25 septiembre, 2008

CAPITULO DOS. "Stereo-fónica"

Mi madre ha paseado su culo operado por medio mundo con la intención de quedarse pero siempre regresa a USA. Tiene más pilotos en su haber que kilómetros un cantante de Rock.
  • - Es que imagina qué podría hacer yo ahora mismo viviendo en Marbella- me decía el otro día- ¿O en Murcia?
  • - ¡Ni se te ocurra!
  • - Llevo muchos años fuera, de un lado para otro. He estado en todos los lugares del mundo en los que he querido estar, y en los que no, y donde mejor me encuentro es aquí, qué le voy a hacer.
  • - ¿Dónde has estado últimamente, Mamá?- pregunté.
  • - En tu casa, en Lóndres- contestó.
  • - ¿¡Qué!? ¿En mi casa? Mamá, mi casa está alquilada- dije enfadado.
  • - Sí. Por un chico muy bien educado: John. Estuvo muy atento y se alegró muchísimo de conocerme y de tenerme allí unos días.
  • - ¿¡Días!?- pregunté desquiciado.
  • - Tan sólo dos. Luego estuve con Mary Kate y su nuevo marido, que se han instalado en Richmond Upon Thames, en un piso precioso- dijo con voz alegre.- Además, hemos planeado hacer juntos un crucero por el caribe dentro de unos meses; será la octava ya.
  • - Mamá. Mary Kate y tú debéis estar hartas de ese viaje- dije.
  • - No, no, “Honey”. El crucero lo haré con John- dijo y entonces YO le colgué el teléfono.
Era una forma divina de empezar el día. Las buenas críticas de los conciertos que da Madonna en Sevilla y Valencia, en los periódicos, me hacen reír tanto que se me derrama el café por el suelo del bar donde desayuno, de vez en cuando, debajo de mi casa. Pido disculpas y pago, antes de se pongan a limpiarlo y me manchen el pantalón (no entiendo esa manía que tienen en este país de limpiarlo todo con lejía y cocinarlo todo con ajo (God Bless Victoria Beckam!) Mi amiga Elga (una sueca de dos metros de alto) se dedica a la crítica musical. Elga, decidió, hace años, dedicarse al Pop y a la música “moderna” (electro, electro- rock, electro- chic, electro- punk, electro- retro, electro- me lo invento) porque jamás entendió la fascinación de la gente por el jazz (Oh My God! No sé que haría si perdiera mis cd’s de Chet Baker). La culpable de que Britney Spears cayese en el foso de las bestias fue en parte de ella, cuando destrozó (sin decoro, ni compasión) el último grandes éxitos de la cantante. Elga y yo nos conocimos en Nueva York, cuando estudiábamos. A mi me llamó la atención su “Europe-style” y no me pude resistir. Tenía un horrible acento de “Flo-ur-ida” (donde su familia la envió a estudiar) y se hacía llamar Bettsy, ya que su nombre sonaba demasiado a Ruso; y en la era Gorvachov aquello era una lacra en Estados Unidos. Elga y yo comenzamos a ir a fiestas, conciertos , subastas y exposiciones hasta convertirnos en imprescindibles en el panorama neoyorquino. Luego regresamos a Europa, pero cada uno por su lado. Elga me envió un email desde Cardiff, y luego otro desde Niza, y otro desde Berlín y así desde todas las ciudades donde la Diva iba dando conciertos, y siempre con el mismo texto: “ Si quieres escuchar al Pato Donald desafinando ve a verla. ¡Qué horror de concierto, pero cómo Amo a esta mujer!”. Elga (Bettsy) decidió seguirla por todo el planeta y compró entradas para todos los conciertos de la gira. La excusa: hacer un seguimiento de la gira (conversando con fans y con los trabajadores de la Diva en el tour) que finalizaría con una entrevista a la cantante(¿?) para un gran reportaje que Vanity Fair le había comprado a Elga, con anterioridad, previo pago de MUCHO dinero. Pero en Barcelona no hay Celebrities y es maravilloso. No es que me desagraden, es que no me caen bien. Bueno no es cierto: YO, no les caigo bien a ellos. Recuerdo las veces que he tenido que compartir “Front Row” con alguno de ellos, cuando hacía pasarela. O en cócteles o en fiestas o en orgías (algún día escribiré las “Crónicas de Narnia del sexo con famosos”, puffff…). Lo peor de las celebrities es que dan por hecho tantas cosas que su conversación es , en la mayoría de las ocasiones, INSOPORTABLE. Lo mejor, es que subestiman la más importante: Que soy más rico que la mayoría de ellos y sus Glamurosas vidas para mi no lo son tanto. Llevo rodeado de lujo y dinero desde que mi madre decidió ganarse la vida de rodillas y utilizando la boca. He tenido siempre más dinero del que haya podido gastar nunca.
  • - He pensado que podríamos pasar unos días juntos en Barcelona antes de que regrese a Chicago.
  • - Mamá, estoy muy enfadado. No puedes ir a mi casa y decirle a mi inquilino que te aloje sólo porque eres mi madre- le dije realmente enfadado.
  • - Oh, Sweety. C’mon! Me aburro en los hoteles, ya lo sabes- dijo ella.
Es imposible. Sin quererlo mi madre se ha convertido en una de ellos y me saca de quicio. Ha sido considerada la mujer mejor vestida del año en nueve ocasiones (celebrándolo en Milán junto a (SOY YO) Giorgio Armani), la más operada en cuatro (y que ahora ostenta Cher), mujer más influyente en NYC en el año 1994, aunque aún no se han atrevido a darle el premio en el que todavía no tiene rival posible: La Más Puta (aunque estemos hablando de Madonna).
  • - No pareces hijo mío. No te gusta divertirte - sentencia con dramatismo Hollywoodiense.
  • - Seguro que es por que me parezco a mi padre; si recuerdas quién es, claro.
Decido pasear para calmarme; que al fin y al cabo es por lo que me pagan. Son las 10 de la mañana, es domingo y brilla el sol. A pesar de lo que pueda parecer disfruto más de las mañanas que de las noches y descubro que las mañanas en esta ciudad están llenas de luz; al menos por ahora. Cojo mi cámara de fotos, mi moleskine y mi ipod, y me voy hasta el centro de la ciudad: plaza Catalunya. Bajo hasta Consell de Cent y giro hasta Rambla Catalunya. Allí me encuentro con las pijas de siempre (reconocibles en cualquier lugar del mundo: jerseys de cashmere y perlas; una moda de los noventa que diez años después causa furor; y escozor) y con turistas del norte que, no importa el clima que tengamos, ellos siempre llevarán pantalón corto de pinzas, chubasquero y mochila (y que, depende de la zona norte de Europa de la que provengan, a veces, su look se adereza con sandalias y calcetines: “Todo Un Clásico”). Ya en Plaza Catalunya la comunidad hispana se hace notar: pelo cardado con mucha laca(o liso extremo a base de químicos y largas sesiones de secador) jeans ceñidos al cuerpo (que si son de dos tallas menos MEJOR), tops (en dos versiones distintas: con o sin BARRIGA), zapatos-imposibles de colores-imposibles en pies-imposibles con uñas de color-imposible, y mucho complemento (como si les fuera la vida en ello). Pero ellos son los mejores: jeans (dos tallas más grande), polo (con el logo de Ralph Laurent al revés: el caballo hacia la derecha), un gorra a juego con unas zapatillas deportivas donde se vea mucho la marca, o el look “Soy-del-Bronx-pero-no-hablo-inglés” (que pusieron de moda los raperos de los noventa que ahora visten los trajes de (SOY YO) Giorgio Armani, aunque continúen cargados de oro; ni que fueran gitanos). Pero estoy tan inmunizado que nada, por muy descabellado que sea, consigue provocarme el vómito como cuando empecé en este mundo (¡qué años aquellos, Aysh!). Mi observación va por encima de lo que se ve. Por eso no me preocupo de las modas; lo que se lleva y lo que no. Hasta que me obligan a ser parte de todo este Bussines.
  • - Perdona ¿quién dices que eres?- le pregunto atónito a la voz cantarina de la muchacha que me llama.
  • - Ania Díaz: directora comercial de Btv (Barcelona televisión)- contesta, amablemente por cuarta vez.
  • - Es que… ¿Cómo sabéis mi número y a lo que me dedico? ¿Vais espiando a la gente?- pregunté, sin salir de mi asombro.
  • - ¡¿Oiga!?- responde ella, que seguidamente ríe. – Te reconocí el otro día en el estreno de la peli de Woody Allen e hice un par de llamadas…
  • Me quedé en silencio. No daba crédito.
  • - Y ¿qué puedo hacer por ti?- le pregunté, estupefacto ante Mata Hari.
  • - Venir a nuestros estudios y concedernos una entrevista. Tu jefa, Camila, creo recordar que se llama, me dijo que no habría ningún problema, que eras muy amable- dijo, y se quedó unos segundos en silencio escuchando cómo mi respiración se aceleraba. - ¿Qué dices?- preguntó finalmente.
  • - La mato- dije y ella soltó una carcajada.

11 septiembre, 2008

CAPITULO UNO. "Sencillamente perfecto"

A las Ocho de la mañana mi blackberry empieza a vibrar, inesperadamente, sobre la mesa de noche, al ritmo de la maravillosa voz de Miss Jennifer Hudson cantando “Spotlight”.
  • - Camilla son las ocho de la mañana. ¿Lo sabes?- dije enojado sin ni siquiera saludar.
  • - Sí. Y las siete en Londres, ya lo sé. ¿Dónde estás? No te veo- dijo.
En ese momento me dije que no podía ser verdad, que aún dormía y que estaba soñando, pues a nadie más que a ella se le ocurriría hacer una video llamada a esa hora; ya que su cara luce a las siete de la mañana tan perfecta como a las siete de la tarde (la muy hijalagranputa).
  • - No me puedo creer que me estés video llamando, Camilla.
  • - Peter, “honey”- dijo en perfecto acento americano como buena Uruguya educada en Miami.- La tecnología es aliada nunca enemiga.
¿Aliada? Será zorra, pensé. Si se levanta una hora antes de la de rigor para dibujarse la cara antes de ir al despacho.
  • - “Honey”- le dije imitando el acento. -Con base Full Coverage de Mac, compactos de Chanel, sombras de Dior y el lipgloss nº 18 “Drama Queen” de Helena Rubinstein la tecnología se alía con cualquiera.
  • - Un hombre, por muy gay que sea, no debería estar al corriente del mejor maquillaje.
  • - ¡Qué básica eres! Camilla, cariño…
  • - Han pasado ya dos semanas, Peter, y aún no sé nada de ti- terminó y se quedó en silencio.
¿Qué estaba ocurriendo? Camilla ¿preocupada? ¿Ella? La única vez que la vi preocupada fue cuando aparecieron unas fotos en la portada del The Sun a la salida de una fiesta de McQueen donde, los paparazzis fotografiaron a Kate Moss puestísima de todo, cogida de su brazo. Pero a Camilla ni las fotos ni la cara descompuesta de Kate le preocuparon tanto como la camiseta de H&M y el chadal (de Stella McCartney, sí, pero un chandal al fin y al cabo) que lucía ella en todo aquel tinglado. “Es mi ruina”- dijo realmente afectada, tomando un blodymary para la resaca en su despacho; pero nadie le dijo que se fuera a la fiesta del mes después del Gim, para hacerse la cool (pero claro: “ Si Madonna pasea sus Chandal por las calles de Londres ¿por qué ella no?).
