro. Pero hoy en día todas los significados están desvirtuados o cambiados.

Peter
¿Volvemos a mi madre?

Roy
Como quieras. ¿Qué quieres saber?

Peter
¿Por qué se fue de Murcia?

Roy
Se ahogaba. Tenía ambición, bueno la tiene. Se a hecho así misma, tu se lo has dicho.

Peter
Pero por qué ha llegado tan lejos; además de esa forma tan peculiar.

Roy
El sexo es poder, qué te voy a decir a ti. Y ella era lo único que tenía.

Peter
Claro, como no tenía dientes.

Roy
Eso fue una licencia literaria para dejar las cosas claras sin tener que escribir sobre esa anécdota.

Peter
Y a mi ¿por qué me gusta tanto follar?

Roy
No eres el único.

Peter
Ya, pero parece que sólo pienso en eso.

Roy
Lo que pasa es que no eres consciente de la suerte que tienes y continúas buscando cosas. Tienes tanto sexo porque tienes tiempo para ello, por eso eres chic. Y la gente envidia a los que follan tanto como tú. En este mundo tener sexo es un lujo, sólo los que tienen tiempo o están obsesionados tienen sexo siempre que quieren. La diferencia entre ellos es que los obsesos sufren y el que tiene tiempo no habla de ello, es algo natural.

Peter
Tú ¿me envidias?

Roy
Si. Claro. Eres mi alter ego, en cierto modo eres una parte de mi, quizás la parte que no se atreve a hacer lo que tú haces.

Peter
Pues a mi me resulta muy fácil.

Roy
Claro, yo hago que tu vida sea entretenida, soy el escritor.

Peter
Quizás debería escribir yo sobre ti.

Roy
Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja.

Peter
¿Ríes?

Roy
Me da mucha vergüenza. No creo que se escribiera sobre mi.

Peter
Te gusta leer las críticas de tu trabajo. Ahí se habla de ti.

Roy
No se escriben críticas sobre mi, Peter. Soy escritor pero no soy conocido.

Peter
¿Escribe de mi alguien que no es conocido?

Roy
A ti te conoce mucha gente. Algo conocido puede que sea.

Peter
¿La gente me conoce?

Roy
Tienes un FanClub.

Peter
¿En serio?

Roy
¿Qué te crees? Peter, alguien como tú debe tener un FanCLub. Sólo dos miembros, pero son unos amigos míos muy imparciales. Lo hacen por que les diviertes. Eres la inspiración para mucha gente, como tu madre.

Peter
Eso, volvamos a mi madre.

Roy
¿Por qué te intriga tanto tu madre? La conoces mejor que yo.

Peter
Sí, pero no se de ella más de lo que tú escribes.

Roy
Pero ese es tu problema no el mío.

Peter
Eres un poco egoísta.

Roy
Se llama técnica. No contarlo todo sobre un personaje mientras todo lo que dice parece real contado por él, o ella.

Peter
Pero mi madre sólo habla cuando habla conmigo.

Roy
Como Camila, que también tiene sus fans.

Peter
¿Camila? No se por qué soy amigo de alguien como ella.

Roy
Porque también tiene ambición. Sois iguales.

Peter
Yo no soy un cabrón.

Roy
Pero eres bastante desagradable con la gente.

Peter
No. Lo único que hago es decir las cosas como las siento y a la cara; te conozca o no. La gente no está acostumbrada a eso. Por eso dejé el cubrir las pasarelas, la gente es muy falsa.

Roy
Mira, en eso nos parecemos ¿ves?

Peter
Tampoco somos tan diferentes. Algo más debe haber que me quieres contar. Seguro que somos super parecidos en todo.

Roy
Desengáñate, Peter. No lo somos.

Peter
¿Ni siquiera en el físico?

Roy
Tú levantas pasiones porque eres muy guapo y alto y te cuidas y siempre sonríes; ah mira, otra cosa que los dos hacemos mucho es sonreír.

Peter
Pero sigue hablando del físico. Entonces no me parezco a ti.

Roy
En parte quizás. A ver… No eres rubio pero sí tienes el pelo mas claro que yo. Eres más alto que yo y, aunque a los dos nos gusta hacer ejercicio, la naturaleza te dotó a ti de mejor cuerpo.

Peter
¿Te refieres a bonito?

