So Chic!

16 enero, 2009

CAPITULO SIETE. New Year, New Shit

Mi madre decidió que París sería la ciudad. Cada año pasamos la Navidad en una ciudad distinta y a mi no me desagradó la idea de ir a París por que adoro la ciudad y sus restaurantes. Claro que ella, como acostumbra, ya había decidido por ella, por mi, y por Maritza, la mujer del embajador de Brasil en Francia. Una mujer con el extraño hobby de organizar una gran fiesta de Noche Buena en su casa.
  • - Lleva años organizando esa cena. Ahora todos los que acuden pasan una selección previa exhaustiva - contaba mi madre, exagerando como siempre.- Empezó a organizarla porque, como vivía lejos de Brasil se sentía muy sola. A su marido le pareció una buena idea y decidió invitar a cenar al resto de mujeres de embajadores y cónsules en su situación; hay invitados que llevan acudiendo veinte años. ¿No es emocionante?- preguntó.
  • - Si, sobre todo si hago cálculo mental sobre la edad media de los invitados…
  • - Bull shit! Lo pasarás muy bien, ya verás. Cada año reúne a un grupo muy variopinto: cónsules, EmBaJaDoRes, PRESIDENTES y grandes empresarios de toda Sudamérica- me dijo emocionada.
  • - Mamá, no quiero ser aguafiestas pero celebrar la Navidad en el geriátrico de “Cocoon” no es precisamente mi definición de “pasarlo bien”.
  • - ¡Peter! Be polite! – dijo ella casi gritando.
  • - Ok, ok…- dije triste.
  • - Oh Sweety… Tan sólo te pido dos semanas al año. ¿Lo harás por tu madre?- preguntó y me sentí mal- Dime que sí, My Cheese Cake!
  • - Sí, sí…- dije pretendiendo sonar real pero pesando en que prefería pasar la noche rodeado de hombres guapos. Aún con todo, la idea de quedarme un par de semanas en mi piso de París, con John, me produjo la alegría suficiente para sentirme bien; bueno eso y la oportunidad de pasar la Noche Vieja en París.
Estaba de buen humor y feliz. La semana antes de irme a París había tenido un renacer en muchos sentidos. Recuperé mis ganas de salir a la calle, de trabajar , de arreglarme y de relacionarme. La noche en el Hotel Pulitzer con Ania, y sus amigos, terminó con expulsión incluida de la sala Bikini; y no me echaban de una discoteca desde que con 18 años intenté robarle un sujetador de Victoria’s Secret, cubierto de cristal de Swarovski, a una bailarina erótica arrancándoselo directamente del cuerpo. Esta vez la única diferencia fue que lo que quería llevarme a casa era directamente “El Cuerpo”.
  • - Todo eso no puede ser de él ¡Por el amor de Dios!- decía Ania en pleno éxtasis visual mientras examinábamos su paquete, ya medio borrachos.
  • - Voy a ver- dijo Jessica que, tras dejar con decisión su copa sobre la barra, se encaminó entre la gente hacia el espacio en la barra donde él bailaba.
  • - No quiero ni imaginarme lo que puede ser “eso” que tiene entre las piernas cuando lo libere de la minúscula prisión de lycra.
  • - Seguro que la lleva estrangulada- sentenció Jessica a su vuelta.- Pero es toda suya, seguro- terminó, feliz, tras cerciorarse de la autenticidad de su rabo.
  • - Voy a ver…- dijo Ania y yo le seguí.
El chico en cuestión pareció crecerse cuando nos tuvo a los tres mirándole con cara de tontos, desde abajo, regalándonos movimientos de cadera y un espontáneo top-less arrancándose la camiseta que llevaba; no me ponía tan cachondo viendo a un hombre bailar desde que conocí a Tony Ward (MY GOSH!!). Lo único que recuerdo del final de la noche fue cómo un miembro de la seguridad me invitó a abandonar la sala, en repetidas ocasiones, mientras yo me aferraba a la pierna de aquel hercúleo GoGó argentino, intentando escribir mi número de teléfono en ella, después de que él rechazara varios de los billetes de 50 euros que intenté meterle en el minúsculo bañador negro que lucía, pero terminé llegando a casa borracho y con el calentón. La resaca me tuvo todo el día siguiente entero en la cama, y menos mal, por que así pude descansar y estar en condiciones de preparar el viaje y la estancia. Llamé a John para avisarle de mi llegada (y de la de mi madre) y de entrada se mostró muy confundido cuando le dije que pasaría unos días con él; y no me extraña por que llevaba una semana en Hawai posando para el nuevo catálogo de Quick Silver. De allí se iría a Cancún para otro sesión, así que la casa estaría absolutamente a mi disposición. Quedamos en que nos veríamos en Barcelona pues vendría al Bread & Butter, en Enero, y se quedaría en mi casa. Aún con todo, mis deseos de pasármelo bien eran tan grandes que llegué a pensar, incluso, que el embajador de Brasil tendría un hijo y que estaría en la cena y, como a la mayoría de estos por un par de euros se dejan hacer de todo, me creé la esperanza de que no tenía que ser tan malo. Pero la primera impresión es la que cuenta y fue con esa con la que debí quedarme porque tuve las peores fiestas en mucho tiempo. Camilla me llamó justo el día que se incorporó al trabajo (después de su semana interna en una clínica “Super Exclusive” donde le quitan y le ponen lo que quiera como si fuera una Barbie), para hablar trabajo con toda normalidad, como si hubiésemos hablado la noche anterior, hasta que comenzó a relatarme lo bien que lo pasó la noche de Navidad con su amiga Kate en casa de Alexander.
  • - Honey, I’ts over! No me interesa.
  • - No sé por qué te cae tan mal Alexander, Peter. Es un hombre encantador, además de un genio; espera a ver la próxima colección- dijo ella extasiada.
  • - No dudo de su genialidad, Camilla- dije, mientras pensaba “tampoco es para tanto”- es ÉL en general, en todo su conjunto, con todo lo que le rodea.
  • - Seguro que ocurrió algo entre vosotros y no me lo quieres contar, por eso estás así- dijo ella con voz de Bruja mala del Oeste.
  • - Antes me lío con cualquiera de mis hermanastros- dije, y mientras lo decía pensé lo triste que sería tenerlos y no tirármelos.- Pero pregúntale a él si no me crees y te quedas más tranquila.
  • - Ni loca, no tengo tanta confianza…- dijo y se quedó en silencio.- Es uno de esos misterios de tu vida que algún día lograré descubrir.
  • - ¿Misterios?- pregunté sorprendido.
  • - Olvídalo. ¿Cómo te encuentras?- preguntó cambiando de tema
  • - ¿Ahora mismo? Cachondo.
  • - Que raro…- dijo ella, como pensando en voz alta.
  • - Honestly. Hacía tiempo que no me despertaba cachondo y después de las Navidades que ha pasado ya comenzaba a pensar que había perdido la libido.
  • - El problema es que ese tipo de vida que llevas te resulta cómoda y divertida- dijo con desprecio.
  • - Cómoda y divertida me resulta una camiseta de h&m. Mi vida me resulta E S P E C T A C U L A R, Camilla, cariño.
  • - ¿Qué te pasó en Navidad?
  • - Que nos intoxicamos con la cena de noche buena. Yo estuve mal del estómago, pero no tan mal, hasta año nuevo. Mi madre tuvo menos suerte y hubo que ingresarla.
  • - ¿Bromeas?
  • - Ojalá- dije realmente deprimido. –Así que después de pasar encerrado en casa todas las fiestas, el día cinco me la traje a Barcelona, en contra de mi voluntad como buen hijo, para pasar aquí la noche de Reyes.
  • - Excuse me?- preguntó Camilla sorprendida por la revelación.
Y como es tan del Modeling y del StarSystem , ella seguro que en su cabeza adornada con bisutería de Agata y peinada por Tony&Guy, me visualizó rodeado de la realeza española e, incluso, mundial. Y aunque en varias ocasiones (y gracias al AMPLIO abanico de amistades de mi madre) me he visto, más que rodeado, comiendo, cenando e incluso escondido tras algún matorral en medio del campo con alguno de ellos. Y la Noche de Reyes, a la que me referí, es la única tradición española que mi madre quiso mantener; aparte de hablarnos siempre en este idioma, claro…
  • - Y ¿no regaláis nada en Navidad?- preguntó con asombro ella, que fuera de su mentalidad anglosajona el mundo deja de existir.
  • - A los amigos si, pero entre nosotros no. Siempre lo hemos hecho el día 6 de Enero- dije emocionado por sentirme diferente.- Lo mas fuerte de todo es que las rebajas en España empiezan el día 7 de enero.
  • - Sales?- dijo ella en el tono más plano en el que su garganta puede producir sonido- Ah, ¿eso donde la gente casi se mata por comprar una chaqueta de mala calidad imitación Dolce&Gabanna por 10 libras en Zara?
  • - Algo parecido- respondí yo, sin seguirle el juego.
Mis primeras rebajas en Londres (hace ya nueve años) fueron las mejores de mi vida. Ese año, y ya que era mi primer año trabajando en Londres, mi madre y yo pasamos allí la Navidad y decidimos comprar nuestros regalos de Reyes en las rebajas. Hacía mucho frío y Londres no es como NY que puedes alquilarte un coche y un chofer para irte de compras porque no hay espacio para aparcar delante de las tiendas, y a mi madre no le quedó más remedio que andar. Anduvo tanto que al final abdicó de sus Gucci y se compró unas deportivas (Hilfiger, claro). Cuando llegó la noche, tras todo el día andando y comiendo Fish & Chips, se derrumbó sobre la cama y se quedó dormida sin ni siquiera desmaquillarse. Nunca antes había visto a mi madre perder el control sobre si misma en presencia de alguien más; incluso de su propio hijo.
  • - However, Peter. Necesito que cubras Bread & Butter Barcelona la próxima edición.
  • - There’s No Way!
  • - Te lo pido como favor personal. Iría yo misma…
  • - Pues ven- dije rápidamente sin que terminara la frase.
  • - … pero no puedo…. Por que…. tengo que preparar la NY Fashion Week, el 13 de Febrero- dijo y de pronto sentí una rabia contenida durante años en mi interior.
  • - ¿Te vas a NY y me pides a mi que cubra BBB? Te estás cachondeando ¿verdad?- grité pero ella no dijo nada.- ¿Por qué no envías a alguna de las becarias anoréxicas que tienes besándote el culo cada día? Hace años que no me dedico a eso, No me gusta, NO lo hago y NO HAY DISCUSIÓN.
  • - El problema Peter es que ya tienes la acreditación hecha, rumbo a tu casa.
  • - BITCH!- dije y colgué el teléfono.
Decidí calmarme. “Necesito descargar tensión”- me dije en voz alta. Llamé a mi gimnasio y casi exigí una clase con mi PT, pero el muchacho estaba en paradero desconocido por vacaciones y no tuve más remedio que aceptar una sesión con el Entrenador suplente que estaba en ese momento. Mientras preparaba la mochila y cogía ropa limpia para después de la ducha pensé en el tiempo que hacía que no visitaba un evento como el BBB y sonreí recordando los buenos momentos que había pasado con las amistades que hice durante aquellos años. Entonces, sin saber por qué, me alegré de la posibilidad de reunirme de nuevo con alguno de ellos y antes de irme envié el mismo email a todos los que, por un motivo u otro, aún manteníamos contacto, esperando que alguno de ellos respondiera a mi encubierta llamada de socorro. Luego salí a la calle y de nuevo hacía frío; me desilusioné. Mi vida se estaba convirtiendo en la “Cómoda y Divertida” vida de Peter, como bien había dicho Camilla. Llegué al Gym triste y hasta con ganas de llorar y desahogarme. Entré cabizbajo en el vestuario y dejé la mochila en la taquilla para subir a la sala de máquinas dispuesto a eliminar de mi cuerpo todo la tristeza y la rabia que tenía acumulada. Y cual no sería mi sorpresa cuando al llegar y presentarme al entrenador, este, mientras me guiaba a las cintas, cogiéndome por el brazo, me dijo que llevaba semanas preguntándose quién era yo porque al final, y a causa del sudor, mi número de teléfono no duró toda la noche tatuado en su pierna, una de las noches que había bailado en Bikini.

19 diciembre, 2008

CAPITULO SEIS. By the Face(book)

Los últimos acontecimientos me dejaron más que intranquilo, agotado. Mi madre, tras varias llamadas para disculparse por su metedura de pata, me tranquilizó comunicándome que no vendría a Barcelona para cuidarme; y yo no termino de comprender por qué sufro tanto con esa amenaza pues, en los 17 años que esto viene ocurriendo, jamás la ha cumplido. Y ella, claro está, siempre tiene alguna excusa tremendamente creíble para no venir.
  • - No creo que pueda ir a verte, Peter. Tengo que hacerme no se que en los dientes, que me ha dicho el médico. Lo siento. Y aunque pudiera no iría.
  • - Te lo agradezco- dije aliviado.
  • - Y mucho menos ahora que Collete piensa que Jason la ha jodido.
  • - ¡No la ha jodido! – dije enfadado, mientras pensaba “Me ha jodido a mi”.
  • - ¿Ah no?- preguntó incrédula.
  • - No.
  • - Entonces tendrás que contármelo todo.
  • - De eso nada, mamá. Me niego a contarte mi vida, No way!
  • - Estás muy solo, hijo. En Londres al menos tenías gente con la que pelearte, pero en esa ciudad… - dijo y guardó silencio. – Si quieres, aún puedo llamar a Jason para que termine su trabajo.
  • - Se acabó- dije y le colgué.
Nunca he tenido muchos amigos, es cierto. Fue una decisión que tomé en el colegio cuando descubrí que jamás estarían a la altura de mis posibilidades. Y en NY me preocupé más por aprender de los mejores que por cultivarme una vida social, hasta que conocí a Jason y comencé a relacionarme con gente adulta que , al igual que yo, ya tenían una personalidad marcada por el hastío del mundo en general; reconozcámoslo: Soy un Estirado, pero ¡qué felicidad! Tampoco me han gustado nunca esas personas que dicen tener cientos de amigos a los que además adoran. Y debo continuar siendo un bicho raro por que parece que esto es lo normal en las relaciones interpersonales de cientos de usuarios adictos a Facebook; dónde yo solamente tengo diez. Camilla me llama para interesarse por mi salud justo cuando salía de la ducha (y tres días después de saber que estaba enfermo). Así que conecté el manos libres de mi blackberry, para entregarme a mi ritual de cremas diario mientras hablabamos. Pero pronto empieza a irse por las ramas hablando de fiestas, modelos y diseñadores cocainómanos, y yo me veo obligado a cambiar de conversación.
  • - Ya he visto lo bien relacionada que estás en tu Facebook, no necesitas relatarme la vida de tus novecientos amigos- dije mientras hacia que mis dedos extendieran alrededor de mis ojos unas gotitas de Future Perfect de Estee Lauder.
  • - Business- dice ella visiblemente ofendida.- Just Bussiness!
  • - What ever, Honey…
  • - Facebook es el futuro Peter. Claro que para ti , que vas siempre tres años por delante del mundo, esto debe parecerte una nimiedad- dijo con ese acento de pija londinense , que odio, imitando a su intimísima amiga Kate.
  • - Camila, gracias a Internet puedo trabajar sin verle la cara a todos los drogodependientes con los que te relaciones, desde cualquier lugar del mundo. Más que futuro Internet means Freedon! Pero no me creo que las novecientas personas que aparecen en tu Facetbook sean tus amigos.
  • - Peter, que tu vida social se limite a lubricante, condones y Popper no significa que yo no pueda tener novecientos amigos.
  • - Tienes razón- dije mientras veía como el serum de Kiehl’s dejaba mi cara perfectamente satinada.- Pero A M I G A se escribe con letras mayúsculas y tú, sin tus Marc Jacobs de 15centímetros, eres demasiado bajita – dije, y pude escuchar como tiraba su lámpara Loop LED al suelo antes de que colgara (de hecho siempre he mantenido la creencia de que la compró sólo para darse le placer de tirarla).
Nada como decirle a una mujer como Camilla que no es nadie sin sus tacones para sentirte como la madrastra de Blancanieves y asegurarte una victoria. Aunque ser TAN mala no evite que piense que tanto ella como mi madre tengan razón y que mi vida en Barcelona se limita a eso (y a dejarme la visa en la tienda de Kiehl’s, claro). Tras unos días de cuarentena en los que ordené mis mails, la biblioteca del itunes y mi agenda de trabajo, me propuse llenar mi vida de eso: VIDA. Así que decidí echarle un ojo a mi Facebook para comenzar a relacionarme. Para mi sorpresa, la señorita Díaz me había enviado un mensaje donde me invita a tomar una copa en el Hotel Pulizter, el miércoles por la tarde, con alguno de sus amigos después de su trabajo. Era perfecto. Además para el Miércoles tenía pensada mi primera salida de casa, así que acepté la invitación y le di mi nombre para que lo incluyera en el mailing. El miércoles llegó frío pero yo me sentía como nuevo. Y para celebrarlo elegí el riguroso negro de Prada, de pies a cabeza, pero con el toque azul de un abrigo de SantaEulalia que compré a mi llegada a Barcelona en su tienda de Paseo de Gracia. Sabía que era demasiado para Barcelona pero es lo único que echo de menos de Londres: vestirme bien. Llegué al hotel y Ania vino enseguida en mi busca, tras verme llegar.
  • - ¡Qué guapo estás, Peter! Cómo se nota que no eres de aquí- dijo riendo.- Será un placer pasar la noche cogida de tu brazo.
  • - Gracias- dije encantado. –Pero accederé a que cojas mi brazo sólo si me das una copa, que llevo una semana encerrado en casa.
  • - Ningún problema- dijo. -Vamos a la barra a darte carburante y luego te presentaré al resto.
Mientras el camarero nos servía dos VodkaTonic Ania me habló de la buena impresión que había causado en la tele mientras yo hacía prospección por la sala en busca de hombres guapos y ¡vaya si me sentía mejor! por que me hubiera organizado una Private Party con una docena de ellos.
  • - Aparte de las chicas, Marga, Silvia y Jessica, que son las únicas mujeres divertidas de la tele, he venido con Luis que es técnico, con Sergio que es cámara, con Miquel que trabaja en producción y con Jamie, que, aunque es maquillador, lleva vestuario- dijo en un tono divertido- Su madre es Inglesa, de York creo, de ahí su nombre.
  • - Y ¿a quién de estos te tiras?- pregunté y ella, sin sorprenderse mucho por la pregunta, soltó una pequeña carcajada.
  • - No me tiro a ninguno, pero a veces juego al Abecedario con Miquel.
  • - ¿¡Perdona!?- pregunté asombrado mientras ella reía prometiéndome que algún día me lo explicaría.
En el grupo todos me recibieron con expectación, al fin y al cabo había sido el culpable del aumento de audiencia y del sueldo de Eloisa. Me sentí bien. Sentirte admirado es la mejor medicina para solucionar problemas anímicos, sobre todo después de unas semanas encerrado en casa. Y entre tanto bienestar me dejé llevar por la conversación mientras bebía pero sin poder evitar tener una extraña sensación. Había algo que no encajaba. Y tras dos VodkaTonic más lo descubrí: eran gente normal. A mi alrededor no había modelos anoréxicas y estiradas con grandes dosis de maquillaje perfectamente distribuido por toda su cara, ni nuevos diseñadores ávidos de consejos o de alguna raya de coca. Tampoco grandes diseñadores franqueados por los “gorilas” de sus divas (mujeres de futbolistas y cantantes con pocas dotes líricas) o de rayas de coca, ni siquiera viejas glorias del rock empeñados en vestir como chicos de veinte a pesar de superar los cincuenta. Todo eso a lo que la gente Normal denomina “Glamour”. Por todo eso un día decidí convertirme en CoolHunter y así alejarme de toda esa sordidez para rodearme de Gente Normal. A parte de trabajar solo, que es una bendición, claro...
  • - Acostumbrado a estar rodeado de gente famosa estar en Barcelona debe ser muy aburrido para ti, ¿verdad Peter?
  • - Pues no te creas. Esto es lo mas divertido que he hecho en años, I promise!- y mi anglicismo pareció hacerles mucha gracia.
  • - ¡Anda ya! seguro que te has visto rodeado de Super famosas, como la Victoria Beckham- dijo Marga, y yo asentí. Y entonces se produjo la típica conversación en la que se seducen nombres y actitudes con mi consiguiente afirmación.
  • - ¿También conoces a Sting y a Elton John, George Michael? ¿A Madonna?- preguntó Miquel entusiasmado.
  • - Sí. He estado cenando más de una vez con Madonna- dije serio- Pero lo único que les hace diferentes, además de su profesión, es que seguramente su ropa cuesta cuatro millones más que la tuya, pero nada más...
  • - ¿Me estás diciendo que estar sentado en la misma mesa que Madonna no es una algo extraornidario?
  • - Sí: te digo que no lo es- contesté intentando parecer lo más sincero posible, pero no me creyeron.
Nadie te cree. Y es una lástima que el mundo de la moda esté sobre valorado. Es cierto que he tenido la oportunidad de haber presenciado grandes momentos de la historia como aquel día en el que Paris Hilton, bajo los efectos de los vapores de su propio perfume, tildó de Puta a Madonna, en presencia de la misma, que no supo qué cara poner, y yo en un ataque de risa espasmódica, escupí todo el champán de mi boca sobre el escote de Eva Herzigova; sentada frente a mi. Es cierto que aquello no tuvo precio, pero no lo cambio por una tarde de copas en el SoHo con un amigo, o una fiesta de cumpleaños junto al Lago del Victoria’s Park en Londres en una tarde soleada de verano, o la boda de una de tus mejores amigas o cualquiera de los momentos que pasé con Jason mientras estuve enfermo la semana pasada, en casa. Las personas tendemos a idealizar las cosas por como nos las cuentan. Les parece más importante lo que se diga de ellos que lo que hacen. No he conocido a nadie hasta el momento que no se cambiase por mi cuando hablamos de mi trabajo. Y esto me hace reflexionar sobre si lo que quiero y lo que hago tienen alguna relación. Por eso no me preocupa que mi madre, Camilla o cualquiera piense que es cierto que estoy solo y que no tengo a nadie, por que a mi no me importa Puede parecer que me he convertido en un ermitaño cansado de buscar compañía agradable o que me he convertido en un solitario por esa manía mía de trabajar solo. Pero estoy tranquilo pues sé que estoy donde quiero por que así lo deseo. Para muchas personas es más importante ser admiradas que amadas y a mi la admiración jamás me ha parecido que sea la cura de nada. La ciudad de Barcelona tiene ese encanto de ciudad europea que, a pesar de su grandiosidad, es pequeña y pocas cosas pasan desapercibidas. Todo el mundo conoce a alguien que tú conoces, y comienzo a cogerle el punto eso. Si en NY aprendí a sobrevivir bajo cualquier circunstancia, tal vez, en Barcelona, aprenda a relacionarme con las personas. Londres o París tampoco son ciudades para vivir entre la gente pero en Barcelona ese parece ser el secreto.
  • - ¿Te vendrás luego con nosotros a Bikini?- me preguntó Ania.
  • - Sweety! Yo esta noche soy todo vuestro- contesté con picardía y ella sonrió
  • - Y en Navidad. ¿Qué harás en Navidad?
  • - Lamentablemente, en Navidad soy todo de mi Madre.

20 noviembre, 2008

CAPITULO CINCO. The love I lost (Segunda parte Fin)

  • - ¿Te encuentras bien?- me preguntó una voz en la distancia. Yo no sabía que estaba pasando. Abrí los ojos y vi la cara de Jason. No entendí nada, además me dolía mucho la cabeza.
  • - Te has dado un buen golpe- dijo.- Te voy a llevar a la cama, ¿de acuerdo?- dijo y fue entonces cuando descubrí que estaba en mi cama y que Jason no era parte de un sueño.
Jason y yo nos conocimos en NY en el año 94. Mi madre fue a visitarme no sin antes enterarse de quién sería interesante conocer y descubriendo, de ese modo, al Magnate de las finanzas Mr. Harold Steing; multimillonario y entonces marido de Collete, madre de Jason. Para mi madre no ha existido nunca millonario o fortuna que se le resista, pero con Harold ocurrió algo distinto. Según cuenta Harold, después del polvo del Siglo con mi madre, se dio cuenta de que su vida era perfecta junto a la Calmada y MUCHO menos Sexual Collete, con la que había compartido su vida desde que la conoció en el instituto cuando él tenía dieciocho y ella dieciséis. Collete, lejos de montar un escándalo (como buena Dama Suñera) se interesó por mi madre y organizó una cita con ella en The Club Lounge en el Ritz- Carlton (de lo más pedante, sí). Ella pensó (como le confesaría más tarde a mi madre) que si la dejaban entrar allí no sería una cualquiera. Pero Collete no contaba con la Proyección personal de mi madre en todos sus años de CARRERA y en el Ritz, más que ser conocida, era admirada. Así que, además de permitirle la entrada, la invitaron a honrarles con su presencia en la recepción que al día siguiente daría el Presidente Clinton. Después de aquello Collete y mi madre se hicieron inseparables. Crearon una amistad beneficiosa para ambas en la que mi madre le daba clases de sexología (con las que Harold se divertía mucho) y Collete, por su parte, le presentaba a millonarios ansiosos por disfrutar las habilidades orales de mi madre (que por aquel entonces aún no llevaba los dientes fijos). A Jason y a mi nos pasó algo parecido. Tras conocernos en su casa y realizar ciertas actividades pecaminosas bajo el techo de su padre Harold, creamos un contrato espontáneo en el que Jason descargaba su Reprimida-Homosexualidad conmigo dos veces por semana y él, a cambio, me llevaba a todas las fiestas y clubes de la ciudad; SoCute! Fue de ese modo como conocí a todos los que se necesita conocer si quieres ser alguien en NY y en el mundo.
  • - No entiendo cómo has podido terminar con dos puntos de sutura en la frente, la muñeca dislocada y el culo roto; Sorry!
  • - Por que al desmayarme caí sobre la mano. No sin antes, eso si, dejarme la frente en el lavabo, Camilla. ¡Que pareces boba!- dije.
  • - Pero ¿y lo de tu esfínter?- preguntó expectante.
  • - Después de la caída, claro- respondí tranquilamente.
  • - Peter ¡pero si sangrabas!- exclamó ella con fortísimo acento Inglés al pronunciar las “B” (But you were Bleeding!!)
  • - I know! – dije sin darle mayor importancia.- Pero lo hacíamos tan bien cuando éramos jóvenes que no pude resistirme a disfrutarlo de nuevo, a pesar de la sangre y menopea que llevaba- dije felizmente.
  • - Eres incorregible, Peter- sentenció ella.
  • - Oh! Thank you- dije yo orgulloso.
Jason debía volar a París al día siguiente, no sin comprometerse a regresar para terminar sus trabajos en Barcelona. Así que llamé a John para que acogiera a Jason en mi casa los días que necesitara, lo cual me agradeció enormemente porque, al igual que mi madre, odia los hoteles (algo que sigo sin comprender de mi madre puesto que ha probado las camas de todos). Me vi obligado a quedarme en casa unos días y hacer reposo absoluto (No Social Live, No Sex, No Nothing!) para no empeorar mi estado y recuperar fuerzas. Diciembre y Enero son meses de mucha actividad (muchos viajes y muchas reuniones) y no puedo descuidar mi trabajo. Mi madre me llamó una vez. Dos. Tres. Seis. ¡Once veces!
  • - Mamá si no contesto ¿por qué insistes tanto?- le dije sin ni siquiera escuchar sus buenos días.
  • - Oh, Baby! Collete me llamó para contármelo todo ¿Estás bien?- dijo, y sonó realmente preocupada.
  • - ¿TODO?- pregunté.
  • - Bueno… Hay cosas que deduzco yo sola pero, por supuesto que no: eso no me lo ha contado Collete- dijo y yo suspiré.
  • - Ya sabes que tuvimos unos años muy intensos Jason y yo… Nos hemos reencontrado… y ahora me quedará una cicatriz en la frente que me lo recordará el resto de mi vida- dije apático.
  • - Mi cirujano te dejará la frente como nueva, Don’t worry!- dijo feliz.- Si necesitas que vaya a verte dímelo. Estoy en Suiza y no me resultará difícil encontrar avión- me dijo y reconozco que sentí deseos de tenerla cerca y abrazarla, pero no se lo dije; no me atreví.
  • - Estaré bien, no te preocupes- dije.- De todas formas he estado peor y ni siquiera te has dignado a llamar, así que…- le dije con todo el rencor del mundo.
  • - Oh, Sweety! Pero eras muy joven y fuerte, ahora te han roto el corazón- dijo y de nuevo sentí que me mareaba.
He tenido una vida tan variada que no recuerdo la cantidad de hombres que me han sudado encima mientras golpeaban mi pelvis con ahínco. Lo cierto es que no me preocupa lo que de mi se piense y se diga. Como tampoco la idea de permanecer en la historia como “El Soltero Del Culo de Oro”, pero ¿qué le voy a hacer si ocurriese? ¿Es que acaso no es cierto? Sé que hay una larga lista de hombres esperando una oportunidad conmigo pero esto no funciona así. Jamás he permanecido con el mismo tío el tiempo necesario para echarle de menos, y eso te hace inmune; o al menos eso creía yo.
  • - Mamá. No estoy enamorado de Jason- afirmé con rotundidad.
  • - Ya lo sé- dijo ella.- Pero lo estuviste y eso os marcará para siempre- me dijo ella y a mi se me paró el pulso
En 1997 Jason y yo fuimos a la inauguración del “G Lounge”, en el barrio de Chealse. La inauguración de un nuevo Club en NY es siempre una gran fiesta, sobre todo si es un Club gay y si eres (además) una de las pocas Celebrities Gay que asiste al evento. Y Jason lo era; para desgracia de su padre. Aquella noche hicimos lo de costumbre: emborrachamos y tontear. Pero Jason tonteó más de lo que habitualmente me tenía acostumbrado, para terminar desapareciendo entre la gente y ser absorbido por algún hueco de las paredes para no saber nada de él hasta tres días más tarde. El culpable fue la estrella televisiva del momento: Todd Crawford, el rubio más guapo de los Estados Unidos De América (por la revista GQ de aquel año). Desde aquel día nuestras vidas se separaron para perder el contacto definitivamente en 2001, cuando me fui a vivir a Londres. Fue el final de nuestra relación.
  • - Así que los delirios febriles te hicieron caer en los brazos de un antiguo amante…- dijo Camilla pensativa.
  • - No fue precisamente en sus brazos donde caí… Y además tampoco es un amante del pasado Éramos jóvenes y nos divertíamos juntos. Lo hacen todos los adolescentes- dije defendiéndome.
  • - Sí. Lo que pasa es que la insolencia modula tu voz cuando hablas de tus ligues y hoy tu voz no suena igual- dijo ella y colgó.
Me debían estar psicoanalizando de incógnito. Se habían puesto de acuerdo ella y mi madre para volverme loco aprovechando mi bajo estado de defensas por que todo aquello no era normal. Decidí desconectar los teléfonos, subir la calefacción al máximo y conectarme a Internet. Una buena dosis de Facebook anima a cualquiera. Así que me senté en el sofá con mi portátil y una taza de café, introduje mi contraseña y allí estaba ella, Ania Díaz; la chica de la tele había cumplido su palabra y me había enviado una solicitud para ser amigos. De pronto volví a sentirme bien. Después de los últimos días la vida continuaba y seguían ocurriendo cosas nuevas.

04 noviembre, 2008

CAPITULO CUATRO. The Love I Lost (primera parte)

  • -¡¡¿¿UN DECORADOR??!!- grité.
No podía tener mejor semana. Primero Camilla me llama para decirme (entre risas) que Marc Jacob, el cual detesto, compra dos de mis descubrimientos (Bitch). Que Victor & Rolf quieren denunciarnos y que en la última fiesta de McQueen descubrió que Agnes Deyn es mucho más bajita que ella y, además, lesbiana. A mi todo esto me importa una mierda pero ella parece pasarlo en grande mientras me lo cuenta.
  • - Mamá, necesito un médico no un decorador- protesté, pero no había remedio. Mi madre decidió que a mi piso le hacía falta una mano femenina (por muy Gay que seas tu madre siempre pensará que falta una mujer en tu vida). Le envié unas fotos del piso para que, ya que no la invitaría a venir, al menos viera donde vivía. Su venganza fue re-decorarlo en la distancia por mediación de Collette; su mejor amiga y una consumada especialista en antigüedades (SoShit!).
  • - Baby, tu piso es demasiado moderno- dijo ella.
  • - Mamá: nunca se es suficientemente moderno para ser “demasiado”- replique.
  • - Whatever! Collette hace cosas maravillosas, recuerda lo que hizo con el apartamento de Hillary (Clinton) en Manhattan- me dijo con aquel tono burlón que siempre me saca de quicio.
  • - Mamá, no me gusta lo que hace Collette. Y además, no tengo la cabeza, ni el cuerpo, ni las ganas de aguantarla- protesté.
  • - No te preocupes. Enviará a uno de sus pupilos. Ella hace años que no se mueve de NY; lo hace todo por Internet, ¿no es maravilloso?- dijo orgullosa.
  • - No. No lo es- respondí irritado mientras trataba de colocarme el termómetro en la axila, después de varios intentos fallidos en el culo: se me caía. -Me niego, Mamá, Estoy enfermo, ¿lo entiendes? E N F E R M O. Tengo fiebre, ¡¡¡¡NO ME SIENTO BIEN!!!!- grité desesperado, al borde del llanto, pero a ella pareció no importarle demasiado.
  • - Ya le hemos buscado hotel. Llegará esta tarde. Trátalo bien, Honey, y cuídate. Te llamo mañana- dijo, felizmente, y colgó.
Todo empezó el Lunes, cuando entré en el ZARA de Passeig de Gracia. El motivo eran unas corbatas de seda, más estrechas de lo normal, con incrustaciones de strass formando líneas paralelas, que le había visto a varios chicos del Eixample, sobre simples camisetas blancas de algodón; nada original lo sé, pero las corbatas eran una novedad. Así que me hice una prospección por todas las grandes tiendas de accesible poder adquisitivo para jóvenes. En Zara no encontré las corbatas pero sí a un dependiente guapísimo, que bien podría ser la imagen de la casa; aunque los jefazos tengan más interés por los caballos de sus hijas (con todo el doble sentido). El adonis resultó ser un encanto y se ofreció a ayudarme en lo que quisiera. Así que decidí probarme unos pantalones (de corte Armani) gris petróleo, con raya diplomática y dejarle entrever mis encantos en el probador. Después de cogerme el bajo y tomar medidas a la posición exacta de mi carga, me trajo varias camisas (una excusa muy vieja para tenerme medio en bolas en el probador y que practico con cierta periodicidad). J A M Á S he comprado algo antes en Zara, pero ese día lo convertí a él en el empleado del año; además de dejarle la boca destrozada y mi número de teléfono grabado en la memoria. Sabía que llamaría. Y así lo hizo: justo a las tres, cuando terminó de trabajar. Y se vino a mi pisito y no salió hasta el día siguiente para ir de nuevo a la tienda; eso sí, perfectamente ataviado con la camisa, el cinturón, la americana, el pañuelo y los calcetines que él mismo me había vendido la mañana anterior. Y así fue como ocurrió. Esa misma noche empecé a sentirme mal y por la mañana me dolía mucho la garganta y sentía frío. Mi vecina (que parece la portera porque siempre me la cruzo en el mismo lugar de la escalera) me dijo que era un virus de la gripe muy fuerte que estaba atacando a muchas personas, sobre todo niños: “Y a los maricas”- pensé yo. Fue así como llegué a la conclusión de que el adonis Zarista me había “jodido” para toda la semana.
  • - Oh, Sweetheart! Toma zumo de naranja y como carne roja; nada como un buen filete para darte energía.
  • - Mamá soy vegetariano, desde que te liaste con aquel Ganadero de Texas, ¿recuerdas? Además ¿quieres dejar de preocuparte? Estaré bien. He vivido sólo desde que me tiraste con Dieciséis años en las calles de NY- le dije antes de colgar, pero ella estaba empeñada en cambiar la decoración de mi ático, mi vida y hasta mis marcas preferidas, si la dejaba.
Las madres tienen esa manía de intentar cambiar cosas de tu vida como si fueras una muñeca con complementos. Cuanto más te empeñas en hacerles entender que tú estás bien más se empeñan ellas que te falta algo que sólo ellas saben darte, en fin... Pero esa vez ella tenía razón: esta vez estaba mal de verdad, bastante mal... Estuve durante horas tiritando en el sofá, envuelto en mantas junto a una botella de agua y un paquete de termalgín, del que sacaba una pastilla cada cuatro horas, incapaz de hacer otra cosa. Tomé más pastillas que en aquel garito de la 47th, donde el barman al servirte una copa te daba dos pastillas o una raya, lo que quisieras (bueno, eso o te hacía una paja en el baño por cinco dólares). No conseguí bajar la fiebre y estuve rato entre despierto y delirando hasta que me dormí, claro que no lo puedo asegurar... Me despertó el timbre de la puerta. Primero el de abajo, al cual fui incapaz de responder. Cuando sonó el de la puerta por segunda vez, me levanté a abrir. Fui dando tumbos, tropezando con todo lo que me encontraba, hasta que conseguí llegar a la puerta y abrir. En circunstancias normales, aquel chulazo no habría traspasado el umbral de la puerta de mi casa sin pasar el riguroso control de calidad que merecía. En cambio lo que ocurrió fue que me desmayé, cayendo al suelo sobre sus pies (un primer encuentro ideal si hubiera estado en condiciones físicas normales y si al caerme me hubiera cogido de algunas de sus protuberancias). Desperté bien arropado y sintiéndome mucho mejor, sobre mi cama. Estaba desorientado, sí, pero era evidente que tan sólo tenía unas décimas. Traté de centrarme y aclarar mis ideas para averiguar cómo había llegado a mi cama desde el sofá. Recordaba la conversación con mi madre y poco más. Sabía que alguien había llamado a la puerta, claro que también lo pude haber soñado y teniendo en cuenta la sobredosis de paracetamol, era bastante probable. Decidí darme unas horas más de sueño y, tras arroparme de nuevo, me quedé dormido. Mientras dormía tuve un sueño maravilloso. Era una modelo guapísima en plena sesión de fotospara ELLE con ropa de Vivienne Westwood. Unos vestidos espectaculares, sus maravillosos zapatos de plataforma, sus sombreros. Estaba encantado. El único problema fueron las manías del fotógrafo; “alguna nueva Celebrity que va de moderna”- pensé. Me hacía contorsionar y estirar de tal forma que los vestidos formaban grandes bolsas impidiendo que se viera mi cara. Los pies sobre los hombros, los brazos rozando el suelo con el culo en pompa. Me movía tanto que varias veces pensé que me caía del set al suelo. Una de las veces me dobló tanto el cuerpo hacia atrás que conseguí verme el ojete con tanta claridad que me asusté. Pero me daba igual. Aquello para una modelo profesional era trabajo y una de las grandes nunca se queja. El tacto de los tules y las sedas rozando mi cuerpo con aquellos tocados de organza y strass me hacían sentir bien. Era feliz. Me desperté ya de noche y ¿¿DESNUDO!? (Excuse me?) ¿Qué había pasado? Tuve horas de delirios febriles, cierto, pero no como para convertirme en estrella del striptease en mi propia casa y sin espectadores. ¿Tanto me había movido en sueños? ¿Tan reales son los sueños? (¿What do clouds Smell like?) Y fue en ese momento cuando me di cuenta. ¡El decorador! De repente lo recordé todo: el timbre, la puerta, mi desmayo… ¿Aquel chulazo había abusado de mi cuerpo y YO NO ME HABÍA ENTERADO? ¿Sería verdad y mi cabeza, más que imaginar, me ofrecía un Dejà Vu? Saqué unos calzoncillos del cajón de la mesilla (más que por taparme por estar “mono”) y bajé de la cama. La puerta estaba entreabierta. Vi luz en el baño. El resto de la casa permanecía a oscuras. Me acerqué despacio con las manos rozando las paredes manteniendo el equilibrio; seguía atontado. Cuando me acercaba pude escuchar una respiración lenta y profunda acompañada de suaves sonidos rítmicos. Abrí la puerta y allí estaba ÉL. Desnudo. Erecto. Sentado en el borde de MI bañera y con el suelo y las paredes cubiertos por decenas de fotos polaroid MÍAS desnudo sobre MI cama y en las posturas más inverosímiles (ya sabía yo que un fotógrafo de Elle no hacía aquellas cosas). Soy por naturaleza sensato y tampoco era cuestión de escandalizar ya que no era la primera vez que encontraba a un hombre desnudo en un baño; y por que después de ver a Michael Douglas con ropa interior femenina interpretando “Like a Virgin” junto a Danny De Vito en la boda de Keanu Reeves y David Geffen en 1994, no hay nada que me sorprenda. Así que hice lo que normalmente hago en estos casos, encender la luz para verlo todo con claridad. Entonces él levantó la cabeza y me vio allí de pie, bajo la luz de la puerta, como una aparición, y yo tuve que agarrarme para no caerme.
  • - ¿Jason?- dije asombrado.
  • - ¿Peter?- dijo él, no menos asombrado que yo.
  • - Hace siglos que no te veo. ¿Qué coño haces aquí? ¿ASÍ?- pregunté mientras sentía que volvía a sentirme mal.
  • - Ahora llevo la empresa de mi madre. Tu madre me habló de que te habías mudado aquí y de que necesitabas nuestra ayuda y decidí venir en persona para darte una sorpresa- respondió mientras se ponía de pie y se tapaba con una toalla- Y creo que te la he dado… - terminó diciendo mientras yo me desmayaba de nuevo; esta vez con menos Glamour incluso que la primera.

17 octubre, 2008

CAPITULO TRES. Lust for life!

¿Una entrevista en programa de la tele local de Barcelona? Seguro que piensan que llevo una vida desenfrenada, llena de fiestas, famosos, sexo, drogas y demás perversiones. Ese tipo de vida que la gente (descaradamente) denomina como So Chic! Y, aunque en su momento, (lo reconozco) era exactamente la vida que llevaba (la que me gustaba llevar, o mejor dicho la única vida posible si eras Gay, vivías en NY y trabajabas en la moda) gracias a la experiencia, los años y las cuentas bancarias de los maridos de mi madre, he conseguido pulir y disfrutar de la que ahora tengo: Simply “Lust for life”. Mucha gente confunde el lujo con comprar joyas de Vulgari o Chopard, vestir Dior y alojarse en el Ritz. Pero como dijo Coco Chanel: “El lujo es la necesidad cuando la necesidad acaba”. Hacer lo que quiero cuando quiero se ha convertido en el mayor de los lujos. Por eso me dedico a esto, por que es un lujo mirar, un lujo pasear y un lujo que me guste.
  • -Debe ser un lujo dedicarte a esto en Barcelona, ¿verdad?- me pregunta la muchacha de la recepción, mientras espero a que la señorita Díaz se digne a bajar y rescatarme de aquel hall tan espantoso.
  • -Claro- dije, intentando sonar emocionado.- Sobre todo cuando descubres que excepto los finlandeses, los alemanes y cuatro pijas modernas de la zona alta el resto viste de Zara, o lo que es “mejor” de berska- sentencié, comprobando para mi asombro que la muchacha se emocionaba acariciando su horroroso jersey marrón de cashmere barato adquirido en alguna de esas dos tiendas.
  • -Lamento el retraso- dijo la reconocible y cantarina voz de la señorita Díaz.- Hola, Peter, soy Ania: encantada- dijo y a mi no se me ocurrió nada que decir.
Aquella chica era la versión Blanca de Jennifer Hudson: blusón negro con escote amplio sobre camiseta blanca de tirantes, cintura marcada con cinturón de charol negro con hebilla gigante, leggins negros y todo esto sobre botines de tacón Fendi; vale que no era moderna, pero era auténtica.
  • -Perdona atenderte así, pero llevo una semana de locura y casi no he dormido en dos días- dijo tan tranquila. ¡Ni durmiendo catorce horas conseguiría yo aquella cara! me dije.
  • -Estás estupenda- dije y ella sonrió. Seguro que le hizo ilusión que alguien relacionado con la moda le hiciera ese comentario y no lo supo apreciar, pero ¿qué esperaba si comparada con su compañera de recepción ella era Zsa Zsa Gabor?
  • -¿Café?- preguntó.
  • -Si, por favor- respondí y nos fuimos hacia el ascensor.
Me comentó en lo que consistiría la entrevista. “ Es el programa de más audiencia de la mañana en Catalunya; y es en catalán, claro. Pero no te preocupes que la entrevista te la harán en castellano. Le hemos explicado a la presentadora quién eres y qué haces, pero es amiga del director y no ha terminado sus estudios universitarios; ya sabes a lo que me refiero, y sonrió. Así que no te asustes si empieza a preguntarte sobre marcas, firmas, diseñadores y tendencias. Si eres un poco listo sabrás llevar la entrevista por donde tú quieras y que la gente sepa a qué te dedicas en realidad. Si no lo consigues ocurrirán dos cosas: que los espectadores no sepan quién eres o que piensen que eres una marica moderna” dijo y yo no pude evitar reírme.
  • -Ahora te dejaré en maquillaje y luego te llevaremos a plató para presentarte a Eloísa, antes de entrar en directo. ¿Te han entrevistado antes?
  • -Sí, pero nunca en televisión.
  • -Tranquilo. El secreto de la naturalidad consiste en creer que estas en una cafetería hablando con la mejor amiga de tu novio. Es decir: incómodo pero entretenido.
Mientras estaba en maquillaje me llamó Camila, que, después de contarme la cantidad de rayas de coca que se había esnifado Alexander McQueen la noche anterior, mientras tomaba copas con ella y con la Moss, en la inauguración del nuevo templo de las Celebrities en Londres, se interesó por mi vida en la ciudad y por mi primer informe, del cual se sentía, según dijo: “Very Proud”; como si lo hubiera escrito ella, la muy Cerda.
  • -He estado toda la semana follando con dos alemanes que pasaban unos días de vacaciones- y ella indignada por el descaro colgó el teléfono. ¿Por qué se puede hablar de alcohol y drogas con naturalidad pero de sexo homosexual no?
Tras mes y medio en Barcelona ya era “punto de interés turístico” en la guía Gay Alemana de Barcelona, por que me he liado con la mitad de los alemanes que visitan la ciudad (lo que me puede gustar a mi un alemán, ¡por favor! ¿he dicho ALEMÁN?…) El otro día salí tan animado de la actuación de las “Shimai” en el hotel Axel que me fui a tomar unas copas. Después del primer Vodka Tonic en el bar del hotel me acerqué a La Chapelle, en la calle Muntaner. Un bar pequeñito, bastante Kitsch, y con afluencia de hombres grandes y fuertes, al menos las veces que voy yo (que parece que los huelo porque siempre que voy allí acabo liado con dos o tres; ¡qué le voy a hacer si me viene de familia!). Así que después de pedirle una copa y el número de teléfono al chulo que regenta al garito (por cuarta vez) y recibir calabazas (por cuarta vez) ya estaba intimando con Hasting, Geert , Hahn y Jürgen . Cuatro maromos de impresión a los que les parecí “So Cute” (as usual!). Hahn y Geert eran pareja desde hace quince años pero los otros dos no, y además de estar solteros venían bastante salidos tras una semana de crucero “cultural” rodeados de abuelos Franceses. Por lo que después de varios tocamientos e intimar verbalmente mientras nos emborrachábamos, cuando cerró el bar los metí en un taxi y me los llevé a casa para terminar de intimar… Resultado: una lámpara rota, sofá, alfombra y pared manchados, botella y media de Vodka y cinco condones llenos de amor en la papelera de mi baño; ¡Aysshh!... La tal Eloísa era guapa. Muy guapa, que diría Cavalli (imbécil). Pero llega a nacer un poco más tonta y tienen que llevarle las babas a parte para luego metérselas en la boca.
  • -No pensé que fueras tan guapo- dijo ella, tan ancha.- ¿Por qué no eres modelo?
  • -¿Por que no sufro anorexia?- dije sonriendo y ella pareció tener un orgasmo, hasta que me di cuenta de que tan sólo se reía.
Y fue entonces cuando su tontería aumentó hasta límites insospechados al realizar, mucho antes de lo que esperaba, la pregunta que todo el mundo espera que haga cualquier J.A.E. (Joven Absurda Equivocada):
  • -¿Crees que soy moderna?- que además adornó con el esperado (se abre la veda)- Y quiero que seas absolutamente sincero- con el que tú, automáticamente, piensas: “ ¡Te vas a cagar!”
Teniendo en cuenta que llevaba el pelo a lo Kim Bassiger en Nueve semanas y media, que el vestido, además de grande, era de algún diseñador misógino y que sus zapatos no tenían nada que ver con la temporada del año en la que estamos “I’m Sorry, Honey” pero no eres nada moderna, decidí hacer caso a los gestos desesperados de Ania que, por detrás de la cabeza de Eloísa, me rogaba que fuera E D U C A D O. Por lo que respondí con un discreto: “Podemos decir que si”. Había ganado. Aquella mentira me otorgó los minutos de más audiencia de la semana, la mejor entrevista de Eloísa hasta el momento en dos años de programa, la felicitación del director (amigo de Eloísa) y la consiguiente propuesta de trabajo como colaborador semanal del programa de la tarde; a la cual rehusé por exclusividad de contrato con mi agencia en Londres y por que una mierda voy a trabajar YO en una tele local.
  • -Si te apetece comemos juntos; es que no me gusta comer sola- me dijo Ania, y me pareció tan descaradamente sincera que no me pude negar. -Además quiero pedirte disculpas por la encerrona de mi Director.
  • -No te disculpes tú por eso- le dije sonriendo.
Me llevó a un bar de menú por doce euros cerca de allí. Cuando entré me dieron ganas de echarme a correr en busca del primer taxi, pero me advirtió que se comía muy bien y que no me dejase llevar por las apariencias; a mi, que precisamente es por lo que me pagan: por fijarme en la apariencias. Ya sentados y servidos se interesó por mi vida: estudios, familia y esas cosas. A mi no me gusta mentir así que le conté mis comienzos en Calvin Klein en NY, la experiencia de la moda in situ en aquellos años de pasarela, mi vida en Londres (la mejor ciudad del mundo para divertirse si consigues aislarte de los British) y lo de mi madre. “No te preocupes. A menor escala, y con menos dosis de Glamour, en mi familia tengo unas cuantas historias parecidas”- me dijo riendo sin parar. Cuando terminamos de comer me acompañó ha coger un taxi.
  • -Tengo tu número de teléfono y te agregaré como amigo al Facebook- dijo mientras se despedía. – Me gustaría salir una noche contigo; mis amigos te encantarían.
  • -Estaré encantado. Llámame cuando quieras- le contesté, ya dentro del coche.
Me sentía tan bien que decidí pasarme por Kiehl’s a comprarme unas cremitas y dedicar la tarde a tener “Un Día Con Las Chicas”, y así estar radiante para la cena de despedida de los chulazos alemanes. Al llegar a casa, mi vecina la del cuarto, una señora de setenta años, bastante desagradable de aspecto pero de buenos modales, excesivamente amable y sin familia, me comenta la urgencia de realizar una reunión de vecinos porque llevaba varias noches oyendo, por el patio interior del edificio, el que comunica los baños, y a altas horas de la madrugada risas, ruidos y un descontrolado uso del agua de la ducha: “Con la sequía que hay en este país”-dijo ofendida. “Eso es que tiene el sueño ligero y cualquier ruido la desvela”- le dije, y me la llevé cogida del brazo calle abajo hasta la farmacia de un niñato de veintipocos (con más rabo que la pantera rosa) que de vez en cuando me visita en casa, para comprarle (de extraperlo) unas pastillitas: “Que le proporcionarán ocho horas de sueño seguidas; si no la matan antes, claro”- le dije, mientras pensaba que no sería precisamente ella la que cortara el goteo de amantes, alcohol y desenfreno sexual en el lujo de vida que hace años decidí disfrutar.

