19 diciembre, 2008

CAPITULO SEIS. By the Face(book)

Los últimos acontecimientos me dejaron más que intranquilo, agotado. Mi madre, tras varias llamadas para disculparse por su metedura de pata, me tranquilizó comunicándome que no vendría a Barcelona para cuidarme; y yo no termino de comprender por qué sufro tanto con esa amenaza pues, en los 17 años que esto viene ocurriendo, jamás la ha cumplido. Y ella, claro está, siempre tiene alguna excusa tremendamente creíble para no venir.
  • - No creo que pueda ir a verte, Peter. Tengo que hacerme no se que en los dientes, que me ha dicho el médico. Lo siento. Y aunque pudiera no iría.
  • - Te lo agradezco- dije aliviado.
  • - Y mucho menos ahora que Collete piensa que Jason la ha jodido.
  • - ¡No la ha jodido! – dije enfadado, mientras pensaba “Me ha jodido a mi”.
  • - ¿Ah no?- preguntó incrédula.
  • - No.
  • - Entonces tendrás que contármelo todo.
  • - De eso nada, mamá. Me niego a contarte mi vida, No way!
  • - Estás muy solo, hijo. En Londres al menos tenías gente con la que pelearte, pero en esa ciudad… - dijo y guardó silencio. – Si quieres, aún puedo llamar a Jason para que termine su trabajo.
  • - Se acabó- dije y le colgué.
Nunca he tenido muchos amigos, es cierto. Fue una decisión que tomé en el colegio cuando descubrí que jamás estarían a la altura de mis posibilidades. Y en NY me preocupé más por aprender de los mejores que por cultivarme una vida social, hasta que conocí a Jason y comencé a relacionarme con gente adulta que , al igual que yo, ya tenían una personalidad marcada por el hastío del mundo en general; reconozcámoslo: Soy un Estirado, pero ¡qué felicidad! Tampoco me han gustado nunca esas personas que dicen tener cientos de amigos a los que además adoran. Y debo continuar siendo un bicho raro por que parece que esto es lo normal en las relaciones interpersonales de cientos de usuarios adictos a Facebook; dónde yo solamente tengo diez. Camilla me llama para interesarse por mi salud justo cuando salía de la ducha (y tres días después de saber que estaba enfermo). Así que conecté el manos libres de mi blackberry, para entregarme a mi ritual de cremas diario mientras hablabamos. Pero pronto empieza a irse por las ramas hablando de fiestas, modelos y diseñadores cocainómanos, y yo me veo obligado a cambiar de conversación.
  • - Ya he visto lo bien relacionada que estás en tu Facebook, no necesitas relatarme la vida de tus novecientos amigos- dije mientras hacia que mis dedos extendieran alrededor de mis ojos unas gotitas de Future Perfect de Estee Lauder.
  • - Business- dice ella visiblemente ofendida.- Just Bussiness!
  • - What ever, Honey…
  • - Facebook es el futuro Peter. Claro que para ti , que vas siempre tres años por delante del mundo, esto debe parecerte una nimiedad- dijo con ese acento de pija londinense , que odio, imitando a su intimísima amiga Kate.
  • - Camila, gracias a Internet puedo trabajar sin verle la cara a todos los drogodependientes con los que te relaciones, desde cualquier lugar del mundo. Más que futuro Internet means Freedon! Pero no me creo que las novecientas personas que aparecen en tu Facetbook sean tus amigos.
  • - Peter, que tu vida social se limite a lubricante, condones y Popper no significa que yo no pueda tener novecientos amigos.
  • - Tienes razón- dije mientras veía como el serum de Kiehl’s dejaba mi cara perfectamente satinada.- Pero A M I G A se escribe con letras mayúsculas y tú, sin tus Marc Jacobs de 15centímetros, eres demasiado bajita – dije, y pude escuchar como tiraba su lámpara Loop LED al suelo antes de que colgara (de hecho siempre he mantenido la creencia de que la compró sólo para darse le placer de tirarla).