  • - Se puede saber ¿qué has estado haciendo?- preguntó.
  • - Habituándome a la ciudad y buscando piso; que no ha sido fácil.
  • - ¡Venga ya! Mucha gente mataría por un apartamento en el centro de Barcelona.
  • - Pues parece ser la forma de conseguir algo decente.
Al tercer día de mi llegada pregunte en la recepción del hotel para ver si me daban alguna idea de encontrar algo de un modo fácil. El muchacho (con unas mechas rubias horribles pero muy amable, eso sí) me comentó las dificultades de la ciudad para encontrar piso y que, por eso, sería mejor que me planteara la idea de buscar una habitación en un piso compartido. Me quedé estupefacto. ¿Aquel chico había insinuado que compartiera la estantería del baño con las cremas de otro? Tras varios segundos de silencio en los que me convencí de que aquel muchacho de mechas rubias (que seguro le había hecho una amiga en casa) hablaba en serio, comencé a reírme sin parar, por la osadía. Las mejillas del muchacho tornaron del blanco (ausencia-de-sol) al rojo (vengo-de-la-playa) ante las atentas miradas del resto de clientes del hotel que veían, con asombro, cómo yo me doblaba progresivamente por la risa hasta quedarme, literalmente, agarrado al mostrador de la recepción con la punta de los dedos, para no caerme al suelo.
  • - Cariño- le dije recuperando la compostura.- Ni siquiera cuado me ligo a un chulo me lo llevo a casa . Y me marché secándome las lágrimas.
Así que decidí olvidarme de buscar y poner el caso en manos de una inmobiliaria; total tenía todo el tiempo del mundo. El señor vestido de idiota que tienen en la entrada del hotel Majestic, me abrió la puerta y el calor me pegó fuerte en la cara. Nadie me había advertido de que la humedad en esta ciudad te hace sudar hasta límites insospechados (en lugares insospechados). No tengo problemas con el sudor (al menos desde que me inyecto botox en las axilas para no sudar). Pero no me hace ninguna gracia tener la cara llena de grasa y aspecto de haber corrido la maratón Olímpica allá donde vaya. Y a pesar de ser una realidad, el taxista que me llevó hasta Mauri, para desayunar, me hizo sudar tanto dentro de su vehículo que al llegar más que subido en él taxi parecía que había llegado empujándolo. –“¿Es que no conocen el aire acondicionado?”- pensé. Llegué a Mauri, me senté junto a la ventana y pedí un café con leche. Saqué mi MacBook de la mochila para revisar emails y conectarme con la web de alguna inmobiliaria. La camarera (sólo trabajan mujeres) muy amable me dio los buenos días y dejó el café sobre la mesa. Mauri es el mejor lugar de Barcelona para desayunar. La selección de bocadillos y tan bien envueltos en ese papel, los pastelitos, el café… Aunque lo mejor es toda la “Gama alta” de la Jet set Barcelonesa mostrando pieles, joyas y laca; mucha laca. Barcelona guarda todavía ese rollito de clases sociales que aún se vive en los pueblos de Inglatera, y la Rambla Catalunya es el lugar perfecto para disfrutalo. Me lo recomendó una amiga Australiana adicta al sándwich de lomo rebozado que hacen allí y reconozco que después de probarlo vengo varias veces a la semana a desayunar; aunque yo prefiero el sándwich de rosbif con mostaza. Después de varias llamadas en las que se pensaron que era uno de esos clientes a los que no les importa perder el tiempo al teléfono (¡qué valor!) una chica me dijo que en su base de datos tenía algo similar a lo que andaba buscando. Era la primera de cuatro intentos. Así que quedé con ella en la esquina de Consell De Cent con la calle Muntaner. “Una finca regia del siglo pasado, preciosa”- me dijo por teléfono, claro que supongo que la muchacha era de esas personas que aún piensan que el siglo pasado es el XIX por que el edificio se caía a pedazos. Cuando llegó, y tras disculparse por los diez minutos de retraso, me explicó que no me dejara impresionar por el aspecto exterior, ya que el interior estaba recién restaurado y el piso era de obra reciente a estrenar. Tengo dos pisos en propiedad (Nueva York y Londres ) y otro de alquiler (París), es decir: ni me inmuté. Lo más gracioso es que tenía razón. Por dentro era precioso. Habían recuperado todo el esplendor modernista del portal y el brillo del mármol de la escalera que alguien en la década de los ochenta decidió esconder por que no era moderno (Please God: make me blind!). La muchacha se dirigió hacia la escalera y aunque mi intención fue la de ir en busca del ascensor ella, sin ni siquiera girar la cabeza (¡GRANDE!) me dijo: “No te molestes. Si quieres este piso tendrás que mover el culo”. Así que movido por la curiosidad seguí a la muchacha de piernas esbeltas (y zapatos baratos) hasta el piso cuatro. No me gustó. Le había dicho que quería un ático bien iluminado, con terraza de las dimensiones que fueran (total no iba a montar una piscina ni una residencia de ancianos) y con tres habitaciones mínimo. Pero creo que se acojonan cuando les dicen que no te importa la cantidad (sobre todo si no la pagas tú, ¿qué tal?). Así que concerté un par de citas más para ese día y otras cuantas más para el día siguiente. De regreso al hotel me llamó mi amigo, John, que se enteró por el Facebook que me iba a Barcelona por una temporada y quedamos para cenar en el restaurante del hotel: el Drolma (menos mal, por que esta ciudad no se puede decir que sea la ciudad de la diversión, y mucho menos un martes por la noche). John es de esos hombres que quita el hipo. Alto (my alto), guapo (muy guapo) y grande (muy grande), perfecto para ir a cenar. Lleva en el mundo de la moda desde que tiene 8 años haciendo anuncios para televisión. Con 19 años dejó su Manchester natal para irse a Milán pero no tuvo mucha suerte (Italianos, ya se sabe) y cuando llegó a París se comió el mundo. Una amiga mía que trabajaba en su agencia me dijo que acababa de llegar y que no tenía donde hospedarse, que era un trozo de pan y que tenía mucho futuro pero que si se marchaba en ese momento, por no tener dinero, se iría todo a la mierda. Así que lo tuve en casa durante unos meses; y nos hicimos muy amigos. En aquel momento trabajaba haciendo las crónicas de las pasarelas europeas para varias revistas americanas y me lo llevaba a todas partes. Como el muchacho no pasa desapercibido, no tardaron en ofrecerle cosas, y ahora está en lo más alto. Pero tiene un gran problema: se pierde por unas bragas. Me contó que había recorrido miles de kilómetros detrás de una modelo Australiana con la que había trabajado varias veces, pero que a ella no le interesaba él lo más mínimo (claro- pensé- por que ella quiere ligarse a alguien parecido a Favio Briatore y dedicarse a tener hijos como una coneja, que es lo que hacen todas) y que estaba echo polvo y bla, bla, bla... me marea. No entiendo cómo los hombres llegan a perder tanto la cabeza por una mujer que les diga que no, perdiendo la cordura y la mitad de sus fortunas, en fin; pero le tengo tanto cariño que no me molesta que me cuente todas sus batallas (y además es tan guapo que por verle la cara le dejo que me lea la biblia, si quiere). Total. Después de dos botellas de Les Brugueres y cuatro Vodkatonic a él se lo llevó un taxi calle arriba y yo me fui a la habitación, por no quedarme más remedio… Al día siguiente las visitas a los pisos que tenía concertadas resultaron más desalentadoras de lo que esperaba (como suele pasar). Una señora (que además venía borracha de anís) incluso me intentó alquilar un piso donde el baño era del mismo tamaño que el de cualquier baño, de cualquier avión, en los que he viajado. De hecho, si te sentabas en la taza tenias que levantar el labavo con el hombro o cagar de lado, lo que dificulta gravemente la faena. Para colmo, ya en el salón, me dice: -“Y la tele es de las de color y todo, ¿eh?” – con marcadísimo acento Catalán mientras intentaba no caerse sobre un sofá de ski rojo granate que alguien se dejó allí olvidado allá por el año 1957. Luego se empeñaba en acercarse para decirme las ventajas de usar bombona de butano, con el asco que me da a mi el olor a anís (PUAG). Al final me pareció tan pintoresca, la señora, que le pedí por favor que me dejara sacarle una foto para utilizarla en mis postales de Halloween y ella quedó encantada y se dejó, ¡qué pena!
  • - Pero al final ¿has conseguido piso o no?- preguntó Camilla, casi gritando, desde el otro lado del teléfono, con esa peculiar intranquilidad típica de las “celebrities” cuando quieren saberlo todo YA.
Pero me quedé unos segundos pensando en lo fácil que resultan a veces las cosas. Tan sólo teniendo claro lo que quieres. Y en eso, con los años, me he convertido en un verdadero experto.
  • - Pues claro que sí: un ático precioso de 80 metros cuadrados y 30 de terraza en Enric Granados con la calle Valencia.
Sencillamente: perfecto.

04 septiembre, 2008

Presentación

Cuando mi jefa, en su despacho, me dijo que me enviarían un año a Barcelona más que alegrarme sentí que me mareaba.

- ¿Has estado antes allí?- me preguntó con voz dulce sobre aquellos maravillosos Gucci de 15 cm que sólo ella y Naomi Cambell saben llevar. Me quedé mirándola con expresión indiferente, como es normal ante una pregunta directa sea de la índole que sea. Pues lo único que recuerdo de aquel viaje es que esnifé tanto Popper que estuve mareado cuatro días. Pero deduje que eso a ella no le interesaba y respondí con un sencillo: - Una vez; sí. Fui un fin de semana hace un año, para un “Bread & Butter”. Estuve tres días y cuatro borracho. Recorrí todos los bares incluyendo el Strass (que es el lugar más penoso en el que he estado en mi vida superando, incluso, a un mítico bar de lesbianas negras en Brooklyn que se llamaba “The Black cave”). Viernes Metro Disco y luego de after en Balmes 88. Sábado Salvation y después Souvenir. Y como no podía ser de otro modo, el Domingo por la tarde Sauna Casanova; donde dos alemanes con la altura del Coloso de Rodas me destrozaron el culo y la dignidad (y varias neuronas. ¡Qué manera de esnifar Popper!) Y aunque Camilla y yo somos buenos amigos sé que muere por saber qué hace toda la gente que conoce (convirtiéndose en la persona más gay que la mayoría de los gays que conozco). Pero mi espíritu conservador me ata en la prudencia y me obliga a callar, consiguiendo ser más odiado, si cabe, en este mundo donde ser excesivo significa acceder directamente al Olimpo. Pero a mi el Olimpo nunca me ha atraído lo suficiente; está demasiado lejos. Siempre preferí los chicos de la calle a los de la Super Pop, la ropa de la Nancy a la de Barbie , Olé Olé a Mecano. Esto me llevó a fijarme más en la ropa que llevaban mis compañeras de clase en el Instituto que en la que aparecía en el Vogue. Mi despertar a la moda surgió en los noventa, justo después de los excesos de los ochenta: la década dorada de Gaultier y Lacroix ( y los avances tecnológicos de Estee Lauder, claro). Mi madre que es muy avispada (y de quién heredé el fanatismo por las cremas faciales) se dio cuenta enseguida de mi habilidad para combinar y detectar imitaciones de diseñadores y me envió (con el beneplácito y la cuenta corriente de su Rico- Novio- Americano) a estudiar diseño a Nueva York. Viví en la 79th con Broadway, al lado de la Iglesia Evangelista y la boca de metro de la Línea roja de Manhatan; la línea que atraviesa la isla de Norte a Sur. Esa línea de metro me marcó de por vida. Y aunque la ridícula y estirada Carrie Bradshaw y sus “inverosímiles” amigas siempre se movieran en Taxi por la ciudad, la verdadera esencia de Nueva York está bajo tierra, en el Subway: donde todas las clases sociales, TODAS, se unen en los mismos metros cuadrados. Allí, antes de terminar mis estudios, y por méritos académicos, empecé a trabajar en las oficinas de Calvin Klein, ordenando, clasificando, etiquetando colecciones y comprobando materiales. La mismísima mano derecha del propio Richard vino a la escuela a buscar un ayudante para el “Closet” de su oficina en Manhattan. Con ellos aprendí que es más importante la materia prima que la marca. Su filosofía se podría definir en: “Si lo puedes hacer en Taiwan con la mitad de tu dinero y venderlo luego a precio de oro con tu etiqueta, hazlo”; claro que habría que añadirle: “pero JAMÁS te lo pongas tú”; cinismo Calvin Klein. Claire, jamás vistió nada de la marca para la que trabajaba excepto en alguna fiesta en la que se veía obligada a asistir. Y auque esto es motivo ya no sólo de despido, sino de traición a la corona o excomulgación, Claire elevó la osadía a simbólico mito dentro del Fashion Business, todo el mundo la envidiaba por ello. De hecho el día que fue a la escuela vestía Armani de pies a cabeza; ¡Grande! Se sabía de su existencia pero era más anti star system que la propia Coco Chanel, así que vivía casi en el anonimato, de cara a las revistas. Durante los cinco años que estuve viviendo y estudiando allí mi madre se dedicó a recorrer el país. Nunca ha tenido ni residencia ni marido fijo, de hecho se casó 2 veces en Nevada y 8 en Las Vegas; donde se convirtió en Multimillonaria apostando a la ruleta con el dinero de un magnate (mafioso) italiano al que convenció, mediante práticas de sexo tántrico (donde era una verdadera experta, según tengo entendido) y alguna que otra felatio sin dentadura (que más tarde cambiaría por una fija cuando se hizo adicta a la cirugía estética, el día que se dio cuenta de que sus caderas YA no cabían la talla menos cero que siempre había usado) para que me adoptase a mi como hijo suyo y así cambiarme el nombre y el apellido. A mi de entrada me pareció demasiado, pero como ella misma me explicó: “ Si te dedicas a esto de la moda tendrás más posibilidades de triunfar llamándote Peter Ciccone, de Nueva York, que Pedro Gutiérrez, de Murcia”. Casi en la misma época en la que me cambiaron el nombre nació un término dentro del mundo de la moda para denominar a algunos de los Gurus de moda; que no so ni diseñadores ni modelos. Un “Cool hunter” es una persona con la capacidad de adivinar qué estará de moda dentro de unos años analizando lo que se lleva ahora. Algo así como el hombre del tiempo pero sin satélites en órbita. Su capacidad para analizar el “streetwear” y adelantarse a los acontecimientos, y que tanto los diseñadores como las marcas continúen siendo negocios rentables, los convierte casi en intocables. La moda surge y cambia en la calle. Las pasarelas tan sólo son los apuntes de los Coolhunters de todo el planeta. Y aunque muchos son los que dicen dedicarse a eso, sólo unos pocos pertenecemos a la ÉLITE. Y esto se paga. Mi nombre es Peter Ciccone. Soy Coolhunter y, ahora, vivo en Barcelona.

01 septiembre, 2008

So Chic

Las aventuras de un Chico Moderno en Barcelona. Lo mejor de la próxima temporada. NO TE LO PUEDES PERDER ¡¡PRÓXIMAMENTE!!