Roy
Y a fuerte. Lo tuyo es genético. El deporte te ayuda a mantenerlo. Yo me lo tengo que currar y, aunque estoy feliz del cambio en los últimos años, me queda trabajo qué hacer.

Peter
Y sexualmente ¿somos iguales?

Roy
No. Ahí te envidio por completo. Siempre he pensado que los pasivos disfrutan más del sexo, pero me duele mucho. Eso sí las excepciones han sido dignas de mención.

Peter
¿Haces que tenga el sexo que tú haces?

Roy
Los tíos con los que te lías se parecen mucho a los que a mi me gustan, pero he de reconocer que sí, que hemos compartido amante.

Peter
Y ¿quién se lo ha pasado mejor?

Roy
A eso no voy a contestar.

Peter
Entonces gano yo.

Roy
Ja, ja, ja, ja.

Peter
Y ahora me lo confirmas.

Roy
Eso es lo que me gusta de ti. Eres divertido sin pretenderlo. No tienes malicia aunque parezcas malo. Y eso es más divertido aún. Dices las cosas que piensas sin necesidad de hacer una broma, como hago yo, por ejemplo.

Peter
Roy ¿te puedo hacer una pregunta personal?

Roy
Claro; dispara.

Peter
¿No voy a enamorarme nunca?

Roy
No lo sé.

Peter
No me creo que jamás haya estado enamorado de alguien, más allá de mi sensibilidad estética hacia las personas.

Roy
Jason fue muy importante.

Peter
Jason fue un compañero de fechorías que me dejó una cicatriz en la frente, gracias a un encuentro que tú planeaste. Pero no me he enamorado de él.

Roy
Y ¿qué pasa con Mathew?

Peter
Es un toro. Es muy sexy, muy grande…

Roy
Atento, cariñoso, bueno ¿por qué tengo la impresión de que no te gusta?

Peter
Si qué me gusta, es mi más fiel objeto del deseo es mis sesiones masturbatorias. Pero no me veo enamorado de él.

Roy
Tú no te enamoras porque no quieres, Peter.

Peter
Amo mi vida, es cierto. Aunque parezca solitario no lo soy, lo que ocurre es que la soledad me aporta tranquilidad para hacer lo que hago. Mucha gente piensa que mi trabajo es sencillo porque salgo a pasear y me fijo en la ropa de la gente, en cómo combinan. Pero mi trabajo requiere de un análisis y de un estudio previos, necesarios para saber qué es nuevo, qué vuelve y qué sería espectacular. Y en eso tienes tú la culpa.

Roy
Lo sé.

Peter
Tal vez deberías hacerme menos superficial.

Roy
No eres superficial; los que piensan eso de ti sí que lo son. Tú estás lleno de vida y eso acojona a la gente normal.

Peter
¿Soy anormal?

Roy
No. Eres raro.

Peter
Muchas gracias.

Roy
Otra palabra desvirtuada. Mira, de las seis acepciones que tiene esta palabra las cinco primeras te definen muy bien.

Peter
Sorpréndeme.

Roy
Que se comporta de un modo inhabitual. Extraordinario, poco común o frecuente. Escaso en su clase o especie. Insigne, sobresaliente o excelente en su línea. Extravagante de genio o de comportamiento y propenso a singularizarse.

Peter
Es cierto que me definen casi a la perfección.

Roy
Hoy en día ser raro es una lacra, menos para personajes como tú. Deberías estar orgulloso.

Peter
Y lo estoy, sólo que a veces pienso que mi personalidad me aleja del mundo más de lo necesario.

Roy
Bueno… Quizás este mundo no está preparado para alguien como tú.

Peter
¿Tú crees?

Roy
No estoy seguro.

Peter
Pero en el fondo lo crees ¿verdad?

Roy
Yo creo que tú tienes un significado casi premonitorio, y te lo digo sinceramente. El mundo  actual está muy lejos de parecerse a ti. Tu estás a años luz de ventaja y eso es una marca difícil de eliminar.

Peter
Gracias.

Roy
Te equivocas. El que tiene que darte las gracias soy yo, por dejarme sacar todos los fantasmas cada vez que escribo sobre ti.

