La presión de la cabeza, dicen, se escapa a través del
timo cuando duermes. Yo estuve dos días casi sin dormir, lo que implica que la
presión de mi cabeza haya aumentado de forma considerable.
-
Mamá, no pretendo que cambies tu vida y dejes de
liarte con todos los millonarios del mundo, pero reconoce que la posibilidad de
convertirte en la próxima primera dama de Uruguay NO es un ‘detalle sin
importancia’.
-
Tampoco es para tanto. Tan sólo dijo en una cena
que a lo mejor se presentaba a las elecciones.
-
¿Y te parece poco? – grité.
-
La noticia la filtró una periodista, pero es
sólo una idea que le ronda la cabeza a Marcelo.
-
Y la idea de liaros en el terraza de la suite ¿también
le rondó por la cabeza a Marcelo? – pregunté.
-
Te recuerdo que a ti te han grabado haciendo lo
mismo en tu casa, Sweety, y yo no
puse el grito en el cielo – dijo y me tuve que callar. - ¿Desde cuando tienes tantos
prejuicios? – preguntó.
-
Desde que mi madre sale en la portada de los
periódicos desnuda liándose con un hombre – respondí enojado.
-
No te reconozco, Peter. Siempre has sido
estandarte de las libertades y de repente hablas como Condoleezza Rice.
-
Aún me recupero del Shock…
-
Tantos años solo no te han venido bien, Honey – dijo como introducción a su tema
favorito. –Busca un buen hombre, Peter. Lo que necesitas es alguien que te
quiera y te haga feliz. Las personas necesitamos que nos regalen amor.
-
Yo lo que necesito es un poco de diversión –
dije dejando la taza de café sobre la mesa de la terraza.
-
Y ¿por qué no te vas a Londres unos días antes
de Navidad? Así verás a tus viejas amistades – dijo y yo me quedé callado
pensando en ello. – Hazte un regalo y márchate unos días a pasarlo bien.
-
No es mala idea… -dije aún pensativo.
Pero ¿qué iba a hacer en Londres?
Todo el mundo se va de la ciudad y los que se quedan trabajan. Prefiero que un
grupo de mormones deseosos de integrarme en su comunidad llamen a mi puerta e
intenten convencerme a base de sesiones interminables de sexo tántrico sobre mi
alfombra (la única fantasía que aún no he conseguido cumplir). ¿Qué me estaba
pasando? De repente ser consciente de que soy como soy por que me parezco a mi
madre me estremeció.
Decidí alejarme de todo aquello y
me fui al Gym. Mi entrenador, acostumbrado a verme cualquier día a cualquier
hora, enseguida me marcó una tabla ‘te vas a cagar’ después de negarse (por
vigésimo quinta vez) a venir a casa conmigo. Y durante la hora y media que
estuve dejándome la vida en los aparatos y rodeado de testosterona ningún
estímulo fue lo suficientemente potente para sacarme de mis pensamientos. Bajé
a la zona del spa y me metí en el jacuzzi, a ver si me relajaba. Me acompañaron
una señora de unos 120 años, que me sonreía cada vez que el agua le cubría la
cara (y que canturreaba una
canción que debió ser un éxito en su tiempo por que la señora me deleitó con
cuatro versiones distintas) y un hombre con la barriga de Jack Nicolson que
mantenía el equilibrio para no meterme un pie en la boca (cosa que agradecí).
No me relajé. Salí de allí y me metí en la sauna. Vacía. Menos mal- pensé. Las
cosas empezaban a organizarse. Fue entonces cuando entró mi entrenador y me
pilló en pleno apogeo de mi onanismo.
-
¡Vaya, Peter! – dijo carraspeando. – No esperaba
encontrarte aquí – dijo y se sentó frente a mi.
-
No, al menos en esta situación, quieres
decir- dije yo con toda
tranquilidad, acostumbrado a que me pasen este tipo de cosas, mientras me
recomponía.
-
¿Te ha gustado la tabla que te he hecho? –
preguntó.
-
Sí. Me ayudará a no olvidarme de ti en un par de
días.
-
Ah, claro. Y por eso lo celebrabas- dijo y
sonrió.
En este tipo de situaciones (donde
el espacio es escaso y las posibilidades de terminar peor de lo que empiezas
requieren un trato especial, para no desaprovechar una oportunidad sin que te
rompan la cara) suelo mantener la calma y llevarme al contrario a mi terreno.
Miquel es un chulopiscinas con cuerpazo acostumbrado a que comen de su mano.
Guapo, simpático y además seductor, sabe exactamente lo que dice y por qué.
Pero como de ‘casanova a casanova’ es donde mejor me muevo, decidí dejarme
seducir y que fuera él quién llevara la conversación donde quería.
-
Y ¿qué tal?
-
Estaba tan emocionado de que ocurriera al fin,
que no me dio tiempo ni a disfrutarlo-
dije yo en tono burlón y Camila estalló en carcajadas.
-
¿Lo dejaste a la mitad? – preguntó riendo.
-
No creo que ni que pasara del primer tercio de
producción – dije y ambos reímos.
-
Eres un cabrón.
-
Ahora tendrá más ganas y no tendrá más remedio
que venir a casa – dije, mientras se me salía la saliva con la sola idea.
-
Así no funcionan las cosas.
-
Hará lo que sea por terminar lo que hoy no pudo.
Se siente herido y vendrá a curarse en salud.
-
Le dará igual…
-
Nunca subestimes la autoestima de una musculoca,
Sweety!
Y
lo cierto era que al que le daba igual era a mi. Regresé a casa sin prisa.
Compré un poco de fruta, en la esquina, la Vanguardia y subí a casa en el
ascensor con mi vecina.
-
Hacía ya días que no le veía - me dijo.
-
He estado de clausura – le dije sin sacarme el
diario de la cara.
-
No es bueno que los jóvenes estéis en casa.
Tenéis que salir y que os de el aire – dijo, y la miré.
-
¿Perdone?
-
¡Que está usted muy blancuzco! – gritó y me
asusté. – ¿Ya se ha enterao?
-
Señora, le agradezco el interés pero,
afortunadamente, no vivimos juntos.
-
Usted está solo como yo, pero a mi edad es
normal; mis amigos se han muerto la mayoría – dijo y sonrió.
-
Una lástima – dije serio.
-
Echo de menos las cosas que hacía con ellos;
aunque la mitad de las cosas no podría hacerlas ahora – dijo mientras abría la
puerta pasa salir, en su piso. – Pero a usted. A usted ¿quién le echará de
menos, joven, si no sale de casa? – terminó y cerró la puerta.
Y allí me quedé. Sólo dentro de
la cabina del ascensor, incapaz de mover un dedo para solucionar mi situación.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada