30 julio, 2010

SoChic! Diario de la Ciudad Condal 25


Mi madre se ha inventado una nueva palabra que define a la perfección un estado emocional placentero, como cuando se compra unos zapatos nuevos. Y ahora, para ella, todo es Ultrafabulous.

-       Y ¿eres la única que lo dice, o ya todas la operadas vestidas de Prada que conoces la utilizan? – pregunté con malicia.
-       Sólo, Anne Miller y Natasha Vuitton.
-       ¿La bisnieta del mismísimo Louis? – grité.
-       Si.  Ahora nos vemos a diario, es un encanto.
-       Así que está viva – susurré pensativo.

Natasha Vuitton no es conocida. Quiero decir que se sabe que existe pero nadie sabría decirte exactamente quién es; y la mayoría de personas que conozco mataría a su madre sólo por estrechar la mano de Natasha.
Y de repente mi madre era su mejor amiga del momento. Es como si, de repente, tú y Athina Onassis os hicierais inseparables. Automáticamente dejarías de ser una persona ‘Equis’ para convertirte en una ‘Y griega’.
-        ¿Vendréis a Europa? – pregunté esperando que Balenciaga me iluminara desde el cielo y la bisnieta de Louis Vuitton pisase mi casa.
-       ¡Seguro! – dijo mi madre y por fin se me relajó el esfínter. – El otro día hablando de ti me dijo que nunca ha estado en Barcelona, fíjate. Así que, a lo mejor, vamos para nos enseñas la ciudad.
-       Eso sería, ¿cómo podría decirlo? Ultrafabulous? – dije y adiviné que mi madre sonreía de puro placer.

Con los años, y por necesidad, he conseguido librarme de la culpabilidad de ser quién soy y trabajar como trabajo. Desgraciadamente la cultura del resto de seres humanos les impide comprender mi punto de vista y, lamentablemente, voy rompiendo corazones. Camila por supuesto es uno de esos corazones.

-       Por favor, Peter, si viene a Europa yo la quiero conocer. Haré cualquier cosa – dijo ella, seguro que de pie, con la mirada perdida en algún punto entre sus zapatos nuevos y el Thames.
-       Es amiga de mi madre no mía – dije sin importancia.
-       Peter, por favor. ¿Cuándo dejarás de ser el centro del mundo?
-       SOY el centro del mundo. Al menos del mío y no te consiento que subestimes mi forma de aprovecharme de este tipo de situaciones por tener una madre ultrafabulous!.
-       ¿Qué quieres que haga? – preguntó Camila, sentándose de nuevo en su silla.
-       ¿Qué serías capaz de hacer? – respondí yo, con ganas de saber de qué sería capaz.
-       Me cortaría los meñiques de los pies – dijo con voz dolorida.
-       Pero entonces te querría conocer Manolo Blahnik – dije riendo. – No me vale. Otra.
-       Pide por esa boca – dijo ella llena de ira.
-       Está bien – dije con seriedad. – Quiero la palabra Ultrafabulous en la editorial del Vogue del mes de Octubre, mencionando a mi madre como creadora de la expresión, además de uno foto de ella en el interior con un artículo, felicitándola por su cumpleaños… - terminé diciendo en un suspiro. Le pedí un imposible, pero Camila me contestó con un sencillo y rotundo: “Dalo por hecho”; y las teclas de mi BlackBerry se estremecieron.
Sabía que Camila lo haría. En ese mismo momento seguro que llamó a la editora de Vogue para comer con ella y hablarle del tema del October Issue. Y es cierto que me creo el centro del mundo y por eso estoy donde estoy y consigo siempre lo que quiero. Es la parte que menos me gusta de mi trabajo, pero como decía Mae West: “De buena soy muy buena. Pero de mala soy mejor”. Amén.
Mi madre me habló de su agenda y yo asentí durante veinte minutos esperando que en algún momento se atreviera a decirme aquello por lo que me había llamado, antes de que colgara y me llamase de nuevo. No me equivoqué.
-       No tengo ninguna intención de ir contigo a Miami, Mamá.
-       Sweetheart. Hazlo por tu madre.
-       Mira mamá, desde que dejaste al Uruguayo ese, has entrado en un estado de necesidad emocional el cual te preocupaste por enseñarme cuando era niño. Así que no intentes chantajearme porque no tengo doce años.
-       Y con doce años eras igual de arisco que ahora, Peter por favor, que soy tu madre. Y te conozco mejor que cualquiera de los que van diciendo por ahí que eres el hombre más fácil del mundo.
-       ¿De verdad te han dicho eso? – dije con una sonrisa de oreja a oreja; por fín se había creado el mito, ahora ya puedo descansar.
-       Me lo dijo un chico en el Ritz de París la última semana de desfiles; y que parece conocerte muy bien. Mathew Cornwell.
-       Mathew, ¿el hijo de Wallace Cornwell?.
-      
-       El mismo, Wallace Conrwell; sí señor – dijo mi madre alargando las sílabas. – Recuerdas aquel día en la Vegas que se subió sobre la mesa del blackjack y se quedó desnudo.
-       Como olvidarlo, si los calzoncillos me cayeron en la cabeza.
-       Su mujer lo dejó, el pobre. Bebió mucho en aquellos años – dijo mi madre con nostalgia.
-       ¿Mucho, mamá? Entre él y su hermano se acabaron el whisky de toda Nevada.
-       Pues Mathew es un chico encantador; nada que ver con el grosero de su padre.
Wallace Cornwell fue uno de los ganaderos más importantes de Texas, en los sesenta, ya que proveía a McDonals de su carne para hamburguesas. Pero fascinado por la belleza de las noches en Las Vegas, vendió todo el ganado y lo invirtió en montar un Casino. Tuvo mucha suerte y dos años después ya tenía tres. Hoy en día sus tres hijos mantienen la fortuna de su padre intacta, en Las Vegas. Pero ninguno se dedica al negocio. Wallace Jr es Bioquímico, Rachel es marchante de arte y Mathew (con el que me lié) se dedica a la moda, como yo. El día que nos reencontramos en Milán yo desplegué todos mis encantos (que yo en eso soy mejor que mi madre) y pasó dos días, literalmente, dentro de mi. La última vez que lo vi fue en Londres, en la agencia. Él había ido a elegir unas modelos y yo a entregar un estudio de mercado.
Mi madre insistió.
-       ¿Vendrás?
-       Bueno… - dije tranquilo.  – Si tú consigues que Mathew esté en Florida estaré encantado de irme contigo de vacaciones.
-       Y ¿qué me das tú a cambio?
-       Pues ir, Mamá. Ir – dije yo mientras me repetía la misma pregunta que me hago desde niño cuando dice estas cosas: “Si no la chupara tan bien ¿qué hubiera sido de mi madre?” (Obviamente, nunca se lo he dicho a ella).
-       Eso no me vale. Ahora que tienes un polvo asegurado dices que vienes conmigo. No vayas de listo – dijo imitando a Betty White, en “LasChicasDeOro”.
Entonces (y siempre ocurre cuando me hago esa pregunta) mi madre me resulta muy lúcida y entiendo que tiene ‘otras habilidades’. Se me encendió la luz.
-       ¿Qué te parece que Ultrafaboulous sea el Issue del número del Vogue británico de Octubre, como regalo de  cumpleaños?
Mi madre se quedó en silencio unos segundos. Seguro que se vió así misma sentada en el Oak Bar del Plaza en NY, rodeada de sus amigas (Natasha Vuiton incluida) hablando de su palabra en el Vogue.
-       Me harías tan feliz con eso, Peter – dijo entre sollozos.
-       ¿Estás llorando Mamá?
Jamás pensé que a mi madre le hiciera tanta ilusión lo del Vogue. Aún llora cuando se pone el último vestido que Balenciaga le hizo, con sus propias manos, en Paris, antes de retirarse. Pero pensé que se lo tomaría como una frivolidad más; y no. Eso me pasa por pensar en vez de preguntar.
-       Espero que al menos me lleves a comer croisants a casa de Margaret O’Neill.
-       Se ha muerto – dijo mi madre despertando de su letargo.
-       Ay, pobre. ¿cuándo?
-       Justo dos días después de que muriese su marido, Walter.
-       ¿¡También se ha muerto!? Pero mamá – dije repitiéndome de nuevo la eterna pregunta sobre su éxito.
-       Mira… - dijo mi madre pensativa. – Es lo que tiene la vida.
-       Si, pero los vivos nos comunicamos y si no me lo dices no puedo llamar a su hija Samatha, a la que estoy muy unido, para darle el pésame.
-       Si estuvierais tan unidos ya te habrías enterado tú. Y deja de hacerte el listo. A ti las únicas muertes que te han importado han sido la Lady Di y la de Versace – dijo ella y yo me sentí culpable (pero con Versace habíamos pasado unos veranos en Miami maravillosos, y a Diana I just Loved Her)
-       Bueno vale – dije . – Tienes razón.  Y – dije con voz autoritaria – si vas a venir con la Natasha esa a mi casa, avísame con tiempo que sabes cómo soy de especial para las visitas.
-       Podríamos regresar juntas contigo. Vendrá a Florida – dijo mi madre y yo grité emocionado.
Mathew me agregó a Facebook (esa maravillosa herramienta social que consigue que la gente pierda la vergüenza; y el norte) y me hice el sorprendido (después de tantos años, bla, bla, bla…). Me dijo que se había enterado por mi madre que estaría en Florida en Agosto y que podríamos vernos (GodBlessMyMum!). Así que intercambiamos pin de la BlackBerry y nos conectamos.
No sé si recordaréis la película de mil novecientos ochenta y uno “FuriaDeTitanes” donde Harry Hammil, un Sex Symbol de mi adolescencia, lucía palmito haciendo de Perseo; para luego acabar en “LaLeyDeLosÁngeles” y más tarde convertirse en un bote de botox andante. Pues Mathew le gana en altura pero se parece mucho.  Y yo soy fiel a mis Divas. Decidimos que, como yo iba con mi madre y él con la suya, nos podríamos escapar unos días a una cabaña que tiene en el lago George; apartados del mundo y con todas las comodidades.
Sonrío. Y la sonrisa me dura varias días ya. Mi madre decidió vivir su vida como ella creía que debía vivirla y le ha ido muy bien. A mi me dejó la libertad de elegir ser quién soy y, como no, hacer mi vida como a mi me gusta. Para mi madre ser feliz ha sido una cuestión de constancia más que de actitud y esa constancia la ha llevado a ser quién es sin renunciar a si misma. Y es cierto que todo lo que tiene ha sido anteriormente de algún millonario que cayó en sus redes, pero ella jamás ha ocultado el secreto de su éxito; más bien al contrario. Con los años, y ahora que estoy en la flor de la vida, soy más consciente del regalo que me hizo al sacarme de España y llevarme a NY en mi adolescencia.
Por este motivo, y cada vez con más fuerza, deseo parecerme lo mas posible a ella y hacer que todo lo que acontece en mi vida sea Ultrafabulous!







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