29 enero, 2010

SoChic! Diario de la Ciudad Condal 24


Sin motivo aparente, la semana pasada tan sólo recibí cotilleos de todas las personas con las que hablé.

-       Ay, Peter – dijo mi madre en voz baja. – Estamos tan avergonzadas; después de compartir mesa con ella en fechas tan señaladas… - terminó tristemente. Y todo porque Ivana Trump se medio despelota en el “Celebrity BigBrother” inglés delante del resto de concursantes de la casa y todas sus amistades se tiran de los pelos.
-       Mira que, a pesar de lo excesiva que es, siempre le he tenido un aprecio especial.
-       ¿Quizás por que ambas sois la ex de algún millonario? – dije con sarcasmo.
-       Fíjate, Sweety. Estoy tan indignada que ni tus comentarios me hacen reír – dijo mi madre abatida. – Voy a llamar a Marcelo para que venga a buscarme y me lleve a comer a un sitio caro.
-       Así me gusta mamá: ante la adversidad nada como un buen restaurante.
-       Y Dior, cariño. Y Dior – dijo ella.
La semana no había empezado mal. Buenas temperaturas, mucho cine, nueva música, el estreno de ‘Nine’ y joyas. Nicoleta me había enviado a casa un reloj de Chanel de oro blanco y diamantes, igual al que llevaba su amante, en la cena que hicimos por Navidad el mes pasado, en el apartamento de mi madre en Manhattan. Simplemente le dije que me parecía precioso, mientras cogía del brazo al muchacho, y ella me envió uno igual dos semanas después, con una nota: “Para mi adorado Peter (creo que nunca antes te había hecho un regalo)”; casi me caigo mareado cuando me lo puse.
-       Y ¿qué harás con él? – preguntó Camila, escéptica.
-       ¿Mirar la hora?
-       Me refiero a que tú nunca usas joyas…
-       Lo impresionante es que ni siquiera tengo que arreglarlo, está mi medida – dije mientras miraba el reflejo de los diamantes en la pared de mi salón.
-       Tu madre habrá tenido algo que ver, estoy segura.
-       Recuerdo ponerme sus collares, cuando era niño, pero no que los diamantes fuesen tan ligeros.
-       ¿Ligeros? – exclamó Camila. – El peso de unos diamantes colgados de tu cuello no tienen comparación.
-       Me quedo con el peso de un buen chulo, sudando la gota gorda mientras bombea mi pelvis – dije y escuché como Camila colgaba con rabia. – Es verdad – terminé diciendo con el teléfono aún en la oreja.
Hacía días había recibido un email de mi amigo Walter, desde NY, para que le llamase y me olvidé. Así que me envió otro sólo con un Gran Enunciado: Sarah Jessica Parker trabajará para Halston.
-       Primero consigue que cierren Steve & Barry y ahora quiere acabar con Halston – dijo Walter ofendidísimo. – Es una oportunista.
-       Tampoco es para tanto. Le dejarán elegir un par de diseños y la utilizarán para promocionar la casa.
-       ¿Promocionar? – gritó. – ¡La han convertido en Directora Creativa! For God Sick, Peter!!
A mi no me cae especialmente bien, aunque tampoco mal. Nunca he hablado con ella ni sé qué hace, pero reconozco que para miles de mujeres se ha convertido en un referente en moda; aunque para Walter no. Él trabajó como director artístico de varias marcas europeas en Manhattan en la década de los noventa además de conseguir que Besltaff fuera, al fin, reconocida en Europa.
-       No me gustan los intrusismos, Peter. Hoy en día cualquiera puede opinar de moda, sin necesidad de saber nada sobre ella – dijo Walter enfadado mientras yo pensaba que eso era lo realmente maravilloso de la moda.
-       Lo mismo dijiste cuando Madonna diseño para H&M y luego te compraste unas cuantas cosas – dije y Walter comenzó a hablarme del tiempo tan horrible que tenían en NY.
