Mi madre ha paseado su culo operado por medio mundo con la intención de quedarse pero siempre regresa a USA. Tiene más pilotos en su haber que kilómetros un cantante de Rock.
- - Es que imagina qué podría hacer yo ahora mismo viviendo en Marbella- me decía el otro día- ¿O en Murcia?
- - ¡Ni se te ocurra!
- - Llevo muchos años fuera, de un lado para otro. He estado en todos los lugares del mundo en los que he querido estar, y en los que no, y donde mejor me encuentro es aquí, qué le voy a hacer.
- - ¿Dónde has estado últimamente, Mamá?- pregunté.
- - En tu casa, en Lóndres- contestó.
- - ¿¡Qué!? ¿En mi casa? Mamá, mi casa está alquilada- dije enfadado.
- - Sí. Por un chico muy bien educado: John. Estuvo muy atento y se alegró muchísimo de conocerme y de tenerme allí unos días.
- - ¿¡Días!?- pregunté desquiciado.
- - Tan sólo dos. Luego estuve con Mary Kate y su nuevo marido, que se han instalado en Richmond Upon Thames, en un piso precioso- dijo con voz alegre.- Además, hemos planeado hacer juntos un crucero por el caribe dentro de unos meses; será la octava ya.
- - Mamá. Mary Kate y tú debéis estar hartas de ese viaje- dije.
- - No, no, “Honey”. El crucero lo haré con John- dijo y entonces YO le colgué el teléfono.
Era una forma divina de empezar el día.
Las buenas críticas de los conciertos que da Madonna en Sevilla y Valencia, en los periódicos, me hacen reír tanto que se me derrama el café por el suelo del bar donde desayuno, de vez en cuando, debajo de mi casa. Pido disculpas y pago, antes de se pongan a limpiarlo y me manchen el pantalón (no entiendo esa manía que tienen en este país de limpiarlo todo con lejía y cocinarlo todo con ajo (God Bless Victoria Beckam!) Mi amiga Elga (una sueca de dos metros de alto) se dedica a la crítica musical. Elga, decidió, hace años, dedicarse al Pop y a la música “moderna” (electro, electro- rock, electro- chic, electro- punk, electro- retro, electro- me lo invento) porque jamás entendió la fascinación de la gente por el jazz (Oh My God! No sé que haría si perdiera mis cd’s de Chet Baker). La culpable de que Britney Spears cayese en el foso de las bestias fue en parte de ella, cuando destrozó (sin decoro, ni compasión) el último grandes éxitos de la cantante. Elga y yo nos conocimos en Nueva York, cuando estudiábamos. A mi me llamó la atención su “Europe-style” y no me pude resistir. Tenía un horrible acento de “Flo-ur-ida” (donde su familia la envió a estudiar) y se hacía llamar Bettsy, ya que su nombre sonaba demasiado a Ruso; y en la era Gorvachov aquello era una lacra en Estados Unidos. Elga y yo comenzamos a ir a fiestas, conciertos , subastas y exposiciones hasta convertirnos en imprescindibles en el panorama neoyorquino. Luego regresamos a Europa, pero cada uno por su lado.
Elga me envió un email desde Cardiff, y luego otro desde Niza, y otro desde Berlín y así desde todas las ciudades donde la Diva iba dando conciertos, y siempre con el mismo texto: “ Si quieres escuchar al Pato Donald desafinando ve a verla. ¡Qué horror de concierto, pero cómo Amo a esta mujer!”. Elga (Bettsy) decidió seguirla por todo el planeta y compró entradas para todos los conciertos de la gira. La excusa: hacer un seguimiento de la gira (conversando con fans y con los trabajadores de la Diva en el tour) que finalizaría con una entrevista a la cantante(¿?) para un gran reportaje que Vanity Fair le había comprado a Elga, con anterioridad, previo pago de MUCHO dinero.
Pero en Barcelona no hay Celebrities y es maravilloso. No es que me desagraden, es que no me caen bien. Bueno no es cierto: YO, no les caigo bien a ellos. Recuerdo las veces que he tenido que compartir “Front Row” con alguno de ellos, cuando hacía pasarela. O en cócteles o en fiestas o en orgías (algún día escribiré las “Crónicas de Narnia del sexo con famosos”, puffff…). Lo peor de las celebrities es que dan por hecho tantas cosas que su conversación es , en la mayoría de las ocasiones, INSOPORTABLE. Lo mejor, es que subestiman la más importante: Que soy más rico que la mayoría de ellos y sus Glamurosas vidas para mi no lo son tanto. Llevo rodeado de lujo y dinero desde que mi madre decidió ganarse la vida de rodillas y utilizando la boca. He tenido siempre más dinero del que haya podido gastar nunca.
