20 noviembre, 2008

CAPITULO CINCO. The love I lost (Segunda parte Fin)

  • - ¿Te encuentras bien?- me preguntó una voz en la distancia. Yo no sabía que estaba pasando. Abrí los ojos y vi la cara de Jason. No entendí nada, además me dolía mucho la cabeza.
  • - Te has dado un buen golpe- dijo.- Te voy a llevar a la cama, ¿de acuerdo?- dijo y fue entonces cuando descubrí que estaba en mi cama y que Jason no era parte de un sueño.
Jason y yo nos conocimos en NY en el año 94. Mi madre fue a visitarme no sin antes enterarse de quién sería interesante conocer y descubriendo, de ese modo, al Magnate de las finanzas Mr. Harold Steing; multimillonario y entonces marido de Collete, madre de Jason. Para mi madre no ha existido nunca millonario o fortuna que se le resista, pero con Harold ocurrió algo distinto. Según cuenta Harold, después del polvo del Siglo con mi madre, se dio cuenta de que su vida era perfecta junto a la Calmada y MUCHO menos Sexual Collete, con la que había compartido su vida desde que la conoció en el instituto cuando él tenía dieciocho y ella dieciséis. Collete, lejos de montar un escándalo (como buena Dama Suñera) se interesó por mi madre y organizó una cita con ella en The Club Lounge en el Ritz- Carlton (de lo más pedante, sí). Ella pensó (como le confesaría más tarde a mi madre) que si la dejaban entrar allí no sería una cualquiera. Pero Collete no contaba con la Proyección personal de mi madre en todos sus años de CARRERA y en el Ritz, más que ser conocida, era admirada. Así que, además de permitirle la entrada, la invitaron a honrarles con su presencia en la recepción que al día siguiente daría el Presidente Clinton. Después de aquello Collete y mi madre se hicieron inseparables. Crearon una amistad beneficiosa para ambas en la que mi madre le daba clases de sexología (con las que Harold se divertía mucho) y Collete, por su parte, le presentaba a millonarios ansiosos por disfrutar las habilidades orales de mi madre (que por aquel entonces aún no llevaba los dientes fijos). A Jason y a mi nos pasó algo parecido. Tras conocernos en su casa y realizar ciertas actividades pecaminosas bajo el techo de su padre Harold, creamos un contrato espontáneo en el que Jason descargaba su Reprimida-Homosexualidad conmigo dos veces por semana y él, a cambio, me llevaba a todas las fiestas y clubes de la ciudad; SoCute! Fue de ese modo como conocí a todos los que se necesita conocer si quieres ser alguien en NY y en el mundo.
  • - No entiendo cómo has podido terminar con dos puntos de sutura en la frente, la muñeca dislocada y el culo roto; Sorry!
  • - Por que al desmayarme caí sobre la mano. No sin antes, eso si, dejarme la frente en el lavabo, Camilla. ¡Que pareces boba!- dije.
  • - Pero ¿y lo de tu esfínter?- preguntó expectante.
  • - Después de la caída, claro- respondí tranquilamente.
  • - Peter ¡pero si sangrabas!- exclamó ella con fortísimo acento Inglés al pronunciar las “B” (But you were Bleeding!!)
  • - I know! – dije sin darle mayor importancia.- Pero lo hacíamos tan bien cuando éramos jóvenes que no pude resistirme a disfrutarlo de nuevo, a pesar de la sangre y menopea que llevaba- dije felizmente.
  • - Eres incorregible, Peter- sentenció ella.
  • - Oh! Thank you- dije yo orgulloso.
Jason debía volar a París al día siguiente, no sin comprometerse a regresar para terminar sus trabajos en Barcelona. Así que llamé a John para que acogiera a Jason en mi casa los días que necesitara, lo cual me agradeció enormemente porque, al igual que mi madre, odia los hoteles (algo que sigo sin comprender de mi madre puesto que ha probado las camas de todos). Me vi obligado a quedarme en casa unos días y hacer reposo absoluto (No Social Live, No Sex, No Nothing!) para no empeorar mi estado y recuperar fuerzas. Diciembre y Enero son meses de mucha actividad (muchos viajes y muchas reuniones) y no puedo descuidar mi trabajo. Mi madre me llamó una vez. Dos. Tres. Seis. ¡Once veces!
  • - Mamá si no contesto ¿por qué insistes tanto?- le dije sin ni siquiera escuchar sus buenos días.
  • - Oh, Baby! Collete me llamó para contármelo todo ¿Estás bien?- dijo, y sonó realmente preocupada.
  • - ¿TODO?- pregunté.
  • - Bueno… Hay cosas que deduzco yo sola pero, por supuesto que no: eso no me lo ha contado Collete- dijo y yo suspiré.