La moda es intrusismo hasta para las grandes casas. Nadie, hoy en día, se gasta millones en ropa a no ser que le sobre el dinero. Las marcas viven de sus colecciones más baratas, de los accesorios los cosméticos y el turismo; conozco a una señora que cada vez que visita una ciudad con tienda de Vuitton se compra el mismo bolso. Ya tiene cuarenta y sigue sumando. Nada es lo que fue y aun así se facturan millones en todo el mundo. ¿Qué más da que una actriz o una cantante diseñe ropa? Ives Saint Laurent, estaba mal de la cabeza, por ejemplo. Jamás aceptó su homosexualidad, era un impresentable, un déspota y aún así se le considera Dios dentro de la moda. Giani Versace era inestable, drogadicto y un juerguista, pero un icono. Cuando murió se descubrió quién era realmente la cabeza pensante de ese binomio; y hoy en día Donatella lo sigue demostrando.
Recuerdo a mi profesora de estilismo de la escuela, Mrs Fleiss, decía que la anécdota hacía al mito. “No triunfarás sin una anécdota en tu carrera” – decía, sobre sus maravillosos Manolo Blanik.
-       La colección de este año es para morir de Glamour, Peter – me decía Camila emocionada sobre la colección Fall 2009 de Alexander McQueen.
-       ¿No es un poco Dior? – dije, sabiendo que aquello provocaría la ira en ella pero, sorprendentemente, no se enfadó.
-       Eso ha dicho la mayoría – dijo tranquila. – Claro que hoy en día ¿qué no ha hecho ya Dior?
-       ¿Camisetas de tirantes para maricas musculadas? – pregunté.
En el Gym, mi entrenador me contó lo mal que lo estaba pasando con su mujer, que es extremadamente celosa, y había llegado a vigilar en la puerta del Gimnasio para ver con quién salía. Yo sonreí tímidamente mientras pensaba que no me importaría contribuir en aumentar esas sospechas. En la piscina uno de los monitores, con una pierna escayolada, me cuenta que atropelló al perro de una señora, que cagaba en el carril bici, y se cayó. Dos señoras, en la sauna, comentaban cómo los bomberos rompían la puerta de la vecina del quinto de una de ellas, y encontraban el cadáver en el suelo del salón. Y ya cuando salgo, camino de casa, mi amiga Elga me envía una foto del backstage del desfile de Dior, de la semana de la AltaCostura de París, con una modelo en el suelo después de torcerse un tobillo por culpa de los tacones.
Después de la ducha, mientras me vestía, un muchacho con el que coincido muchos días en el vestuario, y con el que había cruzado tres palabras (Hola ¿qué tal?) se acercó para charlar y tras invitarme a comer, se volvió hacia su taquilla para terminar de vestirse, no sin antes resbalar con el agua del suelo y  caer el suelo, dando con su cabeza en un banco y perdiendo el conocimiento.
-       Me sentí tan mal que me fui con el en la ambulancia hasta el hospital – le dije a Camila que continuaba en silencio. – Y aquí estoy, esperando que salga.
-       Y ¿en qué momento te convertiste en la Madre Teresa?
-       Tampoco es para tanto – me quejé.
-       El Peter que yo conozco ni se hubiera enterado que ese chico cayera al suelo.
-       Acababa de aceptar su invitación, lo menos que podía hacer era llamar a una ambulancia y preocuparme por él.
Después de tres horas en el hospital, llegué a casa y mi vecina me llama a la puerta para preguntarme que si he visto a su gato porque hace días que no lo ve. Salimos juntos a la terraza y allí estaba el cadáver de su gato en un rincón.
Después de calmarla, hacerle una infusión en la cocina y meter al gato sin vida dentro de una bolsa de plástico, y luego en una de Prada, conseguí que se fuera y que le pasara el problema a su hijo, al cual no quería molestar ‘porque está trabajando’, me dijo.
Cuando se fue, me desnudé, me metí en la cama y me acurruqué bajo el edredón y me dejé dormir mientras pensaba que no me había pasado nada ese día y en cambio lo recordaría toda mi vida.

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