Nada como decirle a una mujer como Camilla que no es nadie sin sus tacones para sentirte como la madrastra de Blancanieves y asegurarte una victoria. Aunque ser TAN mala no evite que piense que tanto ella como mi madre tengan razón y que mi vida en Barcelona se limita a eso (y a dejarme la visa en la tienda de Kiehl’s, claro). Tras unos días de cuarentena en los que ordené mis mails, la biblioteca del itunes y mi agenda de trabajo, me propuse llenar mi vida de eso: VIDA. Así que decidí echarle un ojo a mi Facebook para comenzar a relacionarme. Para mi sorpresa, la señorita Díaz me había enviado un mensaje donde me invita a tomar una copa en el Hotel Pulizter, el miércoles por la tarde, con alguno de sus amigos después de su trabajo. Era perfecto. Además para el Miércoles tenía pensada mi primera salida de casa, así que acepté la invitación y le di mi nombre para que lo incluyera en el mailing. El miércoles llegó frío pero yo me sentía como nuevo. Y para celebrarlo elegí el riguroso negro de Prada, de pies a cabeza, pero con el toque azul de un abrigo de SantaEulalia que compré a mi llegada a Barcelona en su tienda de Paseo de Gracia. Sabía que era demasiado para Barcelona pero es lo único que echo de menos de Londres: vestirme bien. Llegué al hotel y Ania vino enseguida en mi busca, tras verme llegar.
  • - ¡Qué guapo estás, Peter! Cómo se nota que no eres de aquí- dijo riendo.- Será un placer pasar la noche cogida de tu brazo.
  • - Gracias- dije encantado. –Pero accederé a que cojas mi brazo sólo si me das una copa, que llevo una semana encerrado en casa.
  • - Ningún problema- dijo. -Vamos a la barra a darte carburante y luego te presentaré al resto.
Mientras el camarero nos servía dos VodkaTonic Ania me habló de la buena impresión que había causado en la tele mientras yo hacía prospección por la sala en busca de hombres guapos y ¡vaya si me sentía mejor! por que me hubiera organizado una Private Party con una docena de ellos.
  • - Aparte de las chicas, Marga, Silvia y Jessica, que son las únicas mujeres divertidas de la tele, he venido con Luis que es técnico, con Sergio que es cámara, con Miquel que trabaja en producción y con Jamie, que, aunque es maquillador, lleva vestuario- dijo en un tono divertido- Su madre es Inglesa, de York creo, de ahí su nombre.
  • - Y ¿a quién de estos te tiras?- pregunté y ella, sin sorprenderse mucho por la pregunta, soltó una pequeña carcajada.
  • - No me tiro a ninguno, pero a veces juego al Abecedario con Miquel.
  • - ¿¡Perdona!?- pregunté asombrado mientras ella reía prometiéndome que algún día me lo explicaría.
En el grupo todos me recibieron con expectación, al fin y al cabo había sido el culpable del aumento de audiencia y del sueldo de Eloisa. Me sentí bien. Sentirte admirado es la mejor medicina para solucionar problemas anímicos, sobre todo después de unas semanas encerrado en casa. Y entre tanto bienestar me dejé llevar por la conversación mientras bebía pero sin poder evitar tener una extraña sensación. Había algo que no encajaba. Y tras dos VodkaTonic más lo descubrí: eran gente normal. A mi alrededor no había modelos anoréxicas y estiradas con grandes dosis de maquillaje perfectamente distribuido por toda su cara, ni nuevos diseñadores ávidos de consejos o de alguna raya de coca. Tampoco grandes diseñadores franqueados por los “gorilas” de sus divas (mujeres de futbolistas y cantantes con pocas dotes líricas) o de rayas de coca, ni siquiera viejas glorias del rock empeñados en vestir como chicos de veinte a pesar de superar los cincuenta. Todo eso a lo que la gente Normal denomina “Glamour”. Por todo eso un día decidí convertirme en CoolHunter y así alejarme de toda esa sordidez para rodearme de Gente Normal. A parte de trabajar solo, que es una bendición, claro...
  • - Acostumbrado a estar rodeado de gente famosa estar en Barcelona debe ser muy aburrido para ti, ¿verdad Peter?
  • - Pues no te creas. Esto es lo mas divertido que he hecho en años, I promise!- y mi anglicismo pareció hacerles mucha gracia.
  • - ¡Anda ya! seguro que te has visto rodeado de Super famosas, como la Victoria Beckham- dijo Marga, y yo asentí. Y entonces se produjo la típica conversación en la que se seducen nombres y actitudes con mi consiguiente afirmación.
  • - ¿También conoces a Sting y a Elton John, George Michael? ¿A Madonna?- preguntó Miquel entusiasmado.
  • - Sí. He estado cenando más de una vez con Madonna- dije serio- Pero lo único que les hace diferentes, además de su profesión, es que seguramente su ropa cuesta cuatro millones más que la tuya, pero nada más...
  • - ¿Me estás diciendo que estar sentado en la misma mesa que Madonna no es una algo extraornidario?
  • - Sí: te digo que no lo es- contesté intentando parecer lo más sincero posible, pero no me creyeron.
Nadie te cree. Y es una lástima que el mundo de la moda esté sobre valorado. Es cierto que he tenido la oportunidad de haber presenciado grandes momentos de la historia como aquel día en el que Paris Hilton, bajo los efectos de los vapores de su propio perfume, tildó de Puta a Madonna, en presencia de la misma, que no supo qué cara poner, y yo en un ataque de risa espasmódica, escupí todo el champán de mi boca sobre el escote de Eva Herzigova; sentada frente a mi. Es cierto que aquello no tuvo precio, pero no lo cambio por una tarde de copas en el SoHo con un amigo, o una fiesta de cumpleaños junto al Lago del Victoria’s Park en Londres en una tarde soleada de verano, o la boda de una de tus mejores amigas o cualquiera de los momentos que pasé con Jason mientras estuve enfermo la semana pasada, en casa. Las personas tendemos a idealizar las cosas por como nos las cuentan. Les parece más importante lo que se diga de ellos que lo que hacen. No he conocido a nadie hasta el momento que no se cambiase por mi cuando hablamos de mi trabajo. Y esto me hace reflexionar sobre si lo que quiero y lo que hago tienen alguna relación. Por eso no me preocupa que mi madre, Camilla o cualquiera piense que es cierto que estoy solo y que no tengo a nadie, por que a mi no me importa Puede parecer que me he convertido en un ermitaño cansado de buscar compañía agradable o que me he convertido en un solitario por esa manía mía de trabajar solo. Pero estoy tranquilo pues sé que estoy donde quiero por que así lo deseo. Para muchas personas es más importante ser admiradas que amadas y a mi la admiración jamás me ha parecido que sea la cura de nada. La ciudad de Barcelona tiene ese encanto de ciudad europea que, a pesar de su grandiosidad, es pequeña y pocas cosas pasan desapercibidas. Todo el mundo conoce a alguien que tú conoces, y comienzo a cogerle el punto eso. Si en NY aprendí a sobrevivir bajo cualquier circunstancia, tal vez, en Barcelona, aprenda a relacionarme con las personas. Londres o París tampoco son ciudades para vivir entre la gente pero en Barcelona ese parece ser el secreto.
  • - ¿Te vendrás luego con nosotros a Bikini?- me preguntó Ania.
  • - Sweety! Yo esta noche soy todo vuestro- contesté con picardía y ella sonrió
  • - Y en Navidad. ¿Qué harás en Navidad?
  • - Lamentablemente, en Navidad soy todo de mi Madre.