  • - Ya sabes que tuvimos unos años muy intensos Jason y yo… Nos hemos reencontrado… y ahora me quedará una cicatriz en la frente que me lo recordará el resto de mi vida- dije apático.
  • - Mi cirujano te dejará la frente como nueva, Don’t worry!- dijo feliz.- Si necesitas que vaya a verte dímelo. Estoy en Suiza y no me resultará difícil encontrar avión- me dijo y reconozco que sentí deseos de tenerla cerca y abrazarla, pero no se lo dije; no me atreví.
  • - Estaré bien, no te preocupes- dije.- De todas formas he estado peor y ni siquiera te has dignado a llamar, así que…- le dije con todo el rencor del mundo.
  • - Oh, Sweety! Pero eras muy joven y fuerte, ahora te han roto el corazón- dijo y de nuevo sentí que me mareaba.
He tenido una vida tan variada que no recuerdo la cantidad de hombres que me han sudado encima mientras golpeaban mi pelvis con ahínco. Lo cierto es que no me preocupa lo que de mi se piense y se diga. Como tampoco la idea de permanecer en la historia como “El Soltero Del Culo de Oro”, pero ¿qué le voy a hacer si ocurriese? ¿Es que acaso no es cierto? Sé que hay una larga lista de hombres esperando una oportunidad conmigo pero esto no funciona así. Jamás he permanecido con el mismo tío el tiempo necesario para echarle de menos, y eso te hace inmune; o al menos eso creía yo.
  • - Mamá. No estoy enamorado de Jason- afirmé con rotundidad.
  • - Ya lo sé- dijo ella.- Pero lo estuviste y eso os marcará para siempre- me dijo ella y a mi se me paró el pulso
En 1997 Jason y yo fuimos a la inauguración del “G Lounge”, en el barrio de Chealse. La inauguración de un nuevo Club en NY es siempre una gran fiesta, sobre todo si es un Club gay y si eres (además) una de las pocas Celebrities Gay que asiste al evento. Y Jason lo era; para desgracia de su padre. Aquella noche hicimos lo de costumbre: emborrachamos y tontear. Pero Jason tonteó más de lo que habitualmente me tenía acostumbrado, para terminar desapareciendo entre la gente y ser absorbido por algún hueco de las paredes para no saber nada de él hasta tres días más tarde. El culpable fue la estrella televisiva del momento: Todd Crawford, el rubio más guapo de los Estados Unidos De América (por la revista GQ de aquel año). Desde aquel día nuestras vidas se separaron para perder el contacto definitivamente en 2001, cuando me fui a vivir a Londres. Fue el final de nuestra relación.
  • - Así que los delirios febriles te hicieron caer en los brazos de un antiguo amante…- dijo Camilla pensativa.
  • - No fue precisamente en sus brazos donde caí… Y además tampoco es un amante del pasado Éramos jóvenes y nos divertíamos juntos. Lo hacen todos los adolescentes- dije defendiéndome.
  • - Sí. Lo que pasa es que la insolencia modula tu voz cuando hablas de tus ligues y hoy tu voz no suena igual- dijo ella y colgó.
Me debían estar psicoanalizando de incógnito. Se habían puesto de acuerdo ella y mi madre para volverme loco aprovechando mi bajo estado de defensas por que todo aquello no era normal. Decidí desconectar los teléfonos, subir la calefacción al máximo y conectarme a Internet. Una buena dosis de Facebook anima a cualquiera. Así que me senté en el sofá con mi portátil y una taza de café, introduje mi contraseña y allí estaba ella, Ania Díaz; la chica de la tele había cumplido su palabra y me había enviado una solicitud para ser amigos. De pronto volví a sentirme bien. Después de los últimos días la vida continuaba y seguían ocurriendo cosas nuevas.

04 noviembre, 2008

CAPITULO CUATRO. The Love I Lost (primera parte)

  • -¡¡¿¿UN DECORADOR??!!- grité.
No podía tener mejor semana. Primero Camilla me llama para decirme (entre risas) que Marc Jacob, el cual detesto, compra dos de mis descubrimientos (Bitch). Que Victor & Rolf quieren denunciarnos y que en la última fiesta de McQueen descubrió que Agnes Deyn es mucho más bajita que ella y, además, lesbiana. A mi todo esto me importa una mierda pero ella parece pasarlo en grande mientras me lo cuenta.
  • - Mamá, necesito un médico no un decorador- protesté, pero no había remedio. Mi madre decidió que a mi piso le hacía falta una mano femenina (por muy Gay que seas tu madre siempre pensará que falta una mujer en tu vida). Le envié unas fotos del piso para que, ya que no la invitaría a venir, al menos viera donde vivía. Su venganza fue re-decorarlo en la distancia por mediación de Collette; su mejor amiga y una consumada especialista en antigüedades (SoShit!).
  • - Baby, tu piso es demasiado moderno- dijo ella.
  • - Mamá: nunca se es suficientemente moderno para ser “demasiado”- replique.
  • - Whatever! Collette hace cosas maravillosas, recuerda lo que hizo con el apartamento de Hillary (Clinton) en Manhattan- me dijo con aquel tono burlón que siempre me saca de quicio.
  • - Mamá, no me gusta lo que hace Collette. Y además, no tengo la cabeza, ni el cuerpo, ni las ganas de aguantarla- protesté.
  • - No te preocupes. Enviará a uno de sus pupilos. Ella hace años que no se mueve de NY; lo hace todo por Internet, ¿no es maravilloso?- dijo orgullosa.
  • - No. No lo es- respondí irritado mientras trataba de colocarme el termómetro en la axila, después de varios intentos fallidos en el culo: se me caía. -Me niego, Mamá, Estoy enfermo, ¿lo entiendes? E N F E R M O. Tengo fiebre, ¡¡¡¡NO ME SIENTO BIEN!!!!- grité desesperado, al borde del llanto, pero a ella pareció no importarle demasiado.
  • - Ya le hemos buscado hotel. Llegará esta tarde. Trátalo bien, Honey, y cuídate. Te llamo mañana- dijo, felizmente, y colgó.
Todo empezó el Lunes, cuando entré en el ZARA de Passeig de Gracia. El motivo eran unas corbatas de seda, más estrechas de lo normal, con incrustaciones de strass formando líneas paralelas, que le había visto a varios chicos del Eixample, sobre simples camisetas blancas de algodón; nada original lo sé, pero las corbatas eran una novedad. Así que me hice una prospección por todas las grandes tiendas de accesible poder adquisitivo para jóvenes. En Zara no encontré las corbatas pero sí a un dependiente guapísimo, que bien podría ser la imagen de la casa; aunque los jefazos tengan más interés por los caballos de sus hijas (con todo el doble sentido). El adonis resultó ser un encanto y se ofreció a ayudarme en lo que quisiera. Así que decidí probarme unos pantalones (de corte Armani) gris petróleo, con raya diplomática y dejarle entrever mis encantos en el probador. Después de cogerme el bajo y tomar medidas a la posición exacta de mi carga, me trajo varias camisas (una excusa muy vieja para tenerme medio en bolas en el probador y que practico con cierta periodicidad). J A M Á S he comprado algo antes en Zara, pero ese día lo convertí a él en el empleado del año; además de dejarle la boca destrozada y mi número de teléfono grabado en la memoria. Sabía que llamaría. Y así lo hizo: justo a las tres, cuando terminó de trabajar. Y se vino a mi pisito y no salió hasta el día siguiente para ir de nuevo a la tienda; eso sí, perfectamente ataviado con la camisa, el cinturón, la americana, el pañuelo y los calcetines que él mismo me había vendido la mañana anterior. Y así fue como ocurrió. Esa misma noche empecé a sentirme mal y por la mañana me dolía mucho la garganta y sentía frío. Mi vecina (que parece la portera porque siempre me la cruzo en el mismo lugar de la escalera) me dijo que era un virus de la gripe muy fuerte que estaba atacando a muchas personas, sobre todo niños: “Y a los maricas”- pensé yo. Fue así como llegué a la conclusión de que el adonis Zarista me había “jodido” para toda la semana.
  • - Oh, Sweetheart! Toma zumo de naranja y como carne roja; nada como un buen filete para darte energía.
  • - Mamá soy vegetariano, desde que te liaste con aquel Ganadero de Texas, ¿recuerdas? Además ¿quieres dejar de preocuparte? Estaré bien. He vivido sólo desde que me tiraste con Dieciséis años en las calles de NY- le dije antes de colgar, pero ella estaba empeñada en cambiar la decoración de mi ático, mi vida y hasta mis marcas preferidas, si la dejaba.
Las madres tienen esa manía de intentar cambiar cosas de tu vida como si fueras una muñeca con complementos. Cuanto más te empeñas en hacerles entender que tú estás bien más se empeñan ellas que te falta algo que sólo ellas saben darte, en fin... Pero esa vez ella tenía razón: esta vez estaba mal de verdad, bastante mal... Estuve durante horas tiritando en el sofá, envuelto en mantas junto a una botella de agua y un paquete de termalgín, del que sacaba una pastilla cada cuatro horas, incapaz de hacer otra cosa. Tomé más pastillas que en aquel garito de la 47th, donde el barman al servirte una copa te daba dos pastillas o una raya, lo que quisieras (bueno, eso o te hacía una paja en el baño por cinco dólares). No conseguí bajar la fiebre y estuve rato entre despierto y delirando hasta que me dormí, claro que no lo puedo asegurar... Me despertó el timbre de la puerta. Primero el de abajo, al cual fui incapaz de responder. Cuando sonó el de la puerta por segunda vez, me levanté a abrir. Fui dando tumbos, tropezando con todo lo que me encontraba, hasta que conseguí llegar a la puerta y abrir. En circunstancias normales, aquel chulazo no habría traspasado el umbral de la puerta de mi casa sin pasar el riguroso control de calidad que merecía. En cambio lo que ocurrió fue que me desmayé, cayendo al suelo sobre sus pies (un primer encuentro ideal si hubiera estado en condiciones físicas normales y si al caerme me hubiera cogido de algunas de sus protuberancias). Desperté bien arropado y sintiéndome mucho mejor, sobre mi cama. Estaba desorientado, sí, pero era evidente que tan sólo tenía unas décimas. Traté de centrarme y aclarar mis ideas para averiguar cómo había llegado a mi cama desde el sofá. Recordaba la conversación con mi madre y poco más. Sabía que alguien había llamado a la puerta, claro que también lo pude haber soñado y teniendo en cuenta la sobredosis de paracetamol, era bastante probable. Decidí darme unas horas más de sueño y, tras arroparme de nuevo, me quedé dormido. Mientras dormía tuve un sueño maravilloso. Era una modelo guapísima en plena sesión de fotospara ELLE con ropa de Vivienne Westwood. Unos vestidos espectaculares, sus maravillosos zapatos de plataforma, sus sombreros. Estaba encantado. El único problema fueron las manías del fotógrafo; “alguna nueva Celebrity que va de moderna”- pensé. Me hacía contorsionar y estirar de tal forma que los vestidos formaban grandes bolsas impidiendo que se viera mi cara. Los pies sobre los hombros, los brazos rozando el suelo con el culo en pompa. Me movía tanto que varias veces pensé que me caía del set al suelo. Una de las veces me dobló tanto el cuerpo hacia atrás que conseguí verme el ojete con tanta claridad que me asusté. Pero me daba igual. Aquello para una modelo profesional era trabajo y una de las grandes nunca se queja. El tacto de los tules y las sedas rozando mi cuerpo con aquellos tocados de organza y strass me hacían sentir bien. Era feliz. Me desperté ya de noche y ¿¿DESNUDO!? (Excuse me?) ¿Qué había pasado? Tuve horas de delirios febriles, cierto, pero no como para convertirme en estrella del striptease en mi propia casa y sin espectadores. ¿Tanto me había movido en sueños? ¿Tan reales son los sueños? (¿What do clouds Smell like?) Y fue en ese momento cuando me di cuenta. ¡El decorador! De repente lo recordé todo: el timbre, la puerta, mi desmayo… ¿Aquel chulazo había abusado de mi cuerpo y YO NO ME HABÍA ENTERADO? ¿Sería verdad y mi cabeza, más que imaginar, me ofrecía un Dejà Vu? Saqué unos calzoncillos del cajón de la mesilla (más que por taparme por estar “mono”) y bajé de la cama. La puerta estaba entreabierta. Vi luz en el baño. El resto de la casa permanecía a oscuras. Me acerqué despacio con las manos rozando las paredes manteniendo el equilibrio; seguía atontado. Cuando me acercaba pude escuchar una respiración lenta y profunda acompañada de suaves sonidos rítmicos. Abrí la puerta y allí estaba ÉL. Desnudo. Erecto. Sentado en el borde de MI bañera y con el suelo y las paredes cubiertos por decenas de fotos polaroid MÍAS desnudo sobre MI cama y en las posturas más inverosímiles (ya sabía yo que un fotógrafo de Elle no hacía aquellas cosas). Soy por naturaleza sensato y tampoco era cuestión de escandalizar ya que no era la primera vez que encontraba a un hombre desnudo en un baño; y por que después de ver a Michael Douglas con ropa interior femenina interpretando “Like a Virgin” junto a Danny De Vito en la boda de Keanu Reeves y David Geffen en 1994, no hay nada que me sorprenda. Así que hice lo que normalmente hago en estos casos, encender la luz para verlo todo con claridad. Entonces él levantó la cabeza y me vio allí de pie, bajo la luz de la puerta, como una aparición, y yo tuve que agarrarme para no caerme.
  • - ¿Jason?- dije asombrado.
  • - ¿Peter?- dijo él, no menos asombrado que yo.
  • - Hace siglos que no te veo. ¿Qué coño haces aquí? ¿ASÍ?- pregunté mientras sentía que volvía a sentirme mal.
  • - Ahora llevo la empresa de mi madre. Tu madre me habló de que te habías mudado aquí y de que necesitabas nuestra ayuda y decidí venir en persona para darte una sorpresa- respondió mientras se ponía de pie y se tapaba con una toalla- Y creo que te la he dado… - terminó diciendo mientras yo me desmayaba de nuevo; esta vez con menos Glamour incluso que la primera.