13 septiembre, 2010

SoChic! Diario de la Ciudad Condal 27


Desde que mi madre me sacó de Murcia los aeropuertos han sido mi segunda casa. Las Vegas, Nueva York, Los Ángeles, Detroit, Chicago, México, Argentina, Brasil, Bostwana, Abu Dhabi, Bahrain, Londres, Paris, Barcelona, Miami… Pueden nombrarme un país y seguro que ya he estado en alguno de sus aeropuertos. No es que me hiciera especial ilusión irme a Miami este verano; ni siquiera el hecho de tener a Mathew, para resarcirme de todas mis horas sin sexo, era un motivo suficiente para dejar de sentir una pesadez en el estómago que me acompañó todo el viaje.
“No sé qué me pasa” – le escribí a Camila antes de que despegara el avión. “Me despierto con la sensación de tener algo pendiente por hacer, que además no he hecho, y entonces me paso el día intranquilo intentando averiguar qué es lo que me tiene inquieto. Pero termina el día y me voy a dormir con la misma insatisfacción con la que despierto cada mañana. No es la moda, no es el sexo, no es la comida, no es mi madre; ni siquiera eres tú (porque Camila siempre me ha sacado de quicio)”.
- Tienes 35 años y, según me cuentas, una vida apasionante – dijo mi compañera de viaje, quitándose las gafas de la nariz – y aún con todo sientes un vacío existencial.
- No creo que sea existencial – dije incomodo ante la insinuación de que mi vida había dejado de ser interesante para mi mismo. – Mientras Vogue siga imprimiendo sus páginas cada mes mi existencia está garantizada.
- A ver, jovencito – dijo Martina dejando sus agujas de ganchillo sobre la bolsa de tela donde guardaba las madejas de hilo. – Tu madre no te ha dejado más opción que irte de vacaciones con ella y sus amigas a Miami y además te ha buscado un amante, conocido ya por ti, pero que ha elegido ella, ¿verdad?
- Verdad – dije asombrado por su rasiocínio, imaginandome a la señora jugando al Brain Training en la consola de alguno de sus nietos.
- Pero tú te empeñas en convencerme de que tu vida es maravillosa sólo por que trabajas en moda, vives en un ático precioso en una ciudad preciosa con playa, buen tiempo y todos los hombres que se te antojen gracias al turismo – dijo ella y a mi se me hizo un nudo en la garganta. - ¿Cuál es la pieza que no encaja? – preguntó levantando la ceja izquierda. Yo no me atreví ni a contestar. – Tú ¿tal vez?
- Te perdono porque no me conoces y además vas vestida de Prada, porque si no te insultaría – dije y esa señora tan amable (con su aroma a Burberry) me pasó la mano por la cara y sentí irrefrenables ganas de llorar. Me disculpé y me fui al baño.
¿Qué  me estaba pasando? Me iba de vacaciones con mi madre y una señora que podría ser mi abuela (evidentemente, no la madre de mi madre) me hace llorar. ¿Qué era aquello? Mi vida se había convertido en una película de Disney y no me había dado cuenta. Sentí que me desvanecía.