25 septiembre, 2008

CAPITULO DOS. "Stereo-fónica"

Mi madre ha paseado su culo operado por medio mundo con la intención de quedarse pero siempre regresa a USA. Tiene más pilotos en su haber que kilómetros un cantante de Rock.
  • - Es que imagina qué podría hacer yo ahora mismo viviendo en Marbella- me decía el otro día- ¿O en Murcia?
  • - ¡Ni se te ocurra!
  • - Llevo muchos años fuera, de un lado para otro. He estado en todos los lugares del mundo en los que he querido estar, y en los que no, y donde mejor me encuentro es aquí, qué le voy a hacer.
  • - ¿Dónde has estado últimamente, Mamá?- pregunté.
  • - En tu casa, en Lóndres- contestó.
  • - ¿¡Qué!? ¿En mi casa? Mamá, mi casa está alquilada- dije enfadado.
  • - Sí. Por un chico muy bien educado: John. Estuvo muy atento y se alegró muchísimo de conocerme y de tenerme allí unos días.
  • - ¿¡Días!?- pregunté desquiciado.
  • - Tan sólo dos. Luego estuve con Mary Kate y su nuevo marido, que se han instalado en Richmond Upon Thames, en un piso precioso- dijo con voz alegre.- Además, hemos planeado hacer juntos un crucero por el caribe dentro de unos meses; será la octava ya.
  • - Mamá. Mary Kate y tú debéis estar hartas de ese viaje- dije.
  • - No, no, “Honey”. El crucero lo haré con John- dijo y entonces YO le colgué el teléfono.
Era una forma divina de empezar el día. Las buenas críticas de los conciertos que da Madonna en Sevilla y Valencia, en los periódicos, me hacen reír tanto que se me derrama el café por el suelo del bar donde desayuno, de vez en cuando, debajo de mi casa. Pido disculpas y pago, antes de se pongan a limpiarlo y me manchen el pantalón (no entiendo esa manía que tienen en este país de limpiarlo todo con lejía y cocinarlo todo con ajo (God Bless Victoria Beckam!) Mi amiga Elga (una sueca de dos metros de alto) se dedica a la crítica musical. Elga, decidió, hace años, dedicarse al Pop y a la música “moderna” (electro, electro- rock, electro- chic, electro- punk, electro- retro, electro- me lo invento) porque jamás entendió la fascinación de la gente por el jazz (Oh My God! No sé que haría si perdiera mis cd’s de Chet Baker). La culpable de que Britney Spears cayese en el foso de las bestias fue en parte de ella, cuando destrozó (sin decoro, ni compasión) el último grandes éxitos de la cantante. Elga y yo nos conocimos en Nueva York, cuando estudiábamos. A mi me llamó la atención su “Europe-style” y no me pude resistir. Tenía un horrible acento de “Flo-ur-ida” (donde su familia la envió a estudiar) y se hacía llamar Bettsy, ya que su nombre sonaba demasiado a Ruso; y en la era Gorvachov aquello era una lacra en Estados Unidos. Elga y yo comenzamos a ir a fiestas, conciertos , subastas y exposiciones hasta convertirnos en imprescindibles en el panorama neoyorquino. Luego regresamos a Europa, pero cada uno por su lado. Elga me envió un email desde Cardiff, y luego otro desde Niza, y otro desde Berlín y así desde todas las ciudades donde la Diva iba dando conciertos, y siempre con el mismo texto: “ Si quieres escuchar al Pato Donald desafinando ve a verla. ¡Qué horror de concierto, pero cómo Amo a esta mujer!”. Elga (Bettsy) decidió seguirla por todo el planeta y compró entradas para todos los conciertos de la gira. La excusa: hacer un seguimiento de la gira (conversando con fans y con los trabajadores de la Diva en el tour) que finalizaría con una entrevista a la cantante(¿?) para un gran reportaje que Vanity Fair le había comprado a Elga, con anterioridad, previo pago de MUCHO dinero. Pero en Barcelona no hay Celebrities y es maravilloso. No es que me desagraden, es que no me caen bien. Bueno no es cierto: YO, no les caigo bien a ellos. Recuerdo las veces que he tenido que compartir “Front Row” con alguno de ellos, cuando hacía pasarela. O en cócteles o en fiestas o en orgías (algún día escribiré las “Crónicas de Narnia del sexo con famosos”, puffff…). Lo peor de las celebrities es que dan por hecho tantas cosas que su conversación es , en la mayoría de las ocasiones, INSOPORTABLE. Lo mejor, es que subestiman la más importante: Que soy más rico que la mayoría de ellos y sus Glamurosas vidas para mi no lo son tanto. Llevo rodeado de lujo y dinero desde que mi madre decidió ganarse la vida de rodillas y utilizando la boca. He tenido siempre más dinero del que haya podido gastar nunca.
  • - He pensado que podríamos pasar unos días juntos en Barcelona antes de que regrese a Chicago.
  • - Mamá, estoy muy enfadado. No puedes ir a mi casa y decirle a mi inquilino que te aloje sólo porque eres mi madre- le dije realmente enfadado.
  • - Oh, Sweety. C’mon! Me aburro en los hoteles, ya lo sabes- dijo ella.
Es imposible. Sin quererlo mi madre se ha convertido en una de ellos y me saca de quicio. Ha sido considerada la mujer mejor vestida del año en nueve ocasiones (celebrándolo en Milán junto a (SOY YO) Giorgio Armani), la más operada en cuatro (y que ahora ostenta Cher), mujer más influyente en NYC en el año 1994, aunque aún no se han atrevido a darle el premio en el que todavía no tiene rival posible: La Más Puta (aunque estemos hablando de Madonna).
  • - No pareces hijo mío. No te gusta divertirte - sentencia con dramatismo Hollywoodiense.
  • - Seguro que es por que me parezco a mi padre; si recuerdas quién es, claro.
Decido pasear para calmarme; que al fin y al cabo es por lo que me pagan. Son las 10 de la mañana, es domingo y brilla el sol. A pesar de lo que pueda parecer disfruto más de las mañanas que de las noches y descubro que las mañanas en esta ciudad están llenas de luz; al menos por ahora. Cojo mi cámara de fotos, mi moleskine y mi ipod, y me voy hasta el centro de la ciudad: plaza Catalunya. Bajo hasta Consell de Cent y giro hasta Rambla Catalunya. Allí me encuentro con las pijas de siempre (reconocibles en cualquier lugar del mundo: jerseys de cashmere y perlas; una moda de los noventa que diez años después causa furor; y escozor) y con turistas del norte que, no importa el clima que tengamos, ellos siempre llevarán pantalón corto de pinzas, chubasquero y mochila (y que, depende de la zona norte de Europa de la que provengan, a veces, su look se adereza con sandalias y calcetines: “Todo Un Clásico”). Ya en Plaza Catalunya la comunidad hispana se hace notar: pelo cardado con mucha laca(o liso extremo a base de químicos y largas sesiones de secador) jeans ceñidos al cuerpo (que si son de dos tallas menos MEJOR), tops (en dos versiones distintas: con o sin BARRIGA), zapatos-imposibles de colores-imposibles en pies-imposibles con uñas de color-imposible, y mucho complemento (como si les fuera la vida en ello). Pero ellos son los mejores: jeans (dos tallas más grande), polo (con el logo de Ralph Laurent al revés: el caballo hacia la derecha), un gorra a juego con unas zapatillas deportivas donde se vea mucho la marca, o el look “Soy-del-Bronx-pero-no-hablo-inglés” (que pusieron de moda los raperos de los noventa que ahora visten los trajes de (SOY YO) Giorgio Armani, aunque continúen cargados de oro; ni que fueran gitanos). Pero estoy tan inmunizado que nada, por muy descabellado que sea, consigue provocarme el vómito como cuando empecé en este mundo (¡qué años aquellos, Aysh!). Mi observación va por encima de lo que se ve. Por eso no me preocupo de las modas; lo que se lleva y lo que no. Hasta que me obligan a ser parte de todo este Bussines.
  • - Perdona ¿quién dices que eres?- le pregunto atónito a la voz cantarina de la muchacha que me llama.
  • - Ania Díaz: directora comercial de Btv (Barcelona televisión)- contesta, amablemente por cuarta vez.
  • - Es que… ¿Cómo sabéis mi número y a lo que me dedico? ¿Vais espiando a la gente?- pregunté, sin salir de mi asombro.
  • - ¡¿Oiga!?- responde ella, que seguidamente ríe. – Te reconocí el otro día en el estreno de la peli de Woody Allen e hice un par de llamadas…
  • Me quedé en silencio. No daba crédito.
  • - Y ¿qué puedo hacer por ti?- le pregunté, estupefacto ante Mata Hari.
  • - Venir a nuestros estudios y concedernos una entrevista. Tu jefa, Camila, creo recordar que se llama, me dijo que no habría ningún problema, que eras muy amable- dijo, y se quedó unos segundos en silencio escuchando cómo mi respiración se aceleraba. - ¿Qué dices?- preguntó finalmente.
  • - La mato- dije y ella soltó una carcajada.

