11 septiembre, 2008

CAPITULO UNO. "Sencillamente perfecto"

A las Ocho de la mañana mi blackberry empieza a vibrar, inesperadamente, sobre la mesa de noche, al ritmo de la maravillosa voz de Miss Jennifer Hudson cantando “Spotlight”.
  • - Camilla son las ocho de la mañana. ¿Lo sabes?- dije enojado sin ni siquiera saludar.
  • - Sí. Y las siete en Londres, ya lo sé. ¿Dónde estás? No te veo- dijo.
En ese momento me dije que no podía ser verdad, que aún dormía y que estaba soñando, pues a nadie más que a ella se le ocurriría hacer una video llamada a esa hora; ya que su cara luce a las siete de la mañana tan perfecta como a las siete de la tarde (la muy hijalagranputa).
  • - No me puedo creer que me estés video llamando, Camilla.
  • - Peter, “honey”- dijo en perfecto acento americano como buena Uruguya educada en Miami.- La tecnología es aliada nunca enemiga.
¿Aliada? Será zorra, pensé. Si se levanta una hora antes de la de rigor para dibujarse la cara antes de ir al despacho.
  • - “Honey”- le dije imitando el acento. -Con base Full Coverage de Mac, compactos de Chanel, sombras de Dior y el lipgloss nº 18 “Drama Queen” de Helena Rubinstein la tecnología se alía con cualquiera.
  • - Un hombre, por muy gay que sea, no debería estar al corriente del mejor maquillaje.
  • - ¡Qué básica eres! Camilla, cariño…
  • - Han pasado ya dos semanas, Peter, y aún no sé nada de ti- terminó y se quedó en silencio.
¿Qué estaba ocurriendo? Camilla ¿preocupada? ¿Ella? La única vez que la vi preocupada fue cuando aparecieron unas fotos en la portada del The Sun a la salida de una fiesta de McQueen donde, los paparazzis fotografiaron a Kate Moss puestísima de todo, cogida de su brazo. Pero a Camilla ni las fotos ni la cara descompuesta de Kate le preocuparon tanto como la camiseta de H&M y el chadal (de Stella McCartney, sí, pero un chandal al fin y al cabo) que lucía ella en todo aquel tinglado. “Es mi ruina”- dijo realmente afectada, tomando un blodymary para la resaca en su despacho; pero nadie le dijo que se fuera a la fiesta del mes después del Gim, para hacerse la cool (pero claro: “ Si Madonna pasea sus Chandal por las calles de Londres ¿por qué ella no?).
  • - Se puede saber ¿qué has estado haciendo?- preguntó.
  • - Habituándome a la ciudad y buscando piso; que no ha sido fácil.
  • - ¡Venga ya! Mucha gente mataría por un apartamento en el centro de Barcelona.
  • - Pues parece ser la forma de conseguir algo decente.
Al tercer día de mi llegada pregunte en la recepción del hotel para ver si me daban alguna idea de encontrar algo de un modo fácil. El muchacho (con unas mechas rubias horribles pero muy amable, eso sí) me comentó las dificultades de la ciudad para encontrar piso y que, por eso, sería mejor que me planteara la idea de buscar una habitación en un piso compartido. Me quedé estupefacto. ¿Aquel chico había insinuado que compartiera la estantería del baño con las cremas de otro? Tras varios segundos de silencio en los que me convencí de que aquel muchacho de mechas rubias (que seguro le había hecho una amiga en casa) hablaba en serio, comencé a reírme sin parar, por la osadía. Las mejillas del muchacho tornaron del blanco (ausencia-de-sol) al rojo (vengo-de-la-playa) ante las atentas miradas del resto de clientes del hotel que veían, con asombro, cómo yo me doblaba progresivamente por la risa hasta quedarme, literalmente, agarrado al mostrador de la recepción con la punta de los dedos, para no caerme al suelo.
  • - Cariño- le dije recuperando la compostura.- Ni siquiera cuado me ligo a un chulo me lo llevo a casa . Y me marché secándome las lágrimas.