- Pero ¿qué pasó?
- No lo sé – contesté, medio aturdido, a los gritos de Camila. – No lo sé, de verdad.
- Peter, Please! Estás en el baño y de repente te materializas en el suelo del avión con un médico y tres azafatas alrededor. Hay algo que no encaja ¿quién te sacó de allí? – preguntó, y reconozco que la pregunta me resultó curiosa pues realmente no sé lo que sucedió.
- Sólo tengo un vago recuerdo, en serio; algún brillo, sombras… No lo sé. Me desmayé, como siempre que me pongo enfermo.
- ¿Dónde estás ahora? – preguntó Camila, todavía alterada.
- En la enfermería del aeropuerto, esperando a que me digan que me puedo ir; Mathew está fuera esperándome: pobre…
- Ay Peter – dijo Camila emocionada . – Me has dado un susto – continuó, y sin pensarlo dos veces 'La Dama De Hielo' se puso a llorar. – Tú email, tu desmayo. ¿Seguro que estás bien?
- Si te refieres a este preciso momento, no. No lo estoy. Pero de resto estoy bien, créeme. ¡Si hasta ligué en le aeropuerto con un chico guapísimo!
- Entonces no es para preocuparse… - dijo ella sin poder disimular que seguía preocupada.
- Claro que no – dije yo para calmarla.
- Y ¿entonces que te pasa?
- Parece que nada grave – dije y ella suspiró. – Pero aquí no pueden hacer mucho más. En cuanto mis constantes vitales se estabilicen me dejarán marchar, aunque tendré que pasarme por un hospital durante las vacaciones – dije y ella me anunció que tenía una reunión y que me llamaría en otro momento (las cosas no cambian: yo sigo adicto al sexo y ella al trabajo).
Mathew (con pantalón corto de Kenzo, sandalias Gucci y camiseta H&M rosa, de escote generoso) entró a buscarme. El pobre no pudo dejar escapar unas lágrimas cuando me vio: “Perdona –dijo – es que he pasado un rato muy desagradable sin saber nada de ti, ahí fuera” (desde luego que debo ir a terapia. ¿Os suena Bambi? Pues últimamente causo el mismo efecto en los hombres; antes se excitaban y ahora lloran). Y mi madre. ¡¡Mi madre!!
- Gracias por llamarme – dijo llorando (Bambi, Pocahontas, El show de Oprah… ¿Os suena?). – Dale las gracias a Mathew – continuó – que el pobre lo ha pasado muy mal esperando por ti.
- Ya lo he hecho, mamá. Y deja de preocuparte.
- ¿Me prometes que estás bien?
- Mamá deja de llorar ¿quieres? – dije pero ella lloró más fuerte. ¿Qué le pasaba al planeta? ¿Por qué todo el mundo lloraba? – Me habrá sentado mal la comida o estaré incubando una gripe. Esta noche cuando lleguemos verás lo bien que estoy. ¿De acuerdo?
- De… (snif) acuer… (snif) do…

Pero la vida es diversión y no quería pasar por el bochorno de atravesar el lobby del aeropuerto en silla de ruedas. Así que, y en memoria de Za Za Gabor, decidí hacer de mi desgracia un espectáculo. Me coloqué unas gafas de sol enormes y mi bolsa de Loewe sobre las piernas. Mathew, detrás de sus Ray Ban, empujó de mi silla con sus fuertes brazos de Cowboy tejano, y su chofer cargó mis maletas. Con rumbo fijo y paso decidido, salimos de la enfermería y atravesamos el aeropuerto entre la gente; como Moisés atravesó el Mar Rojo.

El vuelo y el desmayo despertaron en mi un apetito feroz. Mathew me llevó a comer al Bouchée, una brasería francesa, con una terraza, en el centro de la ciudad. Te vendrá bien un poco de aire fresco – me dijo cuando nos bajamos del coche. Su chofer nos esperó y una hora y tres cervezas después, nos fuimos al hotel de Mathew a recoger su maleta y a descansar un poco antes de volver al aeropuerto.
- Se habla mucho de ti – dijo él evitando mi mirada.
- ¿Dónde? – pregunté sin darle importancia (mentira, me mataba la curiosidad, pero siempre actúo distante; les pone).
- En Londres... París… - dijo y se quedo callado. Luego añadió. – Bueno, supongo que ya lo sabes.
- Si, lo sé. Aunque intento mantenerme alejado del Star System, bastante tengo con mi madre – le dije yo y Mathew sonrió.
- Ha sido un detalle muy bonito la editorial de Ultrafabulous para Vogue; ya me lo ha contado. No se lo tengas en cuenta…
- Se lo ha contado a medio Manhattan, Mathew. Hablamos de mi madre: no puede tener la boca (ni las piernas) cerrada.
- ¿Estás molesto por haberla utilizado para ponerme en contacto contigo? – dijo y a mi aquella pregunta me hizo regresar a la realidad.
No es que me haya molestado, al fin y al cabo es mi madre y no ha hecho nada fuera de lo común en ella. Pero es mi madre. Vale que yo sepa su historial sexual pero ¿ella el mío? Y que además me programe vacaciones con amantes… Para estas cosas (a pesar de la madre que tengo) sigo siendo tradicional y me da mucha vergüenza.
Tras mi disertación sobre el sí o el no de agradecerle a mi madre el que estuviera camino de Miami, Mathew se volvió a sentar en la cama,  me abrazó y me beso tiernamente en la mejilla. – Yo te voy a cuidar – me dijo él al oído y yo perdí las bragas.