- - He pensado que podríamos pasar unos días juntos en Barcelona antes de que regrese a Chicago.
- - Mamá, estoy muy enfadado. No puedes ir a mi casa y decirle a mi inquilino que te aloje sólo porque eres mi madre- le dije realmente enfadado.
- - Oh, Sweety. C’mon! Me aburro en los hoteles, ya lo sabes- dijo ella.
Es imposible. Sin quererlo mi madre se ha convertido en una de ellos y me saca de quicio. Ha sido considerada la mujer mejor vestida del año en nueve ocasiones (celebrándolo en Milán junto a (SOY YO) Giorgio Armani), la más operada en cuatro (y que ahora ostenta Cher), mujer más influyente en NYC en el año 1994, aunque aún no se han atrevido a darle el premio en el que todavía no tiene rival posible: La Más Puta (aunque estemos hablando de Madonna).
- - No pareces hijo mío. No te gusta divertirte - sentencia con dramatismo Hollywoodiense.
- - Seguro que es por que me parezco a mi padre; si recuerdas quién es, claro.
Decido pasear para calmarme; que al fin y al cabo es por lo que me pagan. Son las 10 de la mañana, es domingo y brilla el sol. A pesar de lo que pueda parecer disfruto más de las mañanas que de las noches y descubro que las mañanas en esta ciudad están llenas de luz; al menos por ahora. Cojo mi cámara de fotos, mi moleskine y mi ipod, y me voy hasta el centro de la ciudad: plaza Catalunya. Bajo hasta Consell de Cent y giro hasta Rambla Catalunya. Allí me encuentro con las pijas de siempre (reconocibles en cualquier lugar del mundo: jerseys de cashmere y perlas; una moda de los noventa que diez años después causa furor; y escozor) y con turistas del norte que, no importa el clima que tengamos, ellos siempre llevarán pantalón corto de pinzas, chubasquero y mochila (y que, depende de la zona norte de Europa de la que provengan, a veces, su look se adereza con sandalias y calcetines: “Todo Un Clásico”). Ya en Plaza Catalunya la comunidad hispana se hace notar: pelo cardado con mucha laca(o liso extremo a base de químicos y largas sesiones de secador) jeans ceñidos al cuerpo (que si son de dos tallas menos MEJOR), tops (en dos versiones distintas: con o sin BARRIGA), zapatos-imposibles de colores-imposibles en pies-imposibles con uñas de color-imposible, y mucho complemento (como si les fuera la vida en ello). Pero ellos son los mejores: jeans (dos tallas más grande), polo (con el logo de Ralph Laurent al revés: el caballo hacia la derecha), un gorra a juego con unas zapatillas deportivas donde se vea mucho la marca, o el look “Soy-del-Bronx-pero-no-hablo-inglés” (que pusieron de moda los raperos de los noventa que ahora visten los trajes de (SOY YO) Giorgio Armani, aunque continúen cargados de oro; ni que fueran gitanos). Pero estoy tan inmunizado que nada, por muy descabellado que sea, consigue provocarme el vómito como cuando empecé en este mundo (¡qué años aquellos, Aysh!). Mi observación va por encima de lo que se ve. Por eso no me preocupo de las modas; lo que se lleva y lo que no. Hasta que me obligan a ser parte de todo este Bussines.
- - Perdona ¿quién dices que eres?- le pregunto atónito a la voz cantarina de la muchacha que me llama.
- - Ania Díaz: directora comercial de Btv (Barcelona televisión)- contesta, amablemente por cuarta vez.
- - Es que… ¿Cómo sabéis mi número y a lo que me dedico? ¿Vais espiando a la gente?- pregunté, sin salir de mi asombro.
- - ¡¿Oiga!?- responde ella, que seguidamente ríe. – Te reconocí el otro día en el estreno de la peli de Woody Allen e hice un par de llamadas…
- Me quedé en silencio. No daba crédito.
- - Y ¿qué puedo hacer por ti?- le pregunté, estupefacto ante Mata Hari.
- - Venir a nuestros estudios y concedernos una entrevista. Tu jefa, Camila, creo recordar que se llama, me dijo que no habría ningún problema, que eras muy amable- dijo, y se quedó unos segundos en silencio escuchando cómo mi respiración se aceleraba. - ¿Qué dices?- preguntó finalmente.
- - La mato- dije y ella soltó una carcajada.