Mi amigo Mark sólo se liaba con
modelos. En un principio se decantó por temporadas y tenía sus ligues de
primavera- verano y los de otoño- invierno. Sus favoritos durante los noventa,
cuando yo le conocí, eran los modelos de Versace (¿y quién no?). Solíamos
quedar una vez por semana en mi casa, luego nos íbamos al teatro o a cenar, y
siempre venía en ‘nueva’ compañía (cada cual más guapo). Con los años, los
chicos iban siendo cada vez más jóvenes y el más viejo.
-
Y mírame ahora, Peter- dijo alegremente mientras
le cogía la mano a su marido, George. – el joven soy yo.
George es el dueño de un agencia
de modelos especializada en hombres. Mark y él se conocieron en una fiesta
donde la habilidad de Mark para catalogar hombres no pasó desapercibida para
George y desde entonces trabajan juntos. Después de unos años trabajando mano a
mano, aprovechando unas vacaciones en México, George le preguntó a Mark si se
quería casar con él, y Mark respondió que sí.
-
Han pasado dos años ya.
-
¿Tantos? – pregunté y los tres nos reímos.
-
Y eso que cuando lo conocí, Mark no sabía ni el
significado del matrimonio – dijo George sonriendo, y se besaron (dan tanto
asco).
-
Ahora, no sé qué haría sin él – dijo Mark y
George dejó de sonreír y bajó la cabeza. Yo me hice el idiota y bebí café con leche.
Al parecer Mark continuaba con su
afición por los modelos y George prefiere tenerlo en esas condiciones a verse
de nuevo solo y enamorado. La fidelidad es tan personal. En mi caso jamás ha
tenido un significado definido ya que siempre he permanecido soltero y mi madre
es siempre fiel hasta que conoce a otro (y no sé en qué punto la coloca eso). Me
asombra toda la controversia sobre este tema.
Mark y George llegaron por la
mañana a Barcelona desde París, a donde viajaron para la presentación de la
colección de Sonia Rykiel para H&M; todo un acontecimiento.
-
Después del chasco que se llevaron por los
precios de los zapatos de Jimmy Choo tienen todas las esperanzas en Sonia –
dijo George.
-
Bragas. Bragas y sujetadores por todas partes,
en modelos famélicas con aspecto de espantapájaros, con aquellos pelos – dijo
Mark ofendido.
-
Vaya. Veo que te ha gustado - dije yo y George se rió.
-
Ha sido muy bonito lo que han hecho – dijo
George como la voz de la conciencia. – El problema es que no había hombres – terminó
George.
-
Debe ser eso – concluyó Mark serio. – Voy al
servicio – dijo y se levantó.
-
¿Te puedo hacer una pregunta, Peter? – dijo
George cuando Mark ya se había ido.
-
Claro…
-
¿Siempre ha sido igual? – preguntó George.
-
¿Con respecto a qué?
-
A todo. No le entiendo. Está todo el día tenso,
ansioso, de mal humor, esperando la hora de…
-
De masturbase ¿verdad? – dije yo para terminar
la frase y George abrió mucho los ojos, sorprendido. – Tensión sexual – dije,
limpiándome la boca con la servilleta.
-
¡Pero si lo hacemos a diario! – gritó George.
-
Claro, pero él no lo hace contigo – concluí yo.
-
Excuse me?
-
Su cabeza ha aprendido a que cada vez que lo
hace sea con uno diferente, ahora que no lo tiene debe imaginárselo; ya sabes:
cierras los ojos y piensas que es otro tipo el que tienes cargando contra tu
pelvis – dije sonriendo y George se levantó de un salto, tiró la servilleta
sobre la mesa y se marchó.
Mark regresó feliz del baño (ocho
minutos después de entrar) aunque no se preocupó mucho por que George no estuviera.
Le expliqué lo sucedido y no pudo evitar las lágrimas.
-
Mi terapeuta me dice que no habrá cambios si
continúo masturbándome a diario – dijo y yo pensé en la cantidad de veces que
lo hago para descubrir que no llego a dos a la semana. – Hemos avanzado mucho,
Peter, pero aún necesito imaginarme que estoy con otros.
-
Y ¿por qué no te vas con otros? Luego está en ti
el que George lo sepa o no, pero si te vas con otros no necesitarás imaginarlo
y así puede que cuando estéis juntos tengas ganas de estar con él.
No he vivido nunca esa situación
¿Qué puede haber de malo en liarte con quién te apetezca? Celibato. Recuerdo a
un amante de mi madre, Josua, el cual dejó el sacerdocio tras heredar todo el
dinero de su madre cuando falleció. Me habló de los años de celibato como si no
los hubiese vivido; Ni me acordaba – decía. No podemos desligarnos del sexo,
somos seres humanos y por tanto debemos hacer caso a nuestras necesidades
fisiológicas.
-
Josua era un experto – dijo mi madre emocionada.
– Tras el sacerdocio, se inició en el sexo tántrico, para seguir cerca del
misticismo, You know…
-
Tú ¿por qué nunca has sido infiel, mamá?
-
Porque cuando estoy con un hombre estoy sólo
para el. Es importante estar unido al otro, si no nada tiene sentido, incluso
amarle.
-
No hablo de amor – dije yo.
-
Pues está todo conectado.
-
Lo lamento, pero no creo que amar a una persona
te convierta en minusválido. Así que no comprendo donde puede estar la diferencia.
