16 enero, 2009

CAPITULO SIETE. New Year, New Shit

Mi madre decidió que París sería la ciudad. Cada año pasamos la Navidad en una ciudad distinta y a mi no me desagradó la idea de ir a París por que adoro la ciudad y sus restaurantes. Claro que ella, como acostumbra, ya había decidido por ella, por mi, y por Maritza, la mujer del embajador de Brasil en Francia. Una mujer con el extraño hobby de organizar una gran fiesta de Noche Buena en su casa.
  • - Lleva años organizando esa cena. Ahora todos los que acuden pasan una selección previa exhaustiva - contaba mi madre, exagerando como siempre.- Empezó a organizarla porque, como vivía lejos de Brasil se sentía muy sola. A su marido le pareció una buena idea y decidió invitar a cenar al resto de mujeres de embajadores y cónsules en su situación; hay invitados que llevan acudiendo veinte años. ¿No es emocionante?- preguntó.
  • - Si, sobre todo si hago cálculo mental sobre la edad media de los invitados…
  • - Bull shit! Lo pasarás muy bien, ya verás. Cada año reúne a un grupo muy variopinto: cónsules, EmBaJaDoRes, PRESIDENTES y grandes empresarios de toda Sudamérica- me dijo emocionada.
  • - Mamá, no quiero ser aguafiestas pero celebrar la Navidad en el geriátrico de “Cocoon” no es precisamente mi definición de “pasarlo bien”.
  • - ¡Peter! Be polite! – dijo ella casi gritando.
  • - Ok, ok…- dije triste.
  • - Oh Sweety… Tan sólo te pido dos semanas al año. ¿Lo harás por tu madre?- preguntó y me sentí mal- Dime que sí, My Cheese Cake!
  • - Sí, sí…- dije pretendiendo sonar real pero pesando en que prefería pasar la noche rodeado de hombres guapos. Aún con todo, la idea de quedarme un par de semanas en mi piso de París, con John, me produjo la alegría suficiente para sentirme bien; bueno eso y la oportunidad de pasar la Noche Vieja en París.
Estaba de buen humor y feliz. La semana antes de irme a París había tenido un renacer en muchos sentidos. Recuperé mis ganas de salir a la calle, de trabajar , de arreglarme y de relacionarme. La noche en el Hotel Pulitzer con Ania, y sus amigos, terminó con expulsión incluida de la sala Bikini; y no me echaban de una discoteca desde que con 18 años intenté robarle un sujetador de Victoria’s Secret, cubierto de cristal de Swarovski, a una bailarina erótica arrancándoselo directamente del cuerpo. Esta vez la única diferencia fue que lo que quería llevarme a casa era directamente “El Cuerpo”.
  • - Todo eso no puede ser de él ¡Por el amor de Dios!- decía Ania en pleno éxtasis visual mientras examinábamos su paquete, ya medio borrachos.
  • - Voy a ver- dijo Jessica que, tras dejar con decisión su copa sobre la barra, se encaminó entre la gente hacia el espacio en la barra donde él bailaba.
  • - No quiero ni imaginarme lo que puede ser “eso” que tiene entre las piernas cuando lo libere de la minúscula prisión de lycra.
  • - Seguro que la lleva estrangulada- sentenció Jessica a su vuelta.- Pero es toda suya, seguro- terminó, feliz, tras cerciorarse de la autenticidad de su rabo.
  • - Voy a ver…- dijo Ania y yo le seguí.
El chico en cuestión pareció crecerse cuando nos tuvo a los tres mirándole con cara de tontos, desde abajo, regalándonos movimientos de cadera y un espontáneo top-less arrancándose la camiseta que llevaba; no me ponía tan cachondo viendo a un hombre bailar desde que conocí a Tony Ward (MY GOSH!!). Lo único que recuerdo del final de la noche fue cómo un miembro de la seguridad me invitó a abandonar la sala, en repetidas ocasiones, mientras yo me aferraba a la pierna de aquel hercúleo GoGó argentino, intentando escribir mi número de teléfono en ella, después de que él rechazara varios de los billetes de 50 euros que intenté meterle en el minúsculo bañador negro que lucía, pero terminé llegando a casa borracho y con el calentón. La resaca me tuvo todo el día siguiente entero en la cama, y menos mal, por que así pude descansar y estar en condiciones de preparar el viaje y la estancia. Llamé a John para avisarle de mi llegada (y de la de mi madre) y de entrada se mostró muy confundido cuando le dije que pasaría unos días con él; y no me extraña por que llevaba una semana en Hawai posando para el nuevo catálogo de Quick Silver. De allí se iría a Cancún para otro sesión, así que la casa estaría absolutamente a mi disposición. Quedamos en que nos veríamos en Barcelona pues vendría al Bread & Butter, en Enero, y se quedaría en mi casa. Aún con todo, mis deseos de pasármelo bien eran tan grandes que llegué a pensar, incluso, que el embajador de Brasil tendría un hijo y que estaría en la cena y, como a la mayoría de estos por un par de euros se dejan hacer de todo, me creé la esperanza de que no tenía que ser tan malo. Pero la primera impresión es la que cuenta y fue con esa con la que debí quedarme porque tuve las peores fiestas en mucho tiempo. Camilla me llamó justo el día que se incorporó al trabajo (después de su semana interna en una clínica “Super Exclusive” donde le quitan y le ponen lo que quiera como si fuera una Barbie), para hablar trabajo con toda normalidad, como si hubiésemos hablado la noche anterior, hasta que comenzó a relatarme lo bien que lo pasó la noche de Navidad con su amiga Kate en casa de Alexander.
  • - Honey, I’ts over! No me interesa.
  • - No sé por qué te cae tan mal Alexander, Peter. Es un hombre encantador, además de un genio; espera a ver la próxima colección- dijo ella extasiada.
  • - No dudo de su genialidad, Camilla- dije, mientras pensaba “tampoco es para tanto”- es ÉL en general, en todo su conjunto, con todo lo que le rodea.
  • - Seguro que ocurrió algo entre vosotros y no me lo quieres contar, por eso estás así- dijo ella con voz de Bruja mala del Oeste.
  • - Antes me lío con cualquiera de mis hermanastros- dije, y mientras lo decía pensé lo triste que sería tenerlos y no tirármelos.- Pero pregúntale a él si no me crees y te quedas más tranquila.
  • - Ni loca, no tengo tanta confianza…- dijo y se quedó en silencio.- Es uno de esos misterios de tu vida que algún día lograré descubrir.
  • - ¿Misterios?- pregunté sorprendido.
  • - Olvídalo. ¿Cómo te encuentras?- preguntó cambiando de tema
  • - ¿Ahora mismo? Cachondo.
  • - Que raro…- dijo ella, como pensando en voz alta.
  • - Honestly. Hacía tiempo que no me despertaba cachondo y después de las Navidades que ha pasado ya comenzaba a pensar que había perdido la libido.
  • - El problema es que ese tipo de vida que llevas te resulta cómoda y divertida- dijo con desprecio.
  • - Cómoda y divertida me resulta una camiseta de h&m. Mi vida me resulta E S P E C T A C U L A R, Camilla, cariño.
  • - ¿Qué te pasó en Navidad?
  • - Que nos intoxicamos con la cena de noche buena. Yo estuve mal del estómago, pero no tan mal, hasta año nuevo. Mi madre tuvo menos suerte y hubo que ingresarla.
  • - ¿Bromeas?
  • - Ojalá- dije realmente deprimido. –Así que después de pasar encerrado en casa todas las fiestas, el día cinco me la traje a Barcelona, en contra de mi voluntad como buen hijo, para pasar aquí la noche de Reyes.
  • - Excuse me?- preguntó Camilla sorprendida por la revelación.
Y como es tan del Modeling y del StarSystem , ella seguro que en su cabeza adornada con bisutería de Agata y peinada por Tony&Guy, me visualizó rodeado de la realeza española e, incluso, mundial. Y aunque en varias ocasiones (y gracias al AMPLIO abanico de amistades de mi madre) me he visto, más que rodeado, comiendo, cenando e incluso escondido tras algún matorral en medio del campo con alguno de ellos. Y la Noche de Reyes, a la que me referí, es la única tradición española que mi madre quiso mantener; aparte de hablarnos siempre en este idioma, claro…
  • - Y ¿no regaláis nada en Navidad?- preguntó con asombro ella, que fuera de su mentalidad anglosajona el mundo deja de existir.
  • - A los amigos si, pero entre nosotros no. Siempre lo hemos hecho el día 6 de Enero- dije emocionado por sentirme diferente.- Lo mas fuerte de todo es que las rebajas en España empiezan el día 7 de enero.
  • - Sales?- dijo ella en el tono más plano en el que su garganta puede producir sonido- Ah, ¿eso donde la gente casi se mata por comprar una chaqueta de mala calidad imitación Dolce&Gabanna por 10 libras en Zara?
  • - Algo parecido- respondí yo, sin seguirle el juego.
Mis primeras rebajas en Londres (hace ya nueve años) fueron las mejores de mi vida. Ese año, y ya que era mi primer año trabajando en Londres, mi madre y yo pasamos allí la Navidad y decidimos comprar nuestros regalos de Reyes en las rebajas. Hacía mucho frío y Londres no es como NY que puedes alquilarte un coche y un chofer para irte de compras porque no hay espacio para aparcar delante de las tiendas, y a mi madre no le quedó más remedio que andar. Anduvo tanto que al final abdicó de sus Gucci y se compró unas deportivas (Hilfiger, claro). Cuando llegó la noche, tras todo el día andando y comiendo Fish & Chips, se derrumbó sobre la cama y se quedó dormida sin ni siquiera desmaquillarse. Nunca antes había visto a mi madre perder el control sobre si misma en presencia de alguien más; incluso de su propio hijo.
  • - However, Peter. Necesito que cubras Bread & Butter Barcelona la próxima edición.
  • - There’s No Way!
  • - Te lo pido como favor personal. Iría yo misma…
  • - Pues ven- dije rápidamente sin que terminara la frase.
  • - … pero no puedo…. Por que…. tengo que preparar la NY Fashion Week, el 13 de Febrero- dijo y de pronto sentí una rabia contenida durante años en mi interior.
  • - ¿Te vas a NY y me pides a mi que cubra BBB? Te estás cachondeando ¿verdad?- grité pero ella no dijo nada.- ¿Por qué no envías a alguna de las becarias anoréxicas que tienes besándote el culo cada día? Hace años que no me dedico a eso, No me gusta, NO lo hago y NO HAY DISCUSIÓN.
  • - El problema Peter es que ya tienes la acreditación hecha, rumbo a tu casa.
  • - BITCH!- dije y colgué el teléfono.
Decidí calmarme. “Necesito descargar tensión”- me dije en voz alta. Llamé a mi gimnasio y casi exigí una clase con mi PT, pero el muchacho estaba en paradero desconocido por vacaciones y no tuve más remedio que aceptar una sesión con el Entrenador suplente que estaba en ese momento. Mientras preparaba la mochila y cogía ropa limpia para después de la ducha pensé en el tiempo que hacía que no visitaba un evento como el BBB y sonreí recordando los buenos momentos que había pasado con las amistades que hice durante aquellos años. Entonces, sin saber por qué, me alegré de la posibilidad de reunirme de nuevo con alguno de ellos y antes de irme envié el mismo email a todos los que, por un motivo u otro, aún manteníamos contacto, esperando que alguno de ellos respondiera a mi encubierta llamada de socorro. Luego salí a la calle y de nuevo hacía frío; me desilusioné. Mi vida se estaba convirtiendo en la “Cómoda y Divertida” vida de Peter, como bien había dicho Camilla. Llegué al Gym triste y hasta con ganas de llorar y desahogarme. Entré cabizbajo en el vestuario y dejé la mochila en la taquilla para subir a la sala de máquinas dispuesto a eliminar de mi cuerpo todo la tristeza y la rabia que tenía acumulada. Y cual no sería mi sorpresa cuando al llegar y presentarme al entrenador, este, mientras me guiaba a las cintas, cogiéndome por el brazo, me dijo que llevaba semanas preguntándose quién era yo porque al final, y a causa del sudor, mi número de teléfono no duró toda la noche tatuado en su pierna, una de las noches que había bailado en Bikini.