Así que decidí olvidarme de buscar y poner el caso en manos de una inmobiliaria; total tenía todo el tiempo del mundo. El señor vestido de idiota que tienen en la entrada del hotel Majestic, me abrió la puerta y el calor me pegó fuerte en la cara. Nadie me había advertido de que la humedad en esta ciudad te hace sudar hasta límites insospechados (en lugares insospechados). No tengo problemas con el sudor (al menos desde que me inyecto botox en las axilas para no sudar). Pero no me hace ninguna gracia tener la cara llena de grasa y aspecto de haber corrido la maratón Olímpica allá donde vaya. Y a pesar de ser una realidad, el taxista que me llevó hasta Mauri, para desayunar, me hizo sudar tanto dentro de su vehículo que al llegar más que subido en él taxi parecía que había llegado empujándolo. –“¿Es que no conocen el aire acondicionado?”- pensé. Llegué a Mauri, me senté junto a la ventana y pedí un café con leche. Saqué mi MacBook de la mochila para revisar emails y conectarme con la web de alguna inmobiliaria. La camarera (sólo trabajan mujeres) muy amable me dio los buenos días y dejó el café sobre la mesa. Mauri es el mejor lugar de Barcelona para desayunar. La selección de bocadillos y tan bien envueltos en ese papel, los pastelitos, el café… Aunque lo mejor es toda la “Gama alta” de la Jet set Barcelonesa mostrando pieles, joyas y laca; mucha laca. Barcelona guarda todavía ese rollito de clases sociales que aún se vive en los pueblos de Inglatera, y la Rambla Catalunya es el lugar perfecto para disfrutalo. Me lo recomendó una amiga Australiana adicta al sándwich de lomo rebozado que hacen allí y reconozco que después de probarlo vengo varias veces a la semana a desayunar; aunque yo prefiero el sándwich de rosbif con mostaza. Después de varias llamadas en las que se pensaron que era uno de esos clientes a los que no les importa perder el tiempo al teléfono (¡qué valor!) una chica me dijo que en su base de datos tenía algo similar a lo que andaba buscando. Era la primera de cuatro intentos. Así que quedé con ella en la esquina de Consell De Cent con la calle Muntaner. “Una finca regia del siglo pasado, preciosa”- me dijo por teléfono, claro que supongo que la muchacha era de esas personas que aún piensan que el siglo pasado es el XIX por que el edificio se caía a pedazos. Cuando llegó, y tras disculparse por los diez minutos de retraso, me explicó que no me dejara impresionar por el aspecto exterior, ya que el interior estaba recién restaurado y el piso era de obra reciente a estrenar. Tengo dos pisos en propiedad (Nueva York y Londres ) y otro de alquiler (París), es decir: ni me inmuté. Lo más gracioso es que tenía razón. Por dentro era precioso. Habían recuperado todo el esplendor modernista del portal y el brillo del mármol de la escalera que alguien en la década de los ochenta decidió esconder por que no era moderno (Please God: make me blind!). La muchacha se dirigió hacia la escalera y aunque mi intención fue la de ir en busca del ascensor ella, sin ni siquiera girar la cabeza (¡GRANDE!) me dijo: “No te molestes. Si quieres este piso tendrás que mover el culo”. Así que movido por la curiosidad seguí a la muchacha de piernas esbeltas (y zapatos baratos) hasta el piso cuatro. No me gustó. Le había dicho que quería un ático bien iluminado, con terraza de las dimensiones que fueran (total no iba a montar una piscina ni una residencia de ancianos) y con tres habitaciones mínimo. Pero creo que se acojonan cuando les dicen que no te importa la cantidad (sobre todo si no la pagas tú, ¿qué tal?). Así que concerté un par de citas más para ese día y otras cuantas más para el día siguiente. De regreso al hotel me llamó mi amigo, John, que se enteró por el Facebook que me iba a Barcelona por una temporada y quedamos para cenar en el restaurante del hotel: el Drolma (menos mal, por que esta ciudad no se puede decir que sea la ciudad de la diversión, y mucho menos un martes por la noche). John es de esos hombres que quita el hipo. Alto (my alto), guapo (muy guapo) y grande (muy grande), perfecto para ir a cenar. Lleva en el mundo de la moda desde que tiene 8 años haciendo anuncios para televisión. Con 19 años dejó su Manchester natal para irse a Milán pero no tuvo mucha suerte (Italianos, ya se sabe) y cuando llegó a París se comió el mundo. Una amiga mía que trabajaba en su agencia me dijo que acababa de llegar y que no tenía donde hospedarse, que era un trozo de pan y que tenía mucho futuro pero que si se marchaba en ese momento, por no tener dinero, se iría todo a la mierda. Así que lo tuve en casa durante unos meses; y nos hicimos muy amigos. En aquel momento trabajaba haciendo las crónicas de las pasarelas europeas para varias revistas americanas y me lo llevaba a todas partes. Como el muchacho no pasa desapercibido, no tardaron en ofrecerle cosas, y ahora está en lo más alto. Pero tiene un gran problema: se pierde por unas bragas. Me contó que había recorrido miles de kilómetros detrás de una modelo Australiana con la que había trabajado varias veces, pero que a ella no le interesaba él lo más mínimo (claro- pensé- por que ella quiere ligarse a alguien parecido a Favio Briatore y dedicarse a tener hijos como una coneja, que es lo que hacen todas) y que estaba echo polvo y bla, bla, bla... me marea. No entiendo cómo los hombres llegan a perder tanto la cabeza por una mujer que les diga que no, perdiendo la cordura y la mitad de sus fortunas, en fin; pero le tengo tanto cariño que no me molesta que me cuente todas sus batallas (y además es tan guapo que por verle la cara le dejo que me lea la biblia, si quiere). Total. Después de dos botellas de Les Brugueres y cuatro Vodkatonic a él se lo llevó un taxi calle arriba y yo me fui a la habitación, por no quedarme más remedio… Al día siguiente las visitas a los pisos que tenía concertadas resultaron más desalentadoras de lo que esperaba (como suele pasar). Una señora (que además venía borracha de anís) incluso me intentó alquilar un piso donde el baño era del mismo tamaño que el de cualquier baño, de cualquier avión, en los que he viajado. De hecho, si te sentabas en la taza tenias que levantar el labavo con el hombro o cagar de lado, lo que dificulta gravemente la faena. Para colmo, ya en el salón, me dice: -“Y la tele es de las de color y todo, ¿eh?” – con marcadísimo acento Catalán mientras intentaba no caerse sobre un sofá de ski rojo granate que alguien se dejó allí olvidado allá por el año 1957. Luego se empeñaba en acercarse para decirme las ventajas de usar bombona de butano, con el asco que me da a mi el olor a anís (PUAG). Al final me pareció tan pintoresca, la señora, que le pedí por favor que me dejara sacarle una foto para utilizarla en mis postales de Halloween y ella quedó encantada y se dejó, ¡qué pena!
  • - Pero al final ¿has conseguido piso o no?- preguntó Camilla, casi gritando, desde el otro lado del teléfono, con esa peculiar intranquilidad típica de las “celebrities” cuando quieren saberlo todo YA.
Pero me quedé unos segundos pensando en lo fácil que resultan a veces las cosas. Tan sólo teniendo claro lo que quieres. Y en eso, con los años, me he convertido en un verdadero experto.
  • - Pues claro que sí: un ático precioso de 80 metros cuadrados y 30 de terraza en Enric Granados con la calle Valencia.
Sencillamente: perfecto.

2 comentarios:

roylaguna dijo...

Pido disculpas por la edición del texto pero los señores de blogspot no dan muchas opciones y al final el texto se queda como ellos quieren.

Gracias,

roylaguna

Anónimo dijo...

Hacía tiempo que no me reía tanto LEYENDO algo. Me encanta. Me he hecho super fan de Peter y esperaré ansioso la siguiente entrega.

Enhorabuena.

pd- ¿Se puede ser más marica que tú en las fotos y además quedar tan bien?