-
El sexo con amor es diez veces mejor. La
respiración es más profunda y la piel más sensible. Te dan calores y sudores
fríos y los genitales se hinchan
-
Eso también lo produce el Popper.
-
¡Peter! – gritó.
-
Es verdad – dije yo riendo; me hace gracia
cuando grita.
-
Ya sé que es verdad- dijo ella. – Pero no
pretendas pensar que siempre es igual – terminó.
Y tenía razón. La única vez que
sentí que un polvo me elevaba a cielo, en una especie de éxtasis
antigravitatorio, fue precisamente la primera y la última vez que tomé esa
droga. Tuve un shock tan fuerte que nunca más he vuelto a meterme eso en el
cuerpo. Después de ese día he tenido mejores y peores (hasta el punto de
echarlos de casa) y de la misma intensidad. ¿Por qué se complica tanto la
gente?
Camila tenía una teoría; of course.
-
Sí, es lo mismo. Pero yo disfruto más cuando
estoy enamorada.
-
Ya. Y por eso no pierdes oportunidad de meter a
otro en tu cama; entre tu marido y tú, quiero decir.
-
Amo a mi marido, y el se muere por mis huesos.
Pero ambos sabemos la diferencia entre amor y sexo.
-
Así que “nos casamos por amor y de sexo ya
hablaremos”.
-
No es tan fácil – dijo ella con voz de profesora
de química. – Se debe llegar a un entendimiento del amor muy elevado para que
esto ocurra. Normalmente es sólo uno quien lo tiene claro.
-
Sigo sin entender por qué os empeñáis en que el
dos es el número perfecto.
-
Y ¿cuál es el tuyo? ¿Uno más infinito?
-
A veces no sé si lo que os jode es que haga lo
que me la gana o que no os pida disculpas por ello – respondí, harto de escuchar
la misma canción.
-
Muchas veces no es cuestión de hacer lo que a
uno le da la gana si no de sentirte parte del mundo – concluyó Camila elevando
su voz a categoría Mezzosoprano y dejándome sordo.
Me
fui al Gym. Desafortunadamente una legión de go go’s de Matine habían decidido
pasar la mañana allí y aquello parecía un día de verano en la Mar Vella. Uno de
ellos se vino conmigo a casa una noche y lo cierto es que hubiera gustado que
se quedara un par de días pero no se quedó; tenía que irse a la playa. Cuando
me vio se apartó del grupo para saludarme.
-
Vaya. Hola – dijo, con una gran sonrisa. – Hace
mucho que no nos vemos – Comentó y yo sonreí. – No sabía que te muscularas.
-
No lo hago. Vengo a veros a vosotros – dije, y sonrió.
-
A algunos nos gustaría verte por aquí más a
menudo.
-
¿Es que habláis de chicos en el gym? – pregunté
para restar importancia mientras hacía verdaderos esfuerzos para controlar una
erección.
-
Claro; pero sólo de los guapos.
-
Claro, claro… dije y me tuve que sentar. Me
coloqué la toalla discretamente sobre el paquete y sonreí. – Bueno, yo es que
nunca vengo a la misma hora por eso es más difícil que coincida con alguien.
-
¿Bajarás luego a la sauna? – preguntó. – Estos
(sus amigos) nunca quieren bajar, sólo les interesa sacar músculo.
-
Bajo siempre que vengo – le dije.
-
Estupendo. Entonces te veo abajo en un rato– dijo
y se marchó feliz.
45
minutos de elíptica y una tabla completa de pecho, espalda y brazos me dejaron
semi inconsciente cuando el vapor caliente se me metió por la nariz. Me tumbé y
comencé a respirar. Walter, llegó sin hacer ruido y se sentó. No dijo nada
hasta que me incorporé para sentarme.
Hablamos
de la vida de gogó, de la vida de CoolHunter y de la vida en general. Siento
vergüenza, pero he de reconocer que algunos prejuicios continúan haciéndome
peor persona de lo que soy y que ese chico me dio una clase magistral de
humildad.
-
Sabes que me fastidió mucho que no me invitaras
a quedarme contigo el día que estuve en tu casa.
-
Bueno, parecía que ir a la playa era lo más
importante que te había pasado en la vida y no quise insistir – dije y él se
rió.
-
A veces me gustaría salirme de todo este círculo
pero son mis amigos y disfruto de su compañía – dijo con la cabeza baja.
Es curioso como por H o por B
todos nos avergonzamos de algo. Mark de su afición por los modelos, Camila de
no calzar un 35, Walter de dar la imagen de frívolo y yo de serlo. La creencia
de que en nuestra libertad hacemos lo nos apetece es como creer que la
infidelidad es la madre de todos los desastres. Soy devoto de placer por el
placer sin cargo de conciencia, qué le voy a hacer…
-
¿Has sido infiel alguna vez? – le pregunté
desprevenido. Él calló unos segundos, se pasó las manos por las piernas y se
levantó.
-
Es curioso – dijo y se colocó frente a mi. –
Esta es la segunda vez que me hacen esta pregunta hoy. Y lo cierto es que nunca
he tenido la oportunidad de serlo. Así que no lo sé.
-
¿Quién fue el anterior en preguntar? – pregunté
con curiosidad.
-
Mi exnovio – contestó. Y abrió la puerta de la
sauna. – ¿Nos vamos? – preguntó y yo le seguí hasta mi casa.
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