Cinco horas más tarde me encontraba sentado en un sofá en la terraza de Anne Miller, en Miami, con ella, mi madre, Mathew y Natasha Vuitton, tomando dry martinis. Después de explicar tres o cuatro veces de lo sucedido (entre las risas de Mathew que estallaba en carcajadas cada vez que alguna de las tres señoras sentadas delante de nosotros me hacía empezar la historia de nuevo) decidí despedirme y marcharme a dormir (ni el poder de hacerle preguntas a Natasha sobre su bisabuelo y la empresa pudieron con mi cansancio; lo dejaría para el desayuno). Ella y Anne se quedaron en la terraza y ordenaron un par de martinis más. Mathew se despidió de todos y se marchó a su casa; no sin antes prometerme desayunar con nosotros. Y mi madre y yo subimos juntos hasta mi habitación. Me quedé en calzoncillos y me metí en la cama.
- Me alegra que seamos capaces de pasar más tiempo juntos – dijo mi madre sentada a los pies de la cama. Estaba tan guapa. Su melena rubia brillante, sus ojos algo maquillados con negro para intensificar la mirada, aquella blusa de seda blanca de Chanel, la falda de Carolina Herrera, unos maravillosos zapatos de Dior. Estaba radiante.
- El principal impedimento que hemos tenido para eso – dije yo incorporándome y cogiendo su mano – ha sido que ninguno de los dos ha dejado de moverse – ella sonrió. – Y, a pesar de eso, nos vemos mucho más que lo que algunas madres desearían ver a sus hijos.
- Y es suficiente – dijo ella soltando mi mano con gesto despreciativo y comenzamos a reír. – Reconozco que me gusta llamarte, saber de ti, de tu vida, de lo que te motiva, pero vivir contigo…  - dijo tristemente. – Con los años me ha quedado claro que no he sido ni buena esposa ni …
- No way! Esto sí que no mamá – dije poniéndome de rodillas y sentándome sobre los talones.  Le cogí de nuevo la mano, estaba temblando. – No entiendo esta manía que te ha dado de sentirte víctima de todo, nunca has sido así, y no me gusta. No eres tú – dije y ella se sintió incómoda. – Me gustas tal y como eres, mamá. Todos mis amigos, mucha gente que conozco, desearían que tú fueras su madre. Así que, haznos un favor a los dos: resetéate y vuelve a activarte de nuevo en modo Dior.
- Tengo cáncer, Peter (silencio). He querido decírtelo hace tiempo pero no he sabido como.
- ¿Cuánto tiempo?
- Unos semanas – contestó. – Mathew me ayudó a traerte aquí. Fue idea suya el hacerte creer que yo te había buscando un amante y todo lo demás – dijo y yo no sabía que decir.
- ¿Es muy grave? No quiero que me mientas en esto, ¿de acuerdo, mamá? – dije y ella asintió con la cabeza.
- El Doctor Silverman dice que es muy pequeño pero no es benigno y hay que extirparlo – dijo y me miró preocupada. – Dentro de dos días me operarán para quitármelo y quería que estuvieras conmigo esos días. Por eso toda esta pantomima con Mathew y demás.
- Podrías haber sido sincera – dije y bajó la mirada. – ¿O crees que no hubiera venido a acompañarte?
- Quería tenerte delante para decírtelo, estas cosas no se dicen por teléfono, Peter; no es fácil de asimilar una cosa así…
- Ya sé que no es fácil – dije y ella comenzó a llorar.
- Pero deja de llorar, porque entonces lloraré yo también y saldremos de aquí nadando – dije y conseguí que se calmara. Sacó un pañuelo de bolsillo derecho de su falda y se secó las lágrimas. – Ya te notaba yo rara…
- ¿Tanto se me nota? – preguntó y mi cara debió decírselo todo. Ella sonrió. – No soy buena actriz.
- Eres buena productora – dije yo recostándome junto a ella.
- ¿Tu crees?
- Estoy convencido – afirmé. – Nadie sería capaz de fabricarse así mismo como lo has hecho tú, mamá. Mírate – dije y ella se puso de pie y se plantó frente al espejo. Se atusó la falda, se colocó el cuello de la blusa. Sonrió.
- Me quedará cicatriz, ¿verdad? – preguntó de pronto con expresion confundida y yo di gracias al cielo porque al final no estaba todo perdido y seguía siendo la misma.
- Seguro. Pero nada que tu cirujano plástico y la casa Dior no puedan solucionar.

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