11 septiembre, 2008

CAPITULO UNO. "Sencillamente perfecto"

A las Ocho de la mañana mi blackberry empieza a vibrar, inesperadamente, sobre la mesa de noche, al ritmo de la maravillosa voz de Miss Jennifer Hudson cantando “Spotlight”.
  • - Camilla son las ocho de la mañana. ¿Lo sabes?- dije enojado sin ni siquiera saludar.
  • - Sí. Y las siete en Londres, ya lo sé. ¿Dónde estás? No te veo- dijo.
En ese momento me dije que no podía ser verdad, que aún dormía y que estaba soñando, pues a nadie más que a ella se le ocurriría hacer una video llamada a esa hora; ya que su cara luce a las siete de la mañana tan perfecta como a las siete de la tarde (la muy hijalagranputa).
  • - No me puedo creer que me estés video llamando, Camilla.
  • - Peter, “honey”- dijo en perfecto acento americano como buena Uruguya educada en Miami.- La tecnología es aliada nunca enemiga.
¿Aliada? Será zorra, pensé. Si se levanta una hora antes de la de rigor para dibujarse la cara antes de ir al despacho.
  • - “Honey”- le dije imitando el acento. -Con base Full Coverage de Mac, compactos de Chanel, sombras de Dior y el lipgloss nº 18 “Drama Queen” de Helena Rubinstein la tecnología se alía con cualquiera.
  • - Un hombre, por muy gay que sea, no debería estar al corriente del mejor maquillaje.
  • - ¡Qué básica eres! Camilla, cariño…
  • - Han pasado ya dos semanas, Peter, y aún no sé nada de ti- terminó y se quedó en silencio.
¿Qué estaba ocurriendo? Camilla ¿preocupada? ¿Ella? La única vez que la vi preocupada fue cuando aparecieron unas fotos en la portada del The Sun a la salida de una fiesta de McQueen donde, los paparazzis fotografiaron a Kate Moss puestísima de todo, cogida de su brazo. Pero a Camilla ni las fotos ni la cara descompuesta de Kate le preocuparon tanto como la camiseta de H&M y el chadal (de Stella McCartney, sí, pero un chandal al fin y al cabo) que lucía ella en todo aquel tinglado. “Es mi ruina”- dijo realmente afectada, tomando un blodymary para la resaca en su despacho; pero nadie le dijo que se fuera a la fiesta del mes después del Gim, para hacerse la cool (pero claro: “ Si Madonna pasea sus Chandal por las calles de Londres ¿por qué ella no?).
  • - Se puede saber ¿qué has estado haciendo?- preguntó.
  • - Habituándome a la ciudad y buscando piso; que no ha sido fácil.
  • - ¡Venga ya! Mucha gente mataría por un apartamento en el centro de Barcelona.
  • - Pues parece ser la forma de conseguir algo decente.
Al tercer día de mi llegada pregunte en la recepción del hotel para ver si me daban alguna idea de encontrar algo de un modo fácil. El muchacho (con unas mechas rubias horribles pero muy amable, eso sí) me comentó las dificultades de la ciudad para encontrar piso y que, por eso, sería mejor que me planteara la idea de buscar una habitación en un piso compartido. Me quedé estupefacto. ¿Aquel chico había insinuado que compartiera la estantería del baño con las cremas de otro? Tras varios segundos de silencio en los que me convencí de que aquel muchacho de mechas rubias (que seguro le había hecho una amiga en casa) hablaba en serio, comencé a reírme sin parar, por la osadía. Las mejillas del muchacho tornaron del blanco (ausencia-de-sol) al rojo (vengo-de-la-playa) ante las atentas miradas del resto de clientes del hotel que veían, con asombro, cómo yo me doblaba progresivamente por la risa hasta quedarme, literalmente, agarrado al mostrador de la recepción con la punta de los dedos, para no caerme al suelo.
  • - Cariño- le dije recuperando la compostura.- Ni siquiera cuado me ligo a un chulo me lo llevo a casa . Y me marché secándome las lágrimas.
Así que decidí olvidarme de buscar y poner el caso en manos de una inmobiliaria; total tenía todo el tiempo del mundo. El señor vestido de idiota que tienen en la entrada del hotel Majestic, me abrió la puerta y el calor me pegó fuerte en la cara. Nadie me había advertido de que la humedad en esta ciudad te hace sudar hasta límites insospechados (en lugares insospechados). No tengo problemas con el sudor (al menos desde que me inyecto botox en las axilas para no sudar). Pero no me hace ninguna gracia tener la cara llena de grasa y aspecto de haber corrido la maratón Olímpica allá donde vaya. Y a pesar de ser una realidad, el taxista que me llevó hasta Mauri, para desayunar, me hizo sudar tanto dentro de su vehículo que al llegar más que subido en él taxi parecía que había llegado empujándolo. –“¿Es que no conocen el aire acondicionado?”- pensé. Llegué a Mauri, me senté junto a la ventana y pedí un café con leche. Saqué mi MacBook de la mochila para revisar emails y conectarme con la web de alguna inmobiliaria. La camarera (sólo trabajan mujeres) muy amable me dio los buenos días y dejó el café sobre la mesa. Mauri es el mejor lugar de Barcelona para desayunar. La selección de bocadillos y tan bien envueltos en ese papel, los pastelitos, el café… Aunque lo mejor es toda la “Gama alta” de la Jet set Barcelonesa mostrando pieles, joyas y laca; mucha laca. Barcelona guarda todavía ese rollito de clases sociales que aún se vive en los pueblos de Inglatera, y la Rambla Catalunya es el lugar perfecto para disfrutalo. Me lo recomendó una amiga Australiana adicta al sándwich de lomo rebozado que hacen allí y reconozco que después de probarlo vengo varias veces a la semana a desayunar; aunque yo prefiero el sándwich de rosbif con mostaza. Después de varias llamadas en las que se pensaron que era uno de esos clientes a los que no les importa perder el tiempo al teléfono (¡qué valor!) una chica me dijo que en su base de datos tenía algo similar a lo que andaba buscando. Era la primera de cuatro intentos. Así que quedé con ella en la esquina de Consell De Cent con la calle Muntaner. “Una finca regia del siglo pasado, preciosa”- me dijo por teléfono, claro que supongo que la muchacha era de esas personas que aún piensan que el siglo pasado es el XIX por que el edificio se caía a pedazos. Cuando llegó, y tras disculparse por los diez minutos de retraso, me explicó que no me dejara impresionar por el aspecto exterior, ya que el interior estaba recién restaurado y el piso era de obra reciente a estrenar. Tengo dos pisos en propiedad (Nueva York y Londres ) y otro de alquiler (París), es decir: ni me inmuté. Lo más gracioso es que tenía razón. Por dentro era precioso. Habían recuperado todo el esplendor modernista del portal y el brillo del mármol de la escalera que alguien en la década de los ochenta decidió esconder por que no era moderno (Please God: make me blind!). La muchacha se dirigió hacia la escalera y aunque mi intención fue la de ir en busca del ascensor ella, sin ni siquiera girar la cabeza (¡GRANDE!) me dijo: “No te molestes. Si quieres este piso tendrás que mover el culo”. Así que movido por la curiosidad seguí a la muchacha de piernas esbeltas (y zapatos baratos) hasta el piso cuatro. No me gustó. Le había dicho que quería un ático bien iluminado, con terraza de las dimensiones que fueran (total no iba a montar una piscina ni una residencia de ancianos) y con tres habitaciones mínimo. Pero creo que se acojonan cuando les dicen que no te importa la cantidad (sobre todo si no la pagas tú, ¿qué tal?). Así que concerté un par de citas más para ese día y otras cuantas más para el día siguiente. De regreso al hotel me llamó mi amigo, John, que se enteró por el Facebook que me iba a Barcelona por una temporada y quedamos para cenar en el restaurante del hotel: el Drolma (menos mal, por que esta ciudad no se puede decir que sea la ciudad de la diversión, y mucho menos un martes por la noche). John es de esos hombres que quita el hipo. Alto (my alto), guapo (muy guapo) y grande (muy grande), perfecto para ir a cenar. Lleva en el mundo de la moda desde que tiene 8 años haciendo anuncios para televisión. Con 19 años dejó su Manchester natal para irse a Milán pero no tuvo mucha suerte (Italianos, ya se sabe) y cuando llegó a París se comió el mundo. Una amiga mía que trabajaba en su agencia me dijo que acababa de llegar y que no tenía donde hospedarse, que era un trozo de pan y que tenía mucho futuro pero que si se marchaba en ese momento, por no tener dinero, se iría todo a la mierda. Así que lo tuve en casa durante unos meses; y nos hicimos muy amigos. En aquel momento trabajaba haciendo las crónicas de las pasarelas europeas para varias revistas americanas y me lo llevaba a todas partes. Como el muchacho no pasa desapercibido, no tardaron en ofrecerle cosas, y ahora está en lo más alto. Pero tiene un gran problema: se pierde por unas bragas. Me contó que había recorrido miles de kilómetros detrás de una modelo Australiana con la que había trabajado varias veces, pero que a ella no le interesaba él lo más mínimo (claro- pensé- por que ella quiere ligarse a alguien parecido a Favio Briatore y dedicarse a tener hijos como una coneja, que es lo que hacen todas) y que estaba echo polvo y bla, bla, bla... me marea. No entiendo cómo los hombres llegan a perder tanto la cabeza por una mujer que les diga que no, perdiendo la cordura y la mitad de sus fortunas, en fin; pero le tengo tanto cariño que no me molesta que me cuente todas sus batallas (y además es tan guapo que por verle la cara le dejo que me lea la biblia, si quiere). Total. Después de dos botellas de Les Brugueres y cuatro Vodkatonic a él se lo llevó un taxi calle arriba y yo me fui a la habitación, por no quedarme más remedio… Al día siguiente las visitas a los pisos que tenía concertadas resultaron más desalentadoras de lo que esperaba (como suele pasar). Una señora (que además venía borracha de anís) incluso me intentó alquilar un piso donde el baño era del mismo tamaño que el de cualquier baño, de cualquier avión, en los que he viajado. De hecho, si te sentabas en la taza tenias que levantar el labavo con el hombro o cagar de lado, lo que dificulta gravemente la faena. Para colmo, ya en el salón, me dice: -“Y la tele es de las de color y todo, ¿eh?” – con marcadísimo acento Catalán mientras intentaba no caerse sobre un sofá de ski rojo granate que alguien se dejó allí olvidado allá por el año 1957. Luego se empeñaba en acercarse para decirme las ventajas de usar bombona de butano, con el asco que me da a mi el olor a anís (PUAG). Al final me pareció tan pintoresca, la señora, que le pedí por favor que me dejara sacarle una foto para utilizarla en mis postales de Halloween y ella quedó encantada y se dejó, ¡qué pena!
  • - Pero al final ¿has conseguido piso o no?- preguntó Camilla, casi gritando, desde el otro lado del teléfono, con esa peculiar intranquilidad típica de las “celebrities” cuando quieren saberlo todo YA.
Pero me quedé unos segundos pensando en lo fácil que resultan a veces las cosas. Tan sólo teniendo claro lo que quieres. Y en eso, con los años, me he convertido en un verdadero experto.
  • - Pues claro que sí: un ático precioso de 80 metros cuadrados y 30 de terraza en Enric Granados con la calle Valencia.
Sencillamente: perfecto.

04 septiembre, 2008

Presentación

Cuando mi jefa, en su despacho, me dijo que me enviarían un año a Barcelona más que alegrarme sentí que me mareaba.

- ¿Has estado antes allí?- me preguntó con voz dulce sobre aquellos maravillosos Gucci de 15 cm que sólo ella y Naomi Cambell saben llevar. Me quedé mirándola con expresión indiferente, como es normal ante una pregunta directa sea de la índole que sea. Pues lo único que recuerdo de aquel viaje es que esnifé tanto Popper que estuve mareado cuatro días. Pero deduje que eso a ella no le interesaba y respondí con un sencillo: - Una vez; sí. Fui un fin de semana hace un año, para un “Bread & Butter”. Estuve tres días y cuatro borracho. Recorrí todos los bares incluyendo el Strass (que es el lugar más penoso en el que he estado en mi vida superando, incluso, a un mítico bar de lesbianas negras en Brooklyn que se llamaba “The Black cave”). Viernes Metro Disco y luego de after en Balmes 88. Sábado Salvation y después Souvenir. Y como no podía ser de otro modo, el Domingo por la tarde Sauna Casanova; donde dos alemanes con la altura del Coloso de Rodas me destrozaron el culo y la dignidad (y varias neuronas. ¡Qué manera de esnifar Popper!) Y aunque Camilla y yo somos buenos amigos sé que muere por saber qué hace toda la gente que conoce (convirtiéndose en la persona más gay que la mayoría de los gays que conozco). Pero mi espíritu conservador me ata en la prudencia y me obliga a callar, consiguiendo ser más odiado, si cabe, en este mundo donde ser excesivo significa acceder directamente al Olimpo. Pero a mi el Olimpo nunca me ha atraído lo suficiente; está demasiado lejos. Siempre preferí los chicos de la calle a los de la Super Pop, la ropa de la Nancy a la de Barbie , Olé Olé a Mecano. Esto me llevó a fijarme más en la ropa que llevaban mis compañeras de clase en el Instituto que en la que aparecía en el Vogue. Mi despertar a la moda surgió en los noventa, justo después de los excesos de los ochenta: la década dorada de Gaultier y Lacroix ( y los avances tecnológicos de Estee Lauder, claro). Mi madre que es muy avispada (y de quién heredé el fanatismo por las cremas faciales) se dio cuenta enseguida de mi habilidad para combinar y detectar imitaciones de diseñadores y me envió (con el beneplácito y la cuenta corriente de su Rico- Novio- Americano) a estudiar diseño a Nueva York. Viví en la 79th con Broadway, al lado de la Iglesia Evangelista y la boca de metro de la Línea roja de Manhatan; la línea que atraviesa la isla de Norte a Sur. Esa línea de metro me marcó de por vida. Y aunque la ridícula y estirada Carrie Bradshaw y sus “inverosímiles” amigas siempre se movieran en Taxi por la ciudad, la verdadera esencia de Nueva York está bajo tierra, en el Subway: donde todas las clases sociales, TODAS, se unen en los mismos metros cuadrados. Allí, antes de terminar mis estudios, y por méritos académicos, empecé a trabajar en las oficinas de Calvin Klein, ordenando, clasificando, etiquetando colecciones y comprobando materiales. La mismísima mano derecha del propio Richard vino a la escuela a buscar un ayudante para el “Closet” de su oficina en Manhattan. Con ellos aprendí que es más importante la materia prima que la marca. Su filosofía se podría definir en: “Si lo puedes hacer en Taiwan con la mitad de tu dinero y venderlo luego a precio de oro con tu etiqueta, hazlo”; claro que habría que añadirle: “pero JAMÁS te lo pongas tú”; cinismo Calvin Klein. Claire, jamás vistió nada de la marca para la que trabajaba excepto en alguna fiesta en la que se veía obligada a asistir. Y auque esto es motivo ya no sólo de despido, sino de traición a la corona o excomulgación, Claire elevó la osadía a simbólico mito dentro del Fashion Business, todo el mundo la envidiaba por ello. De hecho el día que fue a la escuela vestía Armani de pies a cabeza; ¡Grande! Se sabía de su existencia pero era más anti star system que la propia Coco Chanel, así que vivía casi en el anonimato, de cara a las revistas. Durante los cinco años que estuve viviendo y estudiando allí mi madre se dedicó a recorrer el país. Nunca ha tenido ni residencia ni marido fijo, de hecho se casó 2 veces en Nevada y 8 en Las Vegas; donde se convirtió en Multimillonaria apostando a la ruleta con el dinero de un magnate (mafioso) italiano al que convenció, mediante práticas de sexo tántrico (donde era una verdadera experta, según tengo entendido) y alguna que otra felatio sin dentadura (que más tarde cambiaría por una fija cuando se hizo adicta a la cirugía estética, el día que se dio cuenta de que sus caderas YA no cabían la talla menos cero que siempre había usado) para que me adoptase a mi como hijo suyo y así cambiarme el nombre y el apellido. A mi de entrada me pareció demasiado, pero como ella misma me explicó: “ Si te dedicas a esto de la moda tendrás más posibilidades de triunfar llamándote Peter Ciccone, de Nueva York, que Pedro Gutiérrez, de Murcia”. Casi en la misma época en la que me cambiaron el nombre nació un término dentro del mundo de la moda para denominar a algunos de los Gurus de moda; que no so ni diseñadores ni modelos. Un “Cool hunter” es una persona con la capacidad de adivinar qué estará de moda dentro de unos años analizando lo que se lleva ahora. Algo así como el hombre del tiempo pero sin satélites en órbita. Su capacidad para analizar el “streetwear” y adelantarse a los acontecimientos, y que tanto los diseñadores como las marcas continúen siendo negocios rentables, los convierte casi en intocables. La moda surge y cambia en la calle. Las pasarelas tan sólo son los apuntes de los Coolhunters de todo el planeta. Y aunque muchos son los que dicen dedicarse a eso, sólo unos pocos pertenecemos a la ÉLITE. Y esto se paga. Mi nombre es Peter Ciccone. Soy Coolhunter y, ahora, vivo en Barcelona.

01 septiembre, 2008

So Chic

Las aventuras de un Chico Moderno en Barcelona. Lo mejor de la próxima temporada. NO TE LO PUEDES PERDER ¡¡PRÓXIMAMENTE!!

music SoChic!