20 noviembre, 2009

SoChic! Diario de la Ciudad Condal 18


Nicoleta Fachino es simpática hasta decir basta y demasiado rica para ser cierto. Sus padres fueron los herederos de los viñedos más importantes de las dos grandes familias del sur de Italia, que al casarse unieron los dos imperios vinícolas. Pero a Nicoleta nunca le interesó el vino. A ella lo que le gusta es coleccionar arte. Ha estado en Barcelona a recoger sus últimas adquisiciones y como (obviamente) es amiga de mi madre, quiso invitarme a comer.
-       Qué guapo estás Peter – me dijo en un perfecto inglés, cuando llegué a su habitación del hotel Arts.
-       Tú sí que estás guapa, Nicoleta. ¿Cómo lo haces?
-       Aloe Vera – dijo orgullosa. – Es lo único que me pongo desde que tengo 15 años. Mi abuela usaba las hojas de la planta directamente en su cara y murió con noventa y tres años hecha una jovencita. Mi madre hizo lo mismo – dijo mirándose al espejo. – Yo cultivo mis propias plantas y las envío a una fabrica donde me hacen un gel 100 por 100 puro. ¿No es maravilloso? Por eso mi equipaje es siempre tan ligero – terminó y rió. (Por eso  y por que jamás se pone algo que no sea Armani – me dije yo. )
Aprovechando las buenas temperaturas de la ciudad Nicoleta decidió que almorzaríamos en la terraza de su suite. Nos servimos unos martini y nos sentamos, mirando al mar.
Mi madre y Nicoleta se conocieron en las Vegas a través de Giuseppe Ciccone (el hombre que me adoptó como hijo y me dio su apellido). Nicoleta asistía a una semana de subastas y mi madre jugaba a la ruleta (con el dinero de él). Aquella noche mi madre lucía un Armani Prive rojo y Nicoleta, en su ansia coleccionista, se lo compró.
-       ¿Aún lo guardas? – pregunté sorprendido (esas cosas sólo las hace Nati Abascal).
-       Ese vestido, Mio Caro, es una joya. Me lo he puesto sólo dos veces en veinte años y aún luce perfecto; lo guardo en una vitrina – dijo en voz baja y chocó su copa con la mía.
Mi madre me contó que conoció Italia gracias a ella. Guiseppe viajaba todo el día haciendo negocios con la mafia y Nicoleta se la llevaba en su coche por la costa, escuchando canciones de Renato Carosone.
-       Recuerdo cómo hablaba tu padre de ti.
-       No es mi padre, Nicoleta.
-       Llevas su apellido así que legalmente lo es – dijo y ambos reímos. – Sufrió mucho cuando tu madre lo dejó.
-       Ya sabes… Mi madre sólo quería labrarme un futuro, y dejarme una buena herencia; lo hace con todos.
-       Cuando la llamé para pedirle tu número me dijo que estaba de nuevo enamorada.
-       Después de cuatro años reconozco que me ha sorprendido- dije yo suspirando.
-       Siempre he envidiado a tu madre por eso, Peter. Tan sexy, tan elegante, tan … ¿cómo lo diría?
-       ¿Puta? – dije.
-       Peter ¡Que es tu madre! – gritó, casi atragantada, entre risas. – Eres incorregible – me dijo, dándome un beso en la frente.
Tras el almuerzo nos fuimos con su chofer hacia Arenys de Mar. Allí recogería dos nuevas piezas para su colección.
-       Las he comprado por Internet; han sido tan baratas- dijo Orgullosa mientras su chofer nos abría la puerta.
-       No sabía que en Barcelona el tema subastas estuviera tan al día.
-       ¡No sabes cuanto! Los dos Huevos de Faberge más bonitos que tengo los compré aquí – dijo. – Ahora vamos a buscar un broche Art Decò de 1920, en platino y diamantes, y unas sillas Luis XVI, de cedro lacado, con los tapetes originales.
-       No sé cómo te puedes comprar unas sillas Nicoleta. Aunque hayan pertenecido a un rey, es el culo de alguien el que las utilizó durante años.
-       No importa la cantidad de culos que se hayan sentado antes en una silla: el último es siempre el más importante- dijo ella, para seguidamente darle órdenes a su chofer de arrancar.
De regreso a la ciudad, Nicoleta me contó sus planes de vender los viñedos y mudarse a su casa de Bari, para terminar allí sus días. Y aunque el plan era en vistas a diez años yo sentí su soledad cuando me lo contaba.
-       Está sola por que quiere.
-       ¿Ves como no soy el único, mamá?
-       Decenas de hombres la cortejaban constantemente y ella jamás se interesó por ninguno – continuó diciendo sin hacerme caso. – A ella sólo le interesaban las cuadros, y las joyas y los vasos; una vez pagó tres millones de dólares por un vaso.
-       ¿A quién perteneció el vaso? – pregunté.
-       Decían que a Napoleón, pero vete tú a saber…
-       Bueno, yo pagaría esa cantidad por cualquiera de los calzoncillos que ha usado Mark Walhberg.
-       Peter, hay cosas en la vida que no se pueden comprar con dinero.
-       Afortunadamente puedo comprarme todo lo que quiero, no tengo más que verlo en un escaparate – dije deslizando mi mano por la piel curtida de mi ultima chaqueta de Gucci.
-       Hablo de la felicidad – dijo ella enojada. – No sé que tipo de valores te he inculcado pero desde luego no son los que quería que tuvieras.
-       Mejor no hablamos de eso “Barbie Maridos”; que se muere una amiga y te compras media tienda de Dior – dije y colgó enfadada.

Me sentí mal.

-       Tu madre a hecho su vida como ha querido, Peter – dijo Camila. – Como tú.
-       Y no por eso voy dando consejos…
-       ¡Es tu madre! ¿A quién quieres que se los de? – dijo ofendida. – Tú tampoco eres el hijo perfecto, Sweety!
-       Gracias.
-       Hablo en serio. No puedes culpar a tu madre de llevar la vida que quiere.
-       Nadie la culpa. Sólo digo que no es el mejor ejemplo de moral judeo- cristiana – dije y antes de que continuara sermoneando, le confirmé nuestra asistencia a su fiesta de Navidad.
-       That’s Great! Ya han confirmado todos (Kate, Stephen, Stella, Elton, Agyness, Linda, Naomi…) será un éxito.
-       ¿También estará tu marido? – pregunté.
-       La modelo con la que se lió lo he enviado a paseo y ahora me quiere más que nunca… - dijo sarcástica. – Sí, él también estará- concluyó. - ¿Os quedaréis mas días?
-       Me temo que el mismo día de Navidad volaremos a Uruguay, para que conozca a Marcelo.
-       Marcelo ¿qué?
-       Marcelo Iraola – dije y sentí como a Camila se le cortaba la respiración. - ¿Estás bien?
-       Así que esa mujer de las fotos ¿es tu madre? – dijo ella nerviosa.
-       ¿Qué fotos, Camila?
-       Oh my God, Peter! Tu madre es la mujer más buscada por las revistas, en este momento.
-       WHAT?

textos